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JESÚS MAESTRO
Y EL MAESTRO EN NUESTRA FORMACIÓN
SEGÚN EL P. ALBERIONE


Actas del Seminario internacional sobre
"Jesús, el Maestro"
(Ariccia, 14-24 de octubre de 1996)

por José Bortolini ssp

 

II. El maestro de grupo
en el pensamiento del P. Alberione

 

2. Método Camino, Verdad y Vida en el estudio: crecimiento de la personalidad

Por todos es conocido que el P. Alberione insistió en el método Camino, Verdad y Vida como método único para todos sus seguidores. Este método abarca la vida del paulino y es «el camino obligado para llegar a Dios».

Sabemos también que este método incluye una pedagogía capaz de tomar al ser humano en su totalidad, llevándolo a la plena identificación con Cristo: «Es necesario que el hombre viva de Jesucristo con todo su se,(16) de tal modo que «toda la vida paulina se inserta en Jesús Maestro Camino, Verdad y Vida: la oración, el estudio, el apostolado, la formación...».(17)

En cuanto al estudio y a su relación con el método Camino, Verdad y Vida, no tenemos un tratado orgánico en los escritos del Fundador.(18) A pesar de ello, contamos con orientaciones suficientes para afirmar que, según él, todo el estudio está orientado a Cristo Maestro, de quien el propio estudio recibe energía y al cual se dirige, hasta trasformar al paulino en otro maestro.(19) Usando las palabras de Pablo, tan gratas al Fundador, «donec formetur Christus in vobis».

El P. Alberione habla del estudio con un doble sentido: docendi y discendi, misión y conformación con Cristo, apostolado y discipulado/espiritualidad. Afirma que el estudio implica toda la vida: «Implica toda la vida... Cada cual debe empeñarse siempre en la instrucción religiosa para conocer mejor a Dios y mejorar el servicio de Dios. Cada cual debe siempre mejorarse, instruyéndose en su trabajo, en las relaciones sociales, en el ministerio y el apostolado. Para mejorar las actividades y mejorar la vida, previamente hay que conocer, luego amar y en tercer lugar actuar. "Nihil volitum quin præcognitum". Todo esto está incluido en el deber fundamental de cada religioso: atender a la perfección» (UPS II, 168-169).

Para el P. Alberione son importantes los objetivos del estudio: «los estudios tienen su propio fin, más aún, un doble fin: perfeccionar el don de naturaleza, la inteligencia, y prepararse para realizar la misión confiada por Dios... Lo que vale para la vida, acumularlo al máximo... El fin sirve para determinar los medios» (Ib.).

Especificando algo más las finalidades del estudio, el Fundador destaca tres:

3. Algunas indicaciones para nosotros

Al final de este siglo y alejados algunos decenios de los textos más significativos del Fundador sobre el tema que estamos tratando, es oportuno que nos preguntemos sobre la validez de esas enseñanzas, ya que tanto la realidad congregacional (en lo que concierne a la formación) como la realidad social en sentido amplio han cambiado profundamente.

1. En primer lugar, es lícito preguntarnos si es oportuno mantener todavía la terminología de "Maestro" y de "Maestro de grupo". Hay quienes prefieren sustituir ese término con el de "educador" por considerarlo más dinámico y moderno. La Ratio Formationis, por ejemplo, opta claramente por el término "formador". Pero se da la circunstancia de que los términos "Maestro" y "Maestro de grupo" tienen para el P. Alberione una relación íntima con ese título bíblico atribuido a Cristo.(21) Además de éste, el Fundador ve en la función del Maestro de grupo "una verdadera participación ontológica de lo que es y posee el Cristo Maestro, Camino, Verdad y Vida para el Maestro religioso.(22) No se trata, en cualquier caso, de limitar la reflexión sobre la validez del término "Maestro" y de la expresión "Maestro de grupo". Lo importante es no perder de vista el "contenido ontológico" que subyace al término "Maestro" aunque se usara otro término.

2. La "participación ontológica" del Maestro de grupo con Cristo Maestro Camino, Verdad y Vida tiene algunos objetivos muy claros. Sabemos que para el P. Alberione el trinomio Camino-Verdad-Vida sintetiza al Cristo total para el hombre en su integralidad. Parece, por tanto, que al Maestro de grupo le corresponde, en primer lugar, ser responsable de la identificación del formando con la espiritualidad paulina centrada justamente en Cristo Maestro Camino-Verdad-Vida.(23) Es lo que la Ratio Formationis entiende cuando afirma que los objetivos del proceso formativo consisten en formar al hombre, formar al cristiano, formar al religioso, formar al apóstol (art. 45-66.2).

