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JESÚS "EL MAESTRO"

en la espiritualidad según el P. Alberione

Actas del Seminario internacional sobre
"Jesús, el Maestro"
(Ariccia, 14-24 de octubre de 1996)

por Guido Gandolfo ssp

 

5. El itinerario de conformación con el Maestro
Etapas fundamentales y modalidades prácticas

¿Qué camino, en concreto, se le indica al Paulino que, para vivir en plenitud su vocación y misión, desea responder positivamente a la propuesta divina y encaminarse decididamente hacia el objetivo de la conformación con el Maestro?

El P. Alberione se remite obviamente a las indicaciones más comúnmente seguidas en su tiempo. A saber, el itinerario espiritual desarrollado a través de las "tres vías": la vía purgativa, la vía iluminativa y la vía unitiva.

Así se formará el hombre recto (vía purgativa), Jesucristo lo transformará en cristiano (vía iluminativa) para hacerse sacerdote religioso, santo por obra del Espíritu Santo (vía unitiva) [DF 16].

Es digno de atención el que el Fundador, acogiendo una línea de pensamiento ya avanzada por E. Dubois,(14) vincule una de las susodichas vías a cada una de las Tres Personas de la Sma. Trinidad: respectivamente la vía purgativa al Padre, la vía iluminativa al Hijo y la vía unitiva al Espíritu Santo. Precisamente esta triple teología del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo— resulta un aspecto muy innovador respecto a la tradición anterior y, en muchos aspectos, estimulante. En efecto, se trata de una auténtica "re-creación" por parte del Padre; de la conformación operada por el Hijo que se "encarna" en el creyente; de la "santificación" que es operada por el Espíritu Santo.

En unión con las Tres personas y con los Ángeles: "sanctus..., laudate..., benedicite..." [DF 17].

No queda más que seguir, aunque en líneas esenciales, el bosquejo(15) de formación espiritual apostólica que el Fundador propone con extrema claridad y puntualidad. Camino que, lo recordamos por enésima vez, llevará al Paulino a recibir la "forma" del Maestro Divino según el ejemplo de san Pablo, y por consiguiente a ser "apóstol" en el sentido más pleno y auténtico de la palabra. (sumario)

5.1. Iª Etapa. La acción recreadora de Dios
(teología del Padre —
vía purgativa)

a) Esta primera etapa, diversamente de las sucesivas, es introducida por dos citas(16) que no se deben pasar por alto. La primera retoma la apertura de la oración de san Agustín reproducida íntegramente al principio del libro (DF 3) y la segunda es una cita de la llamada Oración sacerdotal de Jesús (Jn 17,3). La trabazón entre ambos pasos la produce el tema del íntimo conocimiento de Dios y de sí, en respuesta a los interrogantes fundamentales que toda búsqueda profunda debe afrontar: ¿Quién eres tú, oh Dios? ¿Quién soy yo? En efecto, al relacionarnos sinceramente con Dios, no se puede pasar por alto el problema de la propia identidad.

¿Quién es Dios? El ente necesario. "Ego sum qui sum" [Soy el que soy]. "Tu solus Dominus" [Tú el solo Señor]: puro espíritu, suma grandeza: por ciencia, poder, eternidad, omnipotencia, gloria, perfectísimo. No tiene necesidad de nadie, es felicísimo en sí... "Mi Dios y mi todo".

Consecuencia: a) Admiración: consideración - primera parte de la visita; b) Alabanza perenne, total, ab omni creatura [de toda criatura]; c) Amor perfecto "como bien infinito, sobre todas las cosas".

¿Quién soy yo? Ser contingentísmo: "tú eres aquel que no es". No eres nada en cuanto alma y cuerpo, por ti no eres nada en cuanto al ser y al obrar: imperfectísimo.

Consecuencias: Verdad: humilde; por ciencia, poder, vida, existencia... soy la nada.

Vida en la posición justa: en el principio y fin - Respeto, honor.

La humildad del corazón: fruto general [DF 17-18].

Yo, un ser "imperfectísimo", una "nada", que se refleja en Dios, "ente necesario, espíritu puro, suma grandeza, perfectísimo". No obstante, precisamente la certeza, dada por la "verdad", de ser realidad pobre y frágil, en lugar de llevar al desaliento, abre el corazón y los labios a la única actitud prudente: "admiración, alabanza perenne y total, amor perfecto". De aquí el "fruto general" (reiterado en tres números sucesivos): la humildad del corazón.

b) La humildad del corazón, fruto conjunto de la consciencia de nuestra condición de criaturas y de la disposición a la alabanza divina y al amor perfecto, abre la persona a recibir las grandes y fundamentales enseñanzas:

Examen - Instrucción.— Para vivir como hombres honrados: fin especial de la primera parte de los Ejercicios espirituales.

Voluntad de Dios es el gran sol al que el alma, como girasol, debe estar siempre vuelta.

Voluntad de Dios: en los superiores, en los hechos, en el interior. "Enséñame a cumplir tu voluntad, ya que tú eres mi Dios" (Sal. 142,10).

Mandamientos. Aquí habrá que repasar todos los mandamientos para ver cómo se han observado.

Para hacerse cristianos, religiosos, sacerdotes hay que ser antes hombres.

Virtudes naturales: justicia, prudencia, templanza, fortaleza.

La