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JESÚS MAESTRO
Y EL MAESTRO EN NUESTRA FORMACIÓN
SEGÚN EL P. ALBERIONE


Actas del Seminario internacional sobre
"Jesús, el Maestro"
(Ariccia, 14-24 de octubre de 1996)

por José Bortolini ssp

 

II. El maestro de grupo
en el pensamiento del P. Alberione

1. Examinando el camino recorrido

En una conferencia pronunciada en el «I Curso de estudio sobre la formación paulina» (Ariccia, 1-10 de septiembre de 1976), el llorado P. Renato Perino se expresaba así: «Voy a intentar... trazar a grandes rasgos las líneas de la pedagogía paulina sobre el eje de Cristo Maestro, Camino, Verdad y Vida. Trataré luego de describir sucintamente la identidad del "Maestro de grupo" según el pensamiento del P. Alberione, a lo que añadiré algunos criterios, prioridades y problemas particulares que tienen que ver con él. Sucesivamente expondré las motivaciones que hacen imprescindible, en el concepto del Fundador, la obra del "Maestro", y finalmente haré una confrontación rápida de esta figura dominante en la pedagogía paulina con el Superior de la casa, el vocacionista y la comunidad formador.(1)

Este texto, a distancia de veinte años, sigue siendo válido y extraordinariamente rico para la reflexión sobre el tema que estamos tratando. La espina dorsal de lo que voy a decir se funda en esta conferencia. (regrese al sumario)

a) La identidad del "Maestro de grupo"

Para presentar la identidad del "Maestro de grupo" (pp. 35-45), el P. Perino se valió de dos textos importantes del Fundador. El primero fue publicado en el San Pablo de abril de 1961 (cfr CISP 771ss) y estaba dirigido a los «Maestros encargados de los aspirantes hasta la profesión perpetua para los discípulos y a la realización del año de pastoral para el sacerdocio». El segundo forma parte de un artículo publicado en el San Pablo de julio-agosto de 1953 con el título "Dirección espiritual de nuestros aspirantes".

Basándose en estos dos textos, el P. Perino quiere «aclarar de una vez por todas que, en la semántica alberoniana, las denominaciones "Maestro de los aspirantes" y "Maestro religioso" corresponden —salvo aclaración contraria— a "Maestro de grupo", donde por "grupo" se entiende toda comunidad de jóvenes pertenecientes al período entero de la formación» (p. 53).

Para ratificar esto, merece la pena recordar lo que dijo el Fundador en el encuentro de oración y de estudio con los Maestros encargados de los aspirantes (27-28 marzo de 1961). Alguien le preguntó:

El Fundador respondió:

El P. Perino destaca que la institución del "Maestro de grupo" es «una verdadera participación ontológica de lo que es y posee Cristo Maestro, camino, verdad y vida para el "Maestro religioso"; no de una pura mediación instrumental ("un cuenco que contiene los tesoros divinos", "una madre... que dará de mamar", no "un simple canal") por parte de éste en relación con el discípulo» (p. 33). El texto completo dice así:

«Nosotros consideramos al Maestro respecto de los aspirantes como Jesús Maestro en medio de los Apóstoles. Jesús Maestro se definió "Camino, Verdad y Vida"; el formador de vocaciones realiza las tareas de Jesús y por eso tendrá que ser camino, verdad y vida para sus aspirantes.

Jesús fue Camino porque precedió a los Apóstoles con el ejemplo y dijo: "Imitadme a mí"; del mismo modo, el Maestro precederá en la piedad, en la humildad, en la caridad y en la obediencia, y como el Maestro predicó la perfección cristiana y religiosa, lo mismo hará el Maestro paulino.

Jesús dijo que era la Verdad e instruyó con su palabra en las verdades más altas a sus novicios, adaptándose a su condición y presentándolo todo con figuras, comparaciones y parábolas; así ha de ser también el quehacer fundamental del Maestro paulino, que abundará en la predicación y en los consejos.