3. Además de esto, el Maestro de grupo es el primer responsable de una formación específica, que el Fundador llamaba «verdadero y claro color y tenor paulin.(24) Y conviene destacar que esto no se reduce al aspecto de la espiritualidad, porque si así fuera, la misma espiritualidad correría el riesgo de ser alienante, es decir, no destinada a la misión. El color y el tenor paulinos tienen necesariamente que ver con la espiritualidad, el estudio, la misión y sus desafíos, la visión del mundo y de la sociedad, etc. En este sentido, viene como anillo al dedo la existencia del documento final Formación paulina para la misión cuando dice: «Los formadores desempeñen algún cometido apostólico que, sin apartarles de su ocupación principal, haga también de ellos maestros competentes en la misión paulina» (p. 36, n. 10).

4. Es necesario que el Maestro de grupo sea alguien capaz de convivir fraternalmente con los formandos en todos los momentos de su vida.(25) Mi experiencia a lo largo de estos años de acompañamiento de los juniores me ha hecho constatar esta convicción: uno de los valores más grandes del formador es la capacidad de convivir con los formandos la mayor cantidad de tiempo posible y en todos los momentos de su vida: oración, estudio, misión, vida comunitaria, etc. Un formador que no acompañe de cerca los pasos y los momentos de los formandos, aunque no explícitamente, está diciendo que es posible tener un pie dentro y otro fuera de la comunidad.

5. Debe ser una presencia amiga, paterna y materna para los formandos, de modo que el formador sea al mismo tiempo modelo y estímulo de la vocación paulina, acompañando y formando en el delicado proceso hasta que Cristo, Camino, Verdad y Vida se forme en cada uno de ellos.(26) Por eso se requieren en él dotes adecuadas(27) y preparación específica.(28) Pero la preparación específica —o incluso los títulos académicos del formador— se convierten a veces en un obstáculo entre él y el formando. Ese obstáculo se supera por medio de una gran dosis de humanidad, paciencia, comprensión, amistad, y afecto que el formador debe tener al acompañar a cada uno de los formandos.

6. El Maestro de grupo actúa teniendo en cuenta a los demás responsables: el superior de la casa, el director espiritual y el confesor.(29)

7. Punto importante y riesgo permanente en la formación: querer que el formando sea como el formador. Es de importancia fundamental tener en cuenta que los formandos nunca deberán imitar servilmente al formador.

«El Maestro debe llevar al joven a amar al Señor, no ganarlo para sí, buscando en él una estima humana y un afecto vano y peligroso» (CISP 776, n. 7).

No se trata de ser "conformes al formador", sino de trabajar «donec formetur Christus in vobis». Por eso, aunque la función del formador es de capital importancia, nunca se interpondrá entre el formando y Cristo, que es el objetivo que debe conseguir el formando paulino. En este sentido el Fundador destacaba que la función del formador tiende a desaparecer, a semejanza de Juan Bautista, para dejar sitio a Cristo (cfr Jn 3,30).(30) (regrese al sumario)

4. Algunos tipos de "método formativo" (31)

Los métodos formativos ofrecen más desventajas que ventajas. Aunque sean óptimos, difícilmente llegan a establecer "un modo de vida que resulte formativo", porque el método tiende al fixismo, mientras el "modo de vida" supone creatividad y disposición para afrontar serenamente lo nuevo. Toda forma de vida religiosa genera un modelo de vida formativo. Si la forma es antigua, basada en la "edad de oro", genera un modelo formativo antiguo; en cambio, si está orientada por la acción del Espíritu, se proyecta hacia el futuro.

Hay estilos diversos, cada uno de los cuales genera un método formativo propio. (regrese al sumario)

a) Estilo antiguo que genera una formación continuista. Se caracteriza por la tradición estática: lectura tradicional y conservadora de las fuentes (y de los textos del Vaticano I), rechazando lo nuevo. Este estilo da prioridad a los valores siguientes: oración, sacrificio, penitencia, separación del mundo, obediencia, disciplina y observancia. Formar equivale a adecuar lo que existe. Por eso se enfatizan los valores del pasado y se les da un aura mística y utópica que ya no existe. La utopía está en el pasado.

Este estilo tiene la capacidad de formar grupos compactos y eficientes, uniformes. En cuanto a los contenidos, es dogmático y busca en la tradición estática las recetas preparadas para los desafíos del presente y del futuro. Los agentes de este tipo de formación son personas conservadoras y fieles a los valores tradicionales. Su fuerza reside sobre todo en el poder de la autoridad. Por eso mantienen las distancias en relación con los formandos. La espiritualidad tiene un carácter individual e intimista. La metodología es dogmática y presupone en el formando una "fidelidad" destacada. El estilo es la exigencia, la austeridad, el esfuerzo.

