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JESÚS "EL MAESTRO"

Excursus histórico-carismático

Actas del Seminario internacional sobre
"Jesús, el Maestro"
(Ariccia, 14-24 de octubre de 1996)

por Eliseo Sgarbossa ssp

 

Notas

1 Cfr "Un poco di storia", 23 noviembre 1921, en G. Rocca, La formazione della Pia Società San Paolo (1914-1927), Appunti e documenti per una storia, Documento 31, 366. (Texto)

2 Cfr UCBS, febrero 1923, en PP 284. Estos "apuntes históricos" deben atribuirse a la pluma del P. G .T. Giaccardo (cfr R. F. Espósito, PP 28-31). (Texto)

3 Entre las más significativas cabe señalar las siguientes: la muerte del amigo Agustín Borello (2 junio 1902), para quien el P. Alberione compuso un conmovido elogio fúnebre (cfr Sono creato per amare Dio [SC] 109-125 y AD 22); el comienzo de los cursos teológicos (octubre); la toma de hábito clerical (8 diciembre); la redacción de los primeros apuntes autobiográficos y la lectura sistemática de la Storia universale de Cantù, de la que llenaba cuadernos de resúmenes (cfr Q 036); la muerte de su padre, Miguel (26 noviembre 1904); un contacto más intenso con la figura y la obra de santo Tomás de Aquino, y la comprensión de su actual significado para la cultura cristiana (cfr AD 91-92). (Texto)

4 Encíclica Annum ingressi, 19 marzo 1902. (Texto)

5 Breve pontificio Vigilantiae studiique, 30 octubre 1902. Al mismo tiempo se había publicado L’Evangile et l’Eglise, considerado como el "manifiesto" del Modernismo, de Alfred Loisy (1857-1940), sacerdote francés, orientalista e historiador de las religiones, excomulgado por Pío X en 1908. (Texto)

6 Cfr Don Alberione nella Chiesa di Pio X e di Mons. G. F. Re, relación de E. S. para el Curso de Formación Paulina 1994, promovido por el Centro di Spiritualità (ciclostilado), con documentación. (Texto)

7 He aquí algunas expresiones del cardenal Sarto: «Alerta, hermanos..., a fin de que la doctrina de Jesucristo no sea despojada de su integridad». La "arrogancia" de la cultura anticristiana, promovida por la "secta funesta" de la masonería y el liberalismo, quiere ponernos una mordaza; pero san Pablo nos exhorta: "Sostén el noble combate de la fe" (1Tim 6,12). Objeto de disputa era sobre todo la libertad de enseñanza, la escuela y la prensa: por éstas «nosotros debemos luchar no con medias tintas, sino con coraje, no a ocultas sino en público, no a puerta cerrada, sino al aire libre, teniendo en cuenta todas las ayudas y auxilios que el tiempo y las circunstancias nos ofrecen [alude principalmente a la prensa]». Es éste un cometido grave del sacerdote: «Si hubiera algún sacerdote [que] en la defensa de la verdad [permaneciese] inerte, tímido, atemorizado, demostraría que no cree en las divinas promesas, deshonraría su ministerio y se merecería la infame nota de apóstata». En cuanto a sí mismo, el cardenal Sarto prefiere a la prudencia el coraje de Pablo, Bernardo o Atanasio de Alejandría, «cuyo celo es una hoguera». Y, respondiendo a la acusación de intransigencia, concluye: «De buen grado me confieso reo, si mi culpa es la misma de Atanasio; porque, en la defensa de la verdad, es virtud el exceso más bien que el defecto» (cfr Le Pastorali del periodo veneziano, a cargo de A. Niero, Cuaderno 2, 31-45). I del Obispo de Alba: «A nadie de vosotros se os escapa que en nuestros días la impiedad está haciendo crecientes esfuerzos para arrancar la fe cristiana del corazón del pueblo... Se realiza ante nuestros ojos la predicción de San Pablo (2Tim 3,13): "Los perversos embaucadores irán de mal en peor, extraviando a otros..." » (Circular del 10 agosto 1901). (Texto)