Jesús se definió Vida, porque él es vida, según la expresión "Yo soy la vid y vosotros los sarmientos" y "Quien come mi carne tendrá la vida". El Maestro paulino deberá poseer mucha gracia y santidad y comunicarla por medio de los sacramentos y de la oración en general.

El Maestro toma de Jesucristo y da a los aspirantes, pero no es un simple canal que simplemente transmite el agua, sino que se asemeja a un cuenco que contiene los tesoros divinos y los vacía a raudales en las almas. La madre se alimenta abundantemente para mantener sus fuerzas y poder así amamantar a su niño. El Maestro paulino deberá negarse continuamente a sí mismo para convertirse en servidor de las necesidades de sus aspirantes, hasta adaptarse incluso a alguno de sus caprichos. Debe guardarles a todos del pecado: "Quos dedisti mihi custodivi", dijo Jesús. El Maestro estará siempre presente en medio de sus aspirantes.

El Maestro podrá contar siempre con las gracias de su cargo por haber sido elegido para esta altísima misión» (CISP 784-785).

1. Se habla, por tanto, de una especie de "munus pastorale" del Maestro de grupo, porque participa en la misión de Cristo Rey y Pastor ("camino"), Maestro ("verdad") y Sacerdote ("vida") en su triple función de guía-testimonio, de maestro en la fe y de santificador mediante los sacramentos. Para el Fundador, el Maestro de grupo es responsable de la formación religiosa del paulino, y esto incluye la función de director espiritual, responsable de la disciplina y, en alguna ocasión, también la función de confesor.(2)

2. Otra peculiaridad que se deriva de la función del maestro de grupo es la de ser «punto de referencia unitario y coordinador de la formación integral» (Perino, p. 35). Entre las preocupaciones fundamentales del Fundador se encontraba la de la unidad de la persona humana y también, por consiguiente, la de la unidad de la formación.(3) Tal vez por esto insistía en la presencia constante del maestro de grupo en todos los momentos de la vida de los formandos,(4) pero sin convertirse en policía de la vida de los aspirantes.(5)

El Fundador ve al Maestro de grupo como el anillo que une los diferentes sectores o momentos del formando (piedad, estudio, apostolado, pobreza), con una función relevante sobre las opiniones de los responsables de esos momentos («y tenga el peso mayor en el juicio...»).(6)

Por el hecho de acumular las funciones de director espiritual y, en alguna ocasión, también la de confesor, el Maestro de grupo tiene acceso a la profundidad de la conciencia de los formandos.(7) El P. Alberione reflexionó mucho en este tema y como resultado tenemos varios textos elaborados en épocas diferentes, además de haber redactado sobre esto un estudio promovido por él y titulado Los problemas psicológicos y neuropsiquiátricos en la formación (cfr Perino, pp. 37-38).

Podríamos sintetizar este aspecto con las palabras mismas del Fundador:

«El estudio supremo de los Maestros sea éste: meditar en Jesucristo educador. Él es la luz, el ejemplo; la ley, la gracia, el gozo, el premio del educador. Las renuncias, la generosidad que reclamaba; la ternura materna y los estímulos; el método divino y único, las enseñanzas, las ayudas y el premio que prometía se encuentran registrados claramente en el evangelio: un tratado óptimo de pedagogía pastoral» (CISP 254, n. 16). (regrese al sumario)

b) ¿Para qué un Maestro de grupo?

El Fundador señalaba en 1965 las tres funciones del Maestro de grupo (o Director espiritual): «1º Descubrir por las señales, que son varias, cuál es la vocación...; 2º iluminarle, ayudarle para que siga su vocación; 3º Dar una formación correspondient.(8) (regrese al sumario)

c) ¿Hay un signo de una vocación bien lograda?

En el citado encuentro del Fundador con los Maestros de los aspirantes, alguien preguntó:

— ¿Cuál es el secreto más importante para apoyar al joven en sus dificultades?