¿Qué produce este estilo? Un desequilibrio histórico: la vida religiosa se convierte en museo y favorece el profetismo "retrovisor". Como resultado, lleva a una pastoral asistencialista, sin tocar las raíces de los males que afligen a la humanidad. Los religiosos terminan por estar desconectados con el camino de la historia y de la sociedad. Evidentemente, este estilo no favorece la creatividad y la originalidad de cada persona.

Un estilo así lleva a ver el mundo como un lugar peligroso. Por eso trata de crear un microcosmos formativo cerrado en el que no haya contactos con la realidad. El formando se reduce a mero aprendiz que debe ingerir todo lo que se le echa. Se genera así en el formador el paternalismo y en el formando la dependencia absoluta. Éste se convierte en repetidor de actos, preferentemente actos comunes, porque la disciplina se coloca por encima de la persona. Se genera así el uniformismo. En cuanto a los sacramentos, se insiste mucho en el de la reconciliación, y en cuanto a la moral, se destaca la importancia de la moral sexual.

Está claro que el P. Alberione no estaba de acuerdo con este método.(32) (regrese al sumario)

b) Estilo de formación reformista. Es el estilo de quien sigue las orientaciones del Vaticano II en relación con las fuentes (cfr PC 2), en la convicción de que es necesario renovar la vida religiosa a partir de una fidelidad dinámica y creativa y valorando las tradiciones vivas.

Este estilo se caracteriza por la lectura abierta y renovadora del Vaticano II y de las fuentes de la Congregación. Es sensible a los valores del proceso histórico: la escucha de la Palabra en el contexto histórico, la oración como respuesta a Dios en el contexto de este momento de nuestra historia, el diálogo con el mundo, la apertura a los valores humanos, la atención a los procesos psicológicos y sociológicos, la libertad y la creatividad, el sentido crítico, etc. Una de sus características más fuertes es la sensibilidad a los valores del presente histórico.

En cuanto a los contenidos, este tipo de formación inculca el principio de que toda doctrina o idea está condicionada históricamente, y enfatiza el pluralismo ideológico ayudando al formando a pensar de forma autónoma y a tomar conciencia de que lo que tiene que aprender es mucho más de lo que sabe.

Los formadores son muy diferentes, según los objetivos que cada comunidad se plantea. La metodología se basa en el diálogo, en la confrontación y en el trabajo de grupo. El estilo es la comprensión, la escucha, la paciencia, la atención de la persona como ser individual y único, con su ritmo y su estilo propios.

Este estilo de formación tiene una serie de inconvenientes.. Quiere abarcarlo todo sin facilitar a la autoformación los elementos esenciales. Genera cierto desequilibrio y tensiones. La objeción mayor tiene que ver con la excesiva preocupación por el aprendizaje intelectual, que descuida lo que se puede adquirir con las nuevas experiencias históricas generadoras de gracia y estimulantes de cara a la gestación de un mundo futuro. Asume una posición de centro y elimina los aspectos de mayor riesgo.

Este estilo tiene mucho que ver con el que encontramos en los escritos del Fundador.(33) (regrese al sumario)

c) Método formativo de ruptura. Rechaza los modelos precedentes porque los considera caducos ante la función profética inherente a la vida religiosa. Se caracteriza por una lectura profética del Vaticano II bajo la óptica de la acción en favor de los pobres, de la justicia y de la paz, en oposición a la cultura de la muerte que mantiene ese estado de cosas.

Trata de definirse poniéndose en el lugar social de los pobres, en solidaridad con ellos. Y no se trata de una simple operación intelectual, sino de algo que se hace por experiencia. Es lo que suele llamarse "formación de inserción", muy frecuente en las Congregaciones que han intentado hacer, partiendo del lugar social, una relectura de la formación. Por consiguiente, no da mucha importancia a los contenidos teóricos. El humus que alimenta este posicionamiento es la conversión al Reino de Dios en Jesús de Nazaret y en los pobres, hasta que éstos se conviertan en nuestros formadores y evangelizadores. Típico de este modelo es sentir-con o padecer-con.

El gran agente de esta formación es el pueblo, es decir, los sujetos pasivos de la pobreza (=los empobrecidos) y su realidad histórica. Frente a esto, se estimula la inserción profética en el lugar social de los pobres.

Desde el punto de vista metodológico, este tipo de formación favorece la praxis y no la teoría. La formación es una especie de "workshop" donde se ejercita la práctica de la solidaridad. Su estilo de vida es la radicalidad evangélica, prescindiendo, si es necesario, del estilo conventual. La verificaciones periódicas sustituyen a las reglas fijas y rígidas de la convivencia. (regrese al sumario)

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 Jesús Maestro ayer, hoy y siempre   Excursus histórico-carismático

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