8 Cfr nota 1. (Texto)

9 Republicano era sobre todo José Mazzini (1805-1872: ideólogo de la "Giovane Italia"); monárquicos y ministros del rey de Piamonte, convertido desde 1861 en rey de Italia, eran entre otros el conde de Cavour (1810-1861) y Marcos Minghetti (1818-1886). De Cavour era conocido su lema: «Libre Iglesia en libre Estado». (Texto)

10 Causó estupor la iniciativa de algunos furibundos masones, entre ellos Ricciardi y Garibaldi, de reunir en Nápoles el "Anticoncilio Masónico" (1869) como contra altar del concilio Vaticano I, convocado por Pío IX para el 8 de diciembre de aquel mismo año. (Texto)

11 Miguel Coppino (1822-1901) había sido uno de los promotores del Anticoncilio Masónico de Nápoles. Sobre él y sobre la situación de la región albesa, Cfr P. Reggio, Alba: l’ambiente socio-religioso nella città e dintorni, en Aa. Vv., Conoscere Don Alberione (1884-1907), Ed. Centro di Spiritualità Paolina, Roma 1994, 96-97. (Texto)

12 «En los primeros años, los socialistas de Alba amenazaron varias veces con quemar imprentas, casa y revistas..» (AD 172); «...El socialismo penetraba ampliamente trayendo el materialismo y la lucha de clases» (AD 52). (Texto)

13 Los socialistas utópicos, humanitarios y pacifistas, tenían por jefe a P.-J. Proudhon (1809-1865), Las confesiones de un revolucionario (1849). Los anarquistas se inspiraban en M.A. Bakunin (1814-1876), Estado y anarquía (1873). Los marxistas revolucionarios, además de en K. Marx (1818-1883), se inspiraban en N. Lenin (V.I. Uljanov, 1870-1924) y en L.D. Trotski (L.D. Bronstein, 1879-1940). — En 1894 se habían publicado el III volumen del Capital, de Marx, y el ensayo Qué son los amigos del pueblo, de Lenin; en 1898 La reforma social, de Rosa Luxenburg; en 1902 el nuevo ensayo ¿Qué hacer? y en 1904 Las dos tácticas, de Lenin; el mismo año Nuestras tareas, de Trotski. (Texto)

14 Los periódicos más conocidos de Alba como anticlericales eran L’Asino, dirigido por Guido Podrecca; La Scintilla, de Cúneo; Il XX Settembre, de Bra; Lotte Nuove, de Mondoví, etc. Cfr Conoscere Don Alberione, o.c., 67-68. (Texto)

15 Tales eran, por ej., obras como Naná, de Emile Zola (1840-1902) o L’immoraliste, de André Gide (1869-1951) o Lulú, el espíritu de la tierra, de Frank Wedekind (1864-1918), además de la producción deterior de Gabriele D’Annunzio (1863-1938) y de Guido da Verona (1881-1939), objeto de lectura o de representación, más o menos clandestina, hasta la primera posguerra. (Texto)

16 Refieren que un prelado se felicitó con el ex cardenal de Venecia por su elección al solio pontificio: «Santidad, es una hermosa promoción para usted pasar de "gondolero" a capitán de la barca de Pedro»; y el papa Sarto le respondió: «Una promoción bien poco envidiable, si he dejado el remo de una tranquila góndola para tomar los mandos de un barco de guerra». Cfr C. Snider, I tempi di Pio X, volumen II de la trilogía L’Espiscopato del Cardinale Andrea Ferrari, Neri Pozza Ed., Vicenza 1982, 187-208. (Texto)

17 Sobre todo este argumento véanse los siguientes estudios: P. Scoppola, Crisi modernista e rinnovamento cattolico in Italia, Il Mulino, Bolonia 1961; M. Guasco, Modernismo: i fatti, le idee, i personaggi, San Paolo, 1995; L. Bedeschi, Il Modernismo italiano: voci e volti, San Paolo, 1995; además del ya citado estudio de S. Snider. Cfr Conoscere Don Alberione, o.c., 39-127. (Texto)