El P. Alberione respondió del modo siguiente:

«Los secretos son tres, no uno: 1. Es necesario que el Maestro sea un fascinador auténtico, entusiasta él mismo de su vocación, con mil invenciones de amor sobrenatural. 2. Evítese en los grupos la presencia de personas poco edificantes o menos unidas al Maestro de grupo. 3. Una piedad sentida, mariana, eucarística y paulina que los sostenga en los momentos inevitables y más difíciles del joven» (CISP 775/i).

El Fundador estableció en otra circunstancia seis puntos importantes para que la formación tenga éxito: oración, formación a la misión, experiencias, formación específica de los formadores, acceso a todos los medios necesarios y, finalmente, estímulo constante del formador en relación con el formando:

«Para conseguir un resultado rápido y óptimo con los menores medios, fuerzas y tiempo, es necesario:

a) que se pida al Señor el cúmulo de los dones del Espíritu Santo: sabiduría, inteligencia, ciencia y consejo;

b) que se tenga siempre presente la relación íntima entre el espíritu y el apostolado, el estudio y la formación humana, que actúan en la misma persona, adquieren una mayor eficacia y se complementan entre sí;

c) asimismo, téngase presente que, además de la clase y el estudio, ayuda mucho la experiencia, que se obtiene de la historia de los hombres y la sociedad, de la naturaleza, de la liturgia, de las ilustraciones divinas, de la vida social y de todos los bienes que van madurando en el cuerpo místico de Cristo;

d) el mejor fruto de la clase depende de la preparación de cada maestro, así como del cordial entendimiento entre los maestros de las diferentes disciplinas;

e) que en la formación se acuda a todos los auxilios y apoyos posibles, especialmente los necesarios;

f) que el maestro sepa excitar siempre en el discípulo la correspondencia y el entusiasmo por sus deberes» (UPS II, 193-194). (regrese al sumario)

d) Cualidades

El Fundador destaca tres cualidades principales del Maestro de grupo y las va exponiendo: caridad paciente y benigna, ciencia sacerdotal y pedagógica, prudencia según el Maestro Divino.(9) Llama la atención la primera característica (la caridad paciente y benigna), pues el P. Alberione se remonta a las mismas características que el apóstol Pablo quería en relación con los miembros de las comunidades fundadas por él, y cita a Gál 4,19: «Hijos míos, sufro por vosotros como si estuviera de nuevo dando a luz hasta que Cristo sea formado en vosotros». Pablo no fue sólo padre para los suyos (cfr 1Cor 4,14-16), sino también madre (Gál 4,19) y padre al mismo tiempo (1Tes 2,8-11).

Esta es la elocuencia «del Maestro religioso, especialmente paulino, del formador de sacerdotes y religiosos; de quien, en suma, con el alma llena y santamente entusiasta de su estado, con una vida que enseña con santos ejemplos más que con las palabras, con corazón desbordante de afecto sobrenatural por sus hijos espirituales, quiere derramarse él mismo en ellos; el modelo para el cristiano, el religioso, el sacerdote: Jesucristo.

Pero el apóstol Pablo escribe a los Corintios: "Rogo autem vos, imitatores mei estote" (1Cor 4,16). ¿Otro modelo? No. El discípulo es intérprete humilde, no falsificador, del Maestro divino, pues añade en seguida: "Sicut et ego Christi". La figura de Jesucristo reaparace en seguida y es casi un comentario de ella esta expresión del propio san Pablo: "Scitis quemadmodum oporteat imitari nos" (2Tes 3,7), porque se puso en su sitio: "Ut nosmetipsos formam daremus vobis ad imitandum nos" (2Tes 3,9). De lo que resulta una doble enseñanza: el deber del padre espiritual, o Maestro, de convertirse en modelo; el deber del hijo espiritual de imitar al Maestro. Gran provecho se derivará así de un tipo humano de sacerdote, porque "ex hominibus assumptus" (Heb 5,1); éste está más cerca de los hombres que la divinidad.

