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JESÚS "EL MAESTRO"

en la espiritualidad según el P. Alberione

Actas del Seminario internacional sobre
"Jesús, el Maestro"
(Ariccia, 14-24 de octubre de 1996)

por Guido Gandolfo ssp

 

1. El primer objetivo:
la conformación con el Maestro Divino

El creyente que desee dejarse dirigir por el Espíritu Santo —con mayor razón el Paulino, llamado a ser "hombre espiritual"— está invitado a remitirse continuamente al proyecto estupendo que el Señor le ha preparado. El P. Alberione lo sintetizó, en el DF, en un pasaje de extraordinaria densidad y belleza: un cuadro de conjunto que compendia en rápidas pinceladas la iniciativa de Dios y la respuesta amorosa del hombre.

El hombre, pues.— Salido de las manos de Dios para glorificarlo en la eternidad, el hombre debe hacer un viaje de prueba denominado vida. El Padre mismo ha enviado a su Hijo, Maestro, para indicar, recorrer y hacerse vehículo del hombre; por lo que el hombre será juzgado al fin si se ha hecho conforme con tal Hijo en la mente, en la voluntad y en la vida; siendo en tal conformidad el amor; para que quien ha amado siga amando, compensación para la eternidad; y quien no ha amado permanezca lejos de Dios por toda la eternidad.

Ya que el mundo es reino imperfecto de Dios a causa de los desarreglos humanos y de la cizaña, y la eternidad, reino de Dios perfecto también por lo que atañe al hombre: eterna glorificación de Dios. "Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza"; y la imagen desfigurada del hombre es reparada en el Hijo de Dios, y superará en belleza a la primera por el Espíritu Santo, por superabundancia de gracia [DF 92-93].

Detengamos nuestra atención, con una primera lectura, muy sintética, de estas líneas, que anticipan la conclusión de la 1ª parte del Donec formetur. No es difícil divisar su horizonte espiritual.(4)

Salido de las manos de Dios para glorificarlo en la eternidad, el hombre debe hacer un viaje de prueba denominado vida .— El hombre es llamado a la vida para hacer un "viaje de prueba",(5) que tiene unas coordinadas bien definidas: un punto de partida, identificado en las "manos de Dios", para indicar la atención amorosa con que Dios llama al hombre a la vida y lo coloca en la tierra; y una meta, que será la eterna glorificación de la Sma. Trinidad.

El viaje comporta movimiento, dinamismo, crecimiento y desarrollo; puede prever etapas diversas y experiencias multiformes; obliga a vencer los inevitables cansancios y frustraciones.

La prueba requiere, como primer ámbito, verificación, averiguación y examen. Pero no ha de excluirse tampoco la idea del ejercicio continuo: en nuestro caso, un aprendizaje para la glorificación indefectible en la eternidad... (cfr nn. 43ss).

El Padre mismo ha enviado a su Hijo, Maestro. — Dios, después de crear al hombre y colocarlo en el mundo, no lo abandona a su destino. ¡Todo lo contrario! En efecto, le ha dado como compañero de viaje nada menos que a su Hijo unigénito: para esto lo ha enviado entre nosotros y por nosotros.

El Hijo, Jesucristo, es presentado como el Maestro. Maestro no sólo porque se sienta en una cátedra y enseña, sino sobre todo en cuanto pretende insertarse en la trama de vida del hombre y alcanzar todas las expresiones tanto del pensamiento como del obrar humano:(6) "Cuando dice Jesús: "Magister vester unus est, Christus" [Mt 23,8] —escribirá el P. Alberione posteriormente, en 1961— significa que no es sólo enseñante, sino verdadero y único Maestro, el Maestro perfecto: precede con el ejemplo: "Os he dado ejemplo"; os doy mi verdad: "doctrina mea"; da la vida...".(7)

...para indicar, recorrer y hacerse vehículo del hombre.— Aquí se delinean las orientaciones que el Padre le ha dado al Hijo para su misión en la tierra. ¿Cuáles son las tareas del Maestro Divino?

