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JESÚS "EL MAESTRO"

en la espiritualidad según el P. Alberione

Actas del Seminario internacional sobre
"Jesús, el Maestro"
(Ariccia, 14-24 de octubre de 1996)

por Guido Gandolfo ssp

 

0. Algunas premisas

En el desarrollo de nuestro Seminario, esta ponencia introduce en cierta medida la fase en que fijaremos la atención sobre Jesús-el-Maestro a partir más directamente de la herencia que nos dejó el Fundador. En efecto, se tratarán varios aspectos de nuestra vida consagrada —espiritualidad, formación, apostolado, comunicación— en una óptica precisa: "según el P. Alberione".

Para nuestro tema parecen necesarias algunas premisas, tanto en relación con el término "espiritualidad" como con el principal texto de referencia sobre el que hemos fijado nuestra atención. (sumario)

0.1. "Espiritualidad", o sea, vida según el Espíritu de Cristo

En el intento de precisar el término "espiritualidad", al objeto de comprender mejor su sentido específico, creemos oportuno adoptar como plataforma común el ambiente cristiano neotestamentario y en especial el ambiente del epistolario paulino. Es ahí, en efecto, donde se presenta con particular claridad la vida cristiana fermentada por la novedad evangélica de nuestra salvación en Jesucristo, Hijo de Dios, como vida según el espíritu, vida "espiritual" justamente.

En Rom 8,14-17 se encuentra la descripción de la filiación divina de toda criatura humana como fruto del Espíritu de Dios que se nos ha dado por el bautismo en la muerte y resurrección del Hijo unigénito, Jesucristo. "Los que se dejan guiar por el Espíritu de Dios son hijos de Dios. Porque no recibisteis el espíritu de esclavitud para recaer de nuevo en el temor, sino que recibisteis el espíritu de hijos adoptivos, que nos hace exclamar: ¡Abba!, ¡Padre! El mismo Espíritu da testimonio juntamente con nuestro espíritu de que somos hijos de Dios. Y si somos hijos, somos también herederos: herederos de Dios, coherederos de Cristo; si es que padecemos con él, para ser también glorificados con él".

Vida espiritual significa, en primer lugar, vida cristiana, vida de hijos adoptivos en el Hijo único de Dios encarnado por nosotros y por nosotros crucificado-glorioso. Una vida, pues, con la dignidad y la libertad que de ello se derivan (cfr Gál 4,1-7): la esclavitud del pecado y de la muerte, causa y modelo de toda otra forma de esclavitud, está derrotada definitivamente, y nuestra vocación consiste en crecer en el don recibido hasta la plena madurez en Cristo Jesús, verdadero Dios y verdadero hombre.

Esta dignidad y libertad de hijos tienen consecuencias concretas e inderogables para la vida de todos los creyentes: "Pero vosotros no vivís según la carne, sino según el espíritu, si es que el Espíritu de Dios habita en vosotros. Pues si alguno no tiene el Espíritu de Cristo no es de Cristo. Y si Cristo está en vosotros, el cuerpo ciertamente está muerto por el pecado, pero el espíritu está vivo por la justicia... Así, pues, hermanos, no somos deudores de los bajos instintos para tener que vivir de acuerdo con ellos. Porque si vivís según los bajos instintos, moriréis; pero si, conforme al Espíritu, dais muerte a las acciones carnales, viviréis" (Rom 8,9-13).

Lejos de poderse relegar a un solo ámbito, tal vez el más recóndito, de la vida humana, la vida según el Espíritu afecta a la persona en su totalidad física, psíquica y espiritual haciéndola criatura nueva que piensa, actúa y ama conforme a la imagen del Hijo unigénito de Dios. Hechos morada del Espíritu de Jesús (cfr 1Cor 3,16-17; 6,19), estamos llamados y habilitados para vivir en la fe, en la esperanza y en el amor y a discernir todas las cosas y acontecimientos a partir del mismo Espíritu de Dios que habita en nosotros. Él, estableciéndonos en la comunión con el Padre, nos revela la profundidad de su corazón y nos conforma con él. "El Espíritu lo penetra todo, hasta las cosas más profundas de Dios. ¿Qué hombre, en efecto, conoce lo íntimo del hombre, sino el espíritu del hombre que está en él? De la misma manera, nadie conoce las cosas de Dios, sino el Espíritu de Dios. Y nosotros no hemos recibido el espíritu del mundo, sino el Espíritu que viene de Dios, para que conozcamos lo que Dios generosamente nos ha dado... El hombre espiritual, por el contrario, lo juzga todo, y a él nadie le juzga. Porque, ¿quién conoció el pensamiento del Señor para poder enseñarlo? Pero nosotros poseemos el pensamiento de Cristo" (1Cor 2,10-16).