18 El más prestigioso maestro de esta escuela era Adolf von Harnack (1851-1930), cuyas obras Manual de historia de los Dogmas y La esencia del cristianismo fueron publicadas entre 1886 y 1900. (Texto)

19 Mientras el arqueólogo alemán H. Schliemann (1822-1890) sacaba a la luz las antigüedades greco-troyanas, G.B. De Rossi y Mons. Duchesne exploraban las catacumbas y otros monumentos de la Roma cristiana, planteando problemas y suscitando incluso la curiosidad de novelistas como H. Sienkiewicz (1846-1916), autor de Quo vadis?, y Lewis Wallace (1827-1905), autor de Ben Hur, precedidos por el cardenal N.P.S. Wiseman (1802-1865), autor de Fabiola. (Texto)

20 En 1890, por indicación de León XIII (enc. Aeterni Patris, de 1879), se había abierto en Jerusalén la Escuela Católica de Estudios Bíblicos, por obra del P. M.G. Lagrange op. (Texto)

21 En Alemania había adquirido prestigio el animoso arzobispo de Maguncia, Wilhelm von Ketteler (1811-1877), diputado del parlamento alemán, inspirador del partido del centro y del sindicalismo católico alemán, adversario al par de K. Marx y F. Lassalle, jefes del sindicalismo socialista. En los Estados Unidos era célebre Mons. John Ireland (1838-1918), inmigrado irlandés de vida aventurera (estudios seminarísticos en Francia, servicio como capellán en la guerra civil americana), obispo de St. Paul, Minnesota, fundador de colegios católicos y de obras sociales, autor de una obra famosa por su decidido talante "democrático": The Church & the Century (21908). Era considerado el portaestandarte del "lado bueno y amable" del Americanismo, «el cristianizador del progreso norteamericano» (card. P. Palazzini). En Italia operaba con fruto un grupo de intelectuales católicos, entre ellos el prof. José Toniolo, el conde Paganuzzi y otros, animadores de la Ópera dei Congressi, afiliada a la Unión de Friburgo, organización católica internacional fundada en 1885. (Texto)

22 La primera adquiría relevancia internacional por las obras de Sigmund Freud (1856-1939), entre ellas La interpretación de los sueños (1900); la segunda, por los estudios de E. Durkheim (1858-1917), Max Weber (1864-1920) y V. Pareto (1849-1923). — En 1889 nace la "Unione Cattolica per gli Studi Sociali in Italia", como apoyo a la Opera dei Congressi. (Texto)

23 Sobre estos y otros personajes del movimiento modernista, véase el cuadro al final del presente capítulo (pp. 61-63). (Texto)

24 Antonio Rosmini Serbati (1797-1855), Las cinco llagas de la Iglesia. (Texto)

25 El americanismo, «movimiento que en nombre de un deseado encuentro entre Iglesia y sociedad moderna [democrática] había acabado por afectar a temáticas teológicas, desembocando en una no bien definida pero temida herejía de la acción» (M. Guasco, 127), se atribuía a las ideas de Mons. John Ireland. Fue condenado por León XIII con la carta Testem benevolentiæ, del 22 de enero de 1899. Sobre el argumento véase también O. Confessore, L’americanismo cattolico in Italia, Studium, Roma 1984. (Texto)

26 Los documentos de condena pontificia no fueron inmediatos, como erróneamente se afirma a veces, pero resultaron tanto más drásticos cuanto más tardíos. Primeramente salió el decreto Lamentabili sane exitu (3 julio 1907), llamado también "Sílabo de Pío X", con la condena de 65 proposiciones, de ellas 53 de Loisy (cfr Oss. Rom. 17 julio 1907). El 16 de septiembre de 1907 fue publicada la encíclica Pascendi dominici gregis (fechada el 8 de septiembre). (Texto)