...por lo que el hombre será juzgado al fin si se ha hecho conforme con tal Hijo en la mente, en la voluntad y en la vida; siendo en tal conformidad el amor .— El don que ha hecho el Padre al hombre, enviándole a Jesús como el Maestro, tiene un objetivo preciso: orientar al hombre en la conformación con su Hijo. Tal conformación(8) afecta a la persona humana en la globalidad de sus facultades e iniciativas. Concepto que se explica con tres aplicaciones:

Tal conformación será siempre contenido fundamental del juicio final, como decisivo punto de perspectiva. Notemos cómo presenta el momento del juicio final el P. Alberione: no como un trágico "rendimiento de cuentas" y tampoco como una serie de rigurosas preguntas a las que responder, sino (aunque no es cosa menos comprometida) como un ser confrontados con la imagen del Maestro, al cual el creyente ha tratado de configurarse toda la vida.(9)

Una observación más de gran importancia. ¿De dónde nace la obligación de conformarse con el Maestro? Del amor. Ante todo, y alma de todo, es el amor. Aunque, obviamente, no han de olvidarse las aportaciones insustituibles de la inteligencia y de la voluntad, el P. Alberione se apresura a indicar claramente la fuente de todo el dinamismo de crecimiento espiritual hacia la conformación con el Maestro: sólo el amor es capaz de poner en marcha, sólo el amor sostiene, sólo el amor lo explica todo.

Amor, nótese bien, que no nace de una iniciativa del hombre, sino que es debida y espontánea respuesta al amor preveniente de Dios: ese amor por el cual "el Padre ha enviado a su Hijo, Maestro".

...para que quien ha amado siga amando, compensación para la eternidad; y quien no ha amado quede lejos de Dios por toda la eternidad.— El punto de perspectiva de la comunión eterna del hombre con la Sma. Trinidad se proyecta constantemente sobre la vida del cristiano, del religioso: lo ilumina y atrae su mirada convirtiéndose, en lo cotidiano, en criterio de discernimiento para las intenciones y motivaciones. La suerte eterna que espera al hombre es vista como continuidad consiguiente a la libre opción operada en la tierra. Si el hombre ha respondido al proyecto de amor del Padre y ha vivido buscando decididamente la conformación con el Hijo, Maestro único, la vida eterna no será otra cosa que desarrollo sin fin y expresión máxima de tal opción amorosa. La posibilidad de continuar para siempre en la dinámica de amor iniciada en la tierra será la compensación para la eternidad: condición de alegría inefable e imperecedera.

Si el hombre no ha acogido el don y ha hecho conscientemente opciones contrarias, aplazará tal determinación por toda la eternidad: quedará, pues, excluido para siempre del amor de Dios. Como se puede advertir, el P. Alberione no habla de "condena" o de "castigo" por parte de Dios: parece pensar, en cambio, en el sufrimiento del Padre al no poder acoger a tal hombre, obstinado y rebelde, en el gozo de las moradas eternas, preparadas para sus hijos fieles.

Ya que el mundo es reino imperfecto de Dios a causa de los desarreglos humanos y de la cizaña, y la eternidad, reino de Dios perfecto también por lo que atañe al hombre: eterna glorificación de Dios.— Casi en apoyo de la indicación propuesta —vocación del hombre a conformarse con el Maestro que le ha dado el Padre como don y compañero de viaje—, el P. Alberione aduce un doble "argumento". La conformación del hombre con el Señor Jesús es remedio contra el mal del pecado ("desarreglos humanos") y contra la obra deletérea del "enemigo" ("cizaña"), que hacen "imperfecto" el reino de Dios en este mundo. Y al mismo tiempo, precisamente la respuesta a la invitación del Padre le permite al hombre, conformado con el Hijo de Dios, ofrecer su aportación a fin de que la eternidad sea realmente "reino de Dios perfecto también por lo que atañe al hombre". La santidad del hombre, conforme con el Hijo unigénito de Dios, es, pues, auténticamente apostolado para la difusión del reino de Dios y de su Evangelio.

"Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza "; y la imagen desfigurada del hombre es reparada en el Hijo de Dios, y superará en belleza a la primera por el Espíritu Santo, por superabundancia de gracia.— Ahora es posible admirar el espléndido resultado conseguido por el encuentro entre la iniciativa preveniente de la Trinidad divina y la cooperación del hombre. La imagen inicial de la Trinidad que calificaba al hombre ha sido desfigurada por el pecado. Pero es reparada por el Hijo, gracias a su sacrificio salvífico. No sólo, sino que en virtud de la "superabundancia de gracia" que el Espíritu Santo derrama en el alma, la nueva imagen "superará en belleza a la primera".

Recapitulando

Sigue: Tarea indispensable: asumir la forma del Maestro.

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 Jesús Maestro ayer, hoy y siempre   Excursus histórico-carismático

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