Sin alargarnos ahora en la panorámica histórica acerca de las aplicaciones que han caracterizado la vida cristiana como vida espiritual a lo largo de los siglos, creemos suficiente llamar espiritualidad precisamente a ese modo de vivir que, conformándose a un aspecto del multiforme misterio de Cristo Jesús, caracteriza a un cristiano en su relación con la Sma. Trinidad en la Iglesia, es compartida por él con otros hermanos y sucesivamente sistematizada y teorizada: espiritualidad monástica, presbiteral, franciscana, ignaciana, paulina, etc.

La espiritualidad es, pues, el ámbito omnicomprensivo de la vida "cristiana" en cuanto conformada con Cristo Jesús. Ámbito vital que informa toda la persona (pensar, actuar, amar), y que marca de modo inconfundible e indeleble su existencia, casi como marca "a fuego", haciéndola creyente y en consecuencia creíble. El hombre espiritual se convierte por tanto en testigo y comunicador de aquello de que ha hecho experiencia. En efecto, el imperativo que deriva de esta dinámica espiritual caracteriza, por su dimensión misionera, toda la vida cristiana. "Nosotros no podemos dejar de decir lo que hemos visto y oído" (He 4,20). (sumario)

0.2. La experiencia espiritual del P. Alberione

Hablar, por tanto, de "Jesús-el-Maestro en nuestra espiritualidad según el P. Alberione" significa tratar de comprender que el Maestro Divino, en virtud de la acción recreadora y santificadora del Espíritu de Dios conferido en el bautismo y en la profesión religiosa, ha modelado toda la existencia de nuestro Fundador y que él ha querido transmitírnosla a nosotros para que informara nuestra vida junto con la suya. Es, pues, necesario partir del patrimonio espiritual que el P. Alberione ha madurado en su existencia y en su experiencia y nos ha dejado como herencia en virtud del carisma de Fundador. En efecto, es convicción común que la Persona del Maestro Divino llenó tanto su existencia que dominó, como él mismo confiesa, sus "pensamientos, oración, trabajo interior y aspiraciones" (AD 20): totalidad y soberanía que se preocupó en transmitirnos a nosotros sus hijos y herederos por cuanto él mismo la consideraba grávida de consecuencias salvíficas para la humanidad entera. Por consiguiente, Jesús Maestro, tal como emerge de la experiencia y de la existencia del P. Alberione, formada mediante el espíritu paulino: singularísima relación interpersonal entre Maestro y discípulo.

Los tiempos de más intensa y prolongada intimidad de nuestro Fundador con su Señor fueron ciertamente los cursos de Ejercicios espirituales:(1) semanas, e incluso meses, durante los cuales se ponía exclusivamente a la escuela del Maestro Divino para ser resanado e iluminado.

Un testimonio de cuán profundamente lo marcaron aquellos períodos de gracia y de intimidad con el Maestro, podemos leerlo en la conmovedora confidencia que el P. Alberione mismo nos ha dejado en lo tocante al curso de ejercicios que hizo en julio de 1936:

Para elevarnos. — En junio pasado tuve la insigne gracia de retirarme para unos días de Ejercicios espirituales a fin de remediar el pasado, unirme a Jesucristo y enmendar mi vida.

Como ya en otros cursos, tomé como argumento a Jesús Maestro Camino-Verdad-Vida, en el Santo Evangelio y en los Hechos de los Apóstoles.

¿Soy verdaderamente, con todas las potencias, en todo tiempo y en toda acción, de Jesús?

Contemplando, más que meditando, a Jesucristo, trabajando en el descubrimiento de mí mismo, tengo una doble visión: la primera es la de mi ser, nada por naturaleza y nada por gracia, y sin embargo horriblemente nauseabundo y deformado por mis culpas; la segunda es la celestial de Jesús Maestro, el predilecto del Padre, Reparador misericordioso, en el que debemos incorporarnos y de quien debo vivir como cristiano, religioso y sacerdote. He llorado, esperado, rezado y amado como Pedro; pero mi confianza es superior a las humillaciones.

Pido perdón al cielo y a los hombres, especialmente a los queridos Hermanos; les ruego que me soporten y me ayuden con sus ejemplos, oraciones y correcciones. Aseguro que, como ellos han hecho por mí, así hago yo por ellos [SP n. 25, julio de 1936].