27 Antonietta Giacomelli-Rosmini, benemérita animadora de círculos comprometidos en el voluntariado social, escritora y propagandista de publicaciones litúrgicas (cfr Adveniat Regnum tuum, trilogía que comprendía La misa, Ritual cristiano y Año cristiano, ed. Pia Società di San Girolamo, 1904-1907), ya había declarado en 1895 en respuesta a las primeras acusaciones: «Nos hemos movido no por ambición de cosas nuevas, sino impulsados por los impactos de la realidad, que en la hora actual no tarda en oír el que duerme [...]. No hemos querido reformar el mundo; hemos querido reformarnos a nosotros mismos» (L’Ora presente, diciembre 1895). Condenados al índice sus escritos, comentó tristemente la condena, atribuyéndola a un trágico error de cuantos habían tergiversado «este despertar de los espíritus y de las conciencias», este «gran movimiento de restauración cristiana que se ha ido manifestando en la Iglesia católica, y que los adversarios quisieron minimizar dándole el nombre de modernismo» (Per la riscossa cristiana, 1913). (Texto)

28 Algunos autores se quedaron estupefactos al ver que se les atribuía un sistema tan compacto y lógico, en el que nunca habían pensado. En realidad los redactores de la encíclica demostraron ser buenos conocedores de las raíces doctrinales que agavillaban los filones más disparatados —subjetivismo kantiano, iluminismo francés, historicismo liberal, evolucionismo darwiniano, movimientos nacionalistas, cultura simbolista, etc.— reduciéndolos a su común denominador. Según la crítica del P. Enrique Rosa sj, el modernismo era una expresión de la cultura agnóstica (inmanentista, historicista, evolucionista, antidogmática y psicologista) que pretendía imponerse como un sistema religioso de pensamiento, acción y reforma eclesial, sobre bases naturalistas, supeditando la fe a las ciencias positivas. (Texto)

29 Cornelio Fabro, filósofo tomista, definía el modernismo «el talante heterodoxo, que se delineó entre los estudiosos católicos del siglo pasado y en los primeros decenios del presente, que se proponía renovar e interpretar la doctrina cristiana en armonía con el pensamiento moderno». Y añadía: «El término "modernismo" aparece oficialmente por vez primera en la encíclica Pascendi, de Pío X, como común denominador de un conjunto de errores en todos los campos de la doctrina católica (Escritura, dogmática, culto, filosofía) para reducirlo al núcleo originario» (Enciclopedia Cattolica, voz "Modernismo"). (Texto)

30 El director de Il Rinnovamento, de Milán, en el n. 4 de 1908, se preguntaba: «¿Hay dos modernismos?» Y respondía: «Está claro que el Nova et Vetera [periódico de Buonaiuti y del grupo radical romano] profesa tanto en religión como en filosofía un simple naturalismo, el cual prácticamente se resuelve en el socialismo más extremado». (Texto)

31 La dramatización del peligro modernista y la radicalización de las posiciones fue en gran medida obra de los periódicos. Se trataba ciertamente de un fenómeno que no había que infravalorar, pero sus aspectos negativos fueron ampliados de modo escandaloso por la polémica alimentada por la prensa laica, tanto socialista como liberal. Por ejemplo, la condena al Índice de las obras de Loisy, hecha en Navidad de 1902, fue publicitada por el Corriere della Sera, que se ocupó ampliamente de ella durante varios días (cfr el n. del 6 enero 1903). (Texto)

32 Tal grupo —compuesto por M. Rossi, N. Turchi, J. Hagan, O. Coppa, Balducci y Parrella, además de Buonaiuti, casi todos ex sacerdotes— respondió a la encíclica Pascendi con documentos como Il programma dei modernisti y Lettere di un prete modernista (1908), publicados en la revista Nova et Vetera.(Texto)

33 Cfr M. Guasco, o.c., 59. Este historiador consigna también el juicio inmisericorde de Mons. G. De Luca: «Nuestro modernismo contó con más sacerdotes renegados que ideas arrolladoras o estudios originales»; consiguió sólo «molestar al laicado, felizmente ignaro de religión, y sorprendido por tanto ruido y estrépito de sacristía» (Premisa al volumen de Baronio de A. Roncalli, 1961). (Texto)

