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JESÚS "EL MAESTRO"

en la espiritualidad según el P. Alberione

Actas del Seminario internacional sobre
"Jesús, el Maestro"
(Ariccia, 14-24 de octubre de 1996)

por Guido Gandolfo ssp

 

4. Los dos excelsos modelos en que inspirarnos
María, Reina de los Apóstoles y San Pablo Apóstol

En las "meditaciones e instrucciones" que componen el Donec formetur, el P. Alberione propone al joven algunos modelos de más resuelto seguimiento de Cristo: san Juan Berchmans, santa Teresita del Niño Jesús, santa Gema Galgani, san Juan de la Cruz, san Juan Evangelista, san Juan Bautista, etc. Eran los modelos comportamentales para la formación-religioso-espiritual de la juventud más en boga en aquellos años.

Pero consideración muy distinta es atribuida a los dos modelos más excelsos: María, la Reina de los Apóstoles, y san Pablo. A ellos habrá de referirse constantemente el Paulino.

María, la Madre de Jesús, es el ejemplar más alto que se pueda ofrecer a la persona humana. Ella, lo sabemos, mantuvo con Jesús una relación única e irrepetible; y en este aspecto es un modelo inimitable. Pero el P. Alberione ve en María sobre todo a aquella que se hizo discípula atenta y fiel del Maestro Divino, a aquella que se dejó plasmar totalmente por la acción del Señor; por consiguiente a aquella que todo apóstol, todo Paulino, puede y debe copiar de nuevo para asumir la "forma" de Jesús, la forma del Maestro Divino encarnado por nosotros.

María, Reina de los Apóstoles.— 1. La "Regina Apostolorum". De ella se debe creer: que fue la madre del Apóstol del Divino Padre, el Verbo Divino; que se hizo madre y maestra y reina de todo apostolado en el nacimiento de Jesús, su jefe; que fue proclamada tal en la cruz; que se mostró tal con los Apóstoles, especialmente en Pentecostés; que fue siempre la inspiradora, la protectora de todo apostolado de la palabra y de la pluma, y la formadora de los Apóstoles de todo tiempo y lugar.

2. Que le debemos: iluminada e ilimitada confianza y amor, la devoción más cordial, expansiva y tierna; las prácticas más comunes y constantes del rosario, del ángelus, tres avemarías, coronita, el sábado, etc.

3. Que se la debe hacer honrar: escribiendo, predicando sobre ella y dando ejemplo [DF 263-264].

María, pues, se convirtió, desde el nacimiento de Jesús, en la "madre y maestra y reina de todo apostolado"; madre y reina de los apóstoles fue proclamada por el Hijo en la Cruz; en el Cenáculo inició oficialmente su ministerio preparando a los apóstoles para el descenso del Espíritu y el inicio de la misión; debe ser considerada "la inspiradora y protectora de todo apostolado de la palabra y de la pluma", así como "la formadora de los Apóstoles de todo tiempo y lugar".

El Paulino tendrá una "iluminada e ilimitada confianza" en ella; de la confianza pasará a la actitud de "amor"; se esmerará en cultivar "la devoción más cordial, expansiva y tierna"... Confianza y devoción que serán alimentadas también con las "prácticas" marianas más comunes.

Notable significado reviste el hecho de que el modo mejor para "honrar" a María no es primariamente el rendirle directamente actos de homenaje y de amor filial, sino "el escribir" y "predicar sobre ella". Empezando siempre por practicar primeramente lo que se recomienda a los demás: "dar ejemplo".

Pablo, entre los apóstoles, ha sido siempre la figura que más ha fascinado a nuestro Fundador. El breve y entusiástico retrato siguiente es un testimonio que así lo demuestra.

San Pablo.— 1. San Pablo fue vas electionis et doctor gentium, vaso elegido, es decir, escogido, donde el Espíritu Santo se albergó derramando todos los mejores dones: una fe inquebrantable, una esperanza firmísima, una caridad ardentísima, una ciencia altísima. Doctor gentium que defendió, iluminó y ganó para nuestro Señor Jesucristo. Fue un milagro continuado su apostolado en el modo, en las circunstancias y en las conversiones. Abundantius his omnibus laboravi [He rendido más que todos ellos].