El P. Alberione acoge como una "insigne gracia" los Ejercicios espirituales, que tienen la finalidad de llevarlo a "remediar el pasado, unirme a Jesucristo y enmendar mi vida". El tema, nada nuevo, es la Persona del Maestro Divino. La disposición que más favorece el encuentro es la contemplación, no pareciendo suficiente sólo la meditación.

El encuentro vital con el Maestro le hace percibir una "doble visión": su condición de persona deformada por la culpa pero sobre todo la visión "celestial de Jesús Maestro, el predilecto del Padre".

De ello se deriva una pregunta candente: "¿Soy verdaderamente, con todas las potencias, en todo tiempo y en toda acción, de Jesucristo?"; y la consiguiente tarea válida para todos: "debemos incorporarnos" al Maestro y vivir solamente de él.

Podemos suponer que fuera éste el estilo habitual con el que el P. Alberione vivió, durante sus Ejercicios espirituales, las fuertes experiencias de Cristo Maestro al objeto de "poner orden en su vida", como sugiere el mismo san Ignacio (cfr Ejercicios n. 21). (sumario)

0.3. La enseñanza "normativa" del Fundador

Cuanto vivió y "experimentó" personalmente el Fundador se convirtió después en el patrimonio que con mayor fuerza entregó a la Congregación y a la Familia Paulina. Ahora bien, cuanto más se aleja en el tiempo la profunda experiencia de quien, de algún modo, compartió con él el camino de configuración al Maestro, tanto más necesario es captar en su predicación y en sus escritos la vitalidad espiritual que ellos conservan.

Remediar el pasado, enmendar nuestra vida, unirnos a Jesucristo: son pasos sucesivos que se realizan a través de la incorporación al Maestro y la consiguiente pertenencia a él, para ser de él "con todas las potencias, en todo tiempo y acción". Un dinamismo que el P. Alberione indica más habitualmente con los conceptos de conformación o configuración, hasta la cristificación.

El objetivo de la conformación al Maestro fue sin duda el aspecto de nuestra espiritualidad más reiterado por el Fundador. Como se subrayará posteriormente, "conformarse" comporta asumir en nosotros la "forma" de Cristo: permitir que gradualmente el Maestro "se forme" en el creyente-Paulino: donec formetur Christus in vobis (Gál 4,19).

No deja de llamar la atención el que la "primera circular" enviada a todos los hermanos en 1934 subrayase precisamente esta orientación: la tarea de la conformación al Maestro Divino es evidente ya en el título "Donec formetur Christus in vobis" [hasta que Cristo tome forma en vosotros]. Igualmente digno de relieve es el hecho de que el P. Alberione sintiera la necesidad de volver a publicar aquella "primera circular" en el San Paolo de febrero de 1962 (cfr CISP 11-12), probablemente para atender al deseo de hermanos que no la conocían.

"Donec formetur Christus in vobis".— Fue la primera circular que envié; ahora la repito con los mismos pensamientos: "Dios los eligió primero, destinándoles desde entonces a que reprodujeran los rasgos de su Hijo [conformes fieri imaginis Filii sui], de modo que éste fuera el mayor de una multitud de hermanos" (Rom 8, 29).

La tarea del religioso consiste en trabajar para la perfección: "Si quieres ser perfecto...". El proceso de santificación es un proceso de cristificación: "donec formetur Christus in vobis" (Ef [Gál] 4,19).

Por eso seremos santos en la medida en que vivamos la vida de Jesucristo; o, mejor, según la medida en que Jesucristo vive en nosotros: "Christianus alter Christus" [el cristiano es otro Cristo]; es lo que san Pablo dice de sí: "Vivo yo, pero no soy yo, es Cristo quien vive en mí".

Esto se forma en nosotros gradualmente, hasta "la edad viril de Jesucristo"; como crece gradualmente el niño hasta llegar a hombre adulto.

Jesucristo es Camino, Verdad y Vida. En el trabajo espiritual existe el empeño:

Así se forma en nosotros Cristo, Camino, Verdad y Vida: "conformes fieri". Así Jesucristo, Camino, Verdad y Vida alimenta nuestra alma en sus facultades: voluntad, inteligencia, sentimiento. La alimentación es especialmente completa en la Misa, la Comunión y la Visita-Adoración: "Os aseguro que si no coméis la carne del Hijo del Hombre y no bebéis su sangre, no tendréis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna y yo lo resucitaré en el último día. Porque mi carne es verdadera comida y mi sangre verdadera bebida" (Jn 6, 53-55).