34 Se atribuye a Mons. Francisco Re la célebre Lettera dell’Episcopato Piemontese en defensa de la posición pontificia. Véase el reconocimiento que le tributa el P. Enrique Rosa sj, en una respuesta dada desde Roma concerniente a la aprobación de la naciente Familia Paulina: «...estoy siempre agradecido a V. E. por su válida intervención en los tiempos del modernismo, con esa magistral carta del episcopado piamontés que tuvo entonces tanta resonancia, y también ... tanta eficacia especialmente en la Alta Italia, contra los errores...» (cfr G. Rocca, o.c., doc. 87). En una circular suya de enero de 1908 el Obispo presentaba los documentos pontificios relativos al movimiento, denominado «compendio de todas las herejías», y enumeraba las tres culpas que provocaron la condena del modernismo: el odio a la escolástica (relativismo doctrinal), el desprecio de la tradición patrística (positivismo crítico) y el desprecio del magisterio eclesiástico (insubordinación y orgullo intelectual); a los que se añadía una valoración personal sobre el caos de las ideas generado por los modernistas, y sufrido por ellos en primer lugar. Dos años antes había escrito: «...¿Cuántos hay que con la palabra y la prensa proclaman diariamente que la fe es inconciliable con la ciencia, y que por tanto es necio someterse al magisterio de la Iglesia? Es natural que después de este trabajo muchos, que ya se sienten inclinados mucho más a gozar de la vida que a llevar la cruz de la mortificación, sigan a estos maestros tan benévolos con las pasiones desordenadas y vuelvan la espalda a la religión». Y añade: «Con las lecturas de todo género que han ido haciendo han adquirido cierta erudición, y por eso han creído ser doctos y poderse erigir en maestros y reformadores de la Iglesia, y no se han percatado siquiera de que tenían en la cabeza una horrible confusión de ideas, y que las muchas nociones de que hacen gala no constituyen la verdadera ciencia, sino un auténtico caos» (Carta del 29 agosto 1906). (Texto)

35 No pocos personajes implicados en la condena eran portadores de instancias y experiencias genuinamente apostólicas, como la Società di San Girolamo, patrocinada por G. Genocchi y A. Giacomelli-Rosmini para la difusión del evangelio económico y la publicación de misales populares, o la prensa periódica diocesana y parroquial, promovida por L. Mari, etc. Actividades que el P. Alberione asumió y llevó adelante con determinación, sin polémicas, sino con absoluta fidelidad a las intenciones originarias de los pioneros, así como a las directrices del Magisterio. (Texto)

36 M. Guasco, o.c., 183. (Texto)

37 Leyendo entre las líneas de los numerosos testimonios alberonianos sobre la materia (Cfr AD 48-57, 60, 89-92; Carissimi in San Paolo, 535-543, etc.), nos damos cuenta de que aquella fe y obediencia fueron todo lo contrario que ciegas o acríticas. No obstante, en ocasión de su 80° cumpleaños, el P. Alberione quiso testimoniar una vez más su adhesión a las directrices de Pío X: «En el primer decenio de nuestro siglo, período agudo del modernismo, me sentí unidísimo al Papa, con profunda devoción, ligándome [a él] con especial empeño» (Respuesta al cardenal Antoniutti, 4 abril 1964). (Texto)

38 Sobre el caso de Fogazzaro y su novela (publicada en 1905), cfr L. Caronti, Fogazzaro, Subiaco e "Il Santo", EP, Alba 1989. (Texto)

39 «Con la rápida expansión del modernismo se había producido una gran turbación y desorientación: en la literatura, en el arte, en la disciplina eclesiástica, en el periodismo, teología, filosofía, historia, [sagrada] Escritura, etc. Muchos, sobre todo del clero joven, se desviaron» (AD 51). (Texto)

40 «La escuela se convertía en el campo en que incrédulos y católicos se disputaban las almas» (AD 54). Sobre esta temática, cfr AD 49-55. (Texto)

           Jesús Maestro ayer, hoy y siempre

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