2. Qué hace: Desde el cielo es potentísimo así como fue en la tierra muy santo; obtendrá hasta el fin de los siglos ciencia, castidad y apóstoles; él es de modo especial por tres gracias: el ardor, las conversiones y el apostolado. En el cielo honra a Dios, en la tierra será siempre gloria de la Iglesia, ojo de los pontífices, modelo de toda obra apostólica.

3. Debemos: Leerlo como modelo de ciencia altísima que trasciende los siglos, los lugares, las cuestiones, y como modelo del Apostolado de la Prensa; rezarle particularmente con la coronita y con las acostumbradas invocaciones de la casa; e imitarlo con el espíritu que nos describe san Juan Crisóstomo [DF 260-263].

En Pablo el Espíritu Santo se complació en derramar "todos los mejores dones", sintetizados en las virtudes teologales, vividas todas de modo superlativo: "fe inquebrantable, esperanza firmísima, caridad ardentísima". Tiene un interés particular la acentuación del don-conquista de la "ciencia altísima". Más tarde veremos alguna aplicación práctica al respecto.

Su calificación peculiar: "Doctor gentium", el maestro de los gentiles, los paganos a quienes él "iluminó" y sobre todo condujo, como una "ganancia", a la fe en Cristo Jesús. Su apostolado —por el entusiasmo, la dedicación y el celo incansable, hasta el heroísmo— lo sintetiza el P. Alberione como "milagro continuado". Como protector en el cielo resulta "potentísimo", y las gracias que preferentemente obtendrá son, significativamente, "el ardor, las conversiones y el apostolado".

Con relación al Apóstol,(13) el Paulino está llamado a "leerlo", tomándolo de modo particularísimo como "modelo del Apostolado de la Prensa"; además deberá "rezarle", utilizando en primer lugar la "coronita" y "las invocaciones" ya usuales en la "Casa"; por fin "imitarlo", siguiendo para este aspecto las indicaciones dadas por san Juan Crisóstomo.

En el itinerario de conformación con el Maestro Divino, san Pablo es compañero de viaje fiable por su experiencia y doctrina; el Paulino es digno de este nombre en virtud de la familiaridad que mantenga con el Apóstol de las gentes, que "fue el más acabado y fiel intérprete del Divino Maestro".

La doctrina de san Pablo.— Con los rasgos diseminados en la revelación del Antiguo y Nuevo Testamento, Pablo, instruido por Jesucristo e iluminado en todos sus pasos por el Espíritu Santo, formó el cuerpo de doctrina que llamó "su Evangelio", y es tanto dogmática como moral y litúrgicamente la que vivimos nosotros; mejor, la que vive la Iglesia. Puesto que él fue el más acabado y fiel intérprete del Divino Maestro, comprendió y dio elaborado por fuerte síntesis y estricta lógica el Evangelio entero y aplicado, de modo que la humanidad gentil encontró lo que buscaba inconscientemente.

Así pues, su mirada penetró la profundidad de la caída original; en ella vio al hombre convertido en carne; el pecado que impone la ley a sus miembros y hace producir frutos de muerte; la voluntad, casi siempre débil para liberarse de la esclavitud e impotente del todo para llegar a la justicia, es elevada a altura divina. En efecto, la justicia no se limita a la ley natural, sino que es la misma santidad divina de Jesucristo comunicada a nuestras almas por el Espíritu Santo, llevando a cabo la uniformidad de nuestra voluntad con la voluntad divina.

Y ¿de dónde deriva esta comunión con la justicia eterna? De la fe, descrita por san Pablo en la carta a los Romanos, como aquella que tiene un poder sobrenatural. La fe, operando por medio de la caridad, nos une a Jesucristo, en quien se ha encarnado la santidad, la vida divina. Ella hace más: crea en nosotros el ser nuevo, animado por el Espíritu de Jesucristo. Unidos, abandonados en él durante esta vida, nosotros podemos hacer y hacemos lo que él hizo: morimos en él a la carne y al pecado, para renacer a la vida espiritual. Hablando con más exactitud: Cristo sólo vive, piensa, obra, ama, quiere, reza, sufre, muere y resucita en nosotros. Jefe de la humanidad regenerada, él forma, con todos los creyentes, un cuerpo místico cuyos miembros están estrechamente unidos por la caridad que anima una misma vida, donde late un solo corazón, el Corazón de Jesucristo [DF 168-170].

Sigue: El itinerario de conformación con el Maestro - 1

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           Jesús Maestro ayer, hoy y siempre   Excursus histórico-carismático

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