Las demás prácticas de piedad: meditación, examen de conciencia, breviario, oficio de la Bienaventurada Virgen María, lectura espiritual, oraciones matutinas y vespertinas, rosario, etc. son preparación, disposiciones y ayuda divina para la misa, la comunión y la visita-adoración; la confesión sacramental es purificación y santificación.

Adelante en la fidelidad, donec formetur Christus in vobis!

San Pedro invita: "Creced en la gracia y en el conocimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo" (2Pe 3, 18).

San Pablo: "Por obra suya [de Jesucristo] la construcción se va levantando compacta para formar un templo consagrado por el Señor; y también [...] para formar por el Espíritu una morada para Dios" (Ef 2, 21). (sumario)

0.4. La referencia privilegiada de esta búsqueda:
el
"Donec formetur Christus in vobis"

Todo el itinerario tiene, pues, su origen en la invitación del Padre, que nos "predestinó a ser conformes con la imagen de su Hijo" (Rom 8,29). El religioso está llamado, como primera tarea, al trabajo de "perfección". Y "el proceso de santificación es un proceso de cristificación". Un crecimiento continuo, hasta que el Maestro "sea formado" en el creyente-religioso: "donec formetur Christus in vobis". La modalidad a través de la cual "se forma en nosotros Cristo, Camino, Verdad y Vida" es la del "trabajo espiritual", especificado por el P. Alberione en las tres archiconocidas dimensiones que afectan a la mente, la voluntad y el corazón.

Los primeros hermanos (y hermanas) que recibieron esta "circular" encontraron en ella un lenguaje conocido y... pan de casa. En efecto, el Fundador había ido formándolos con instrucciones y meditaciones apropiadas. Éstas confluyeron en los "Appunti di meditazioni ed istruzioni del P. Maestro", para los Ejercicios espirituales y el Noviciado —y la formación religiosa en general—, como pueden verse en el volumen Donec formetur Christus in vobis, publicado con la fecha "oficial" de 1932.(2)

Por este motivo, debiendo hacer una opción entre el incalculable número de páginas que el P. Alberione dedicó a la Persona del Maestro Divino y a la relación que todo Paulino está llamado a establecer con él, parece oportuno centrar nuestra reflexión precisamente en la obra Donec formetur Christus in vobis.(3) Al día de hoy, en efecto, parece el escrito que recoge más cumplidamente tanto la experiencia espiritual como la enseñanza del Fundador en el campo de la formación espiritual, según el carisma paulino.

El contexto es intencionalmente pedagógico en orden a la vida espiritual y a la vida religiosa, que exige en primer lugar al maestro de noviciado y al director espiritual la asimilación existencial de los conceptos y de las normas presentadas. No ha de olvidarse nunca, en efecto, que es primariamente la experiencia del P. Alberione mismo, como hombre dirigido por el Espíritu de Dios, el ambiente vital donde se forma y desarrolla el método pedagógico-espiritual "paulino" que conduce al joven a centrarse decididamente sobre la persona de Jesús Maestro, Camino, Verdad y Vida. Tal intento pedagógico, empero, lejos de relegar este escrito como exclusivo para los "entendidos", nos permite captar la actualidad y la universalidad de aplicación al ser la vida religiosa "un continuo noviciado para el Paraíso", según una expresión familiar del P. Alberione. La característica de la vida religiosa, ya lo hemos repetido, es precisamente el crecimiento progresivo hasta la madurez de Cristo, hasta la plena conformación con el Hijo de Dios, Maestro nuestro.

Al manejar este "pequeño manual de formación continua" (cfr Introducción del P. Damino, 14), conviene tener presente lo que destacó agudamente el censor de la edición inglesa (1983), el Rev. Richard V. Lawlor s.j.: "El P. Alberione tiene la capacidad de presentar conceptos profundísimos e incluso técnicos de modo conciso y condensado. Toda línea es vital y tiene algo que enseñar. Éste no es un libro que uno lee de carretilla. El lector debe leerlo y releerlo, considerando una frase cada vez para apreciar su importancia".

Esta necesidad de sopesar las palabras, si vale en general para todos los escritos de nuestro Fundador, con mayor razón conviene tenerla presente cuando abordamos esta obra, que marca el exordio de la visión espiritual y pedagógica de Jesús Maestro, Camino, Verdad y Vida, en su forma sistemática. (sumario)

Sigue: El primer objetivo: la conformación con el Maestro Divino

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 Jesús Maestro ayer, hoy y siempre   Excursus histórico-carismático

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