El Maestro, sacerdote paulino, acoge a los jóvenes aspirantes: los estudia para descubrir sus intenciones, aptitudes, tendencias y vocación; los pone ante sí mismos: "Seguidme, imitadme". Quiere derramar en ellos su alma, su fe, su espíritu, su ciencia y su corazón. Las meditaciones que les dirige, las exhortaciones en público, en privado, en el confesionario, las bromas, los estímulos, los avisos, las llamadas, la palabra menuda, todo es elocuente, formativo. Hay, en efecto, un apostolado llamado palabra menuda, tan usada por Jesús; el evangelio nos ofrece muchos ejemplos. El artista sabe sacar de un bloque una figura hermosa de Jesús» (CISP 750-751).

En un texto de los Appunti di teologia pastorale destaca aún más la característica propia de la "maternidad" del Maestro de grupo: «El sacerdote debe adquirir el verdadero dominio y la dirección de los corazones, pero esto sólo lo conseguirá verdaderamente con la dulzura de la caridad..., con la amabilidad, mostrándose siempre como es, tratando siempre bien. Son éstos los lazos que unen a nosotros los corazones. Se consigue ser realmente fuertes sin tener que recurrir a la fuerza».(10)

Para llegar a esto, el Fundador sugiere que el Maestro de grupo disponga de nociones suficientes de psicología y de psiquiatría, pudiendo así entender mejor y orientar a los jóvenes(11). Reconoce que se necesita una preparación adecuada de los formadores —tanto a nivel espiritual como a nivel intelectual e incluso a nivel de celo—, y admite que muchas veces esa preparación es inadecuada.(12)

«La garantía de que el Señor sustenta y compensa nuestra insuficiencia no nos permitirá nunca ser superficiales y aproximativos. Por eso, juntamente con la preparación básica y la formación permanente, debe progresar la formación profesional, la racionalización y la organización de nuestro apostolado» (R. Perino, Carta anual sobre el Apostolado, 1981).

Entre las prioridades del Maestro de grupo, el Fundador destaca dos: la piedad y el amor al apostolado. En cuanto a la piedad, insiste para que sea "sentida, mariana, eucarística, paulina", con un énfasis especial en la educación a la meditación.(13) El amor a la Congregación y al apostolado paulino es también de importancia fundamental, signo característico del formador verdadero, que se convierte en signo peculiar de vocación por parte del formando.(14)

«Principio general: toda la formación debe programarse y organizarse de manera especial para los estudios teniendo en cuenta el apostolado propio de la Familia Paulina. Este fin debe tenerse presente desde el momento del ingreso en nuestro Instituto, tanto en las clases como en los consejos, las meditaciones y los sermones, de tal modo que no se comunique una vida genérica, sino una doctrina, una piedad y una vida religiosa eminentemente paulinas» (UPS II, 193).

El Maestro de grupo no obra aislado o por cuenta propia. Siendo "punto de referencia unitario y coordinador de la formación integral", su acción se inserta en un ámbito más amplio y exige la colaboración con las demás instancias: escuchar lo que tienen que decir los responsables de los demás sectores en la vida de los formandos y, al mismo tiempo, ser coprotagonista en las decisiones que tienen que ver con la vida de dichos formandos.(15)

«El Maestro, especialmente en nuestras casas, debe ganarse la colaboración de quienes tienen relaciones con el aspirante: profesores, maestros de apostolado, confesores, asistentes, etc.» (CISP 776, n.9).

«En todo el período de la formación se necesita esmero inteligente, prudente, constante, piadoso, inspirado siempre en el optimismo. Para la formación total: instrucción religiosa: catecismo lleno de Biblia y de liturgia; liturgia llena de Biblia y de catecismo; Biblia llena de catecismo y de liturgia. Significa dar a Jesucristo Maestro, Camino, Verdad y Vida» (CISP 202, n. 6). (regrese al sumario)

Sigue: El maestro de grupo en el pensamiento del P. Alberione - 2 -

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 Jesús Maestro ayer, hoy y siempre   Excursus histórico-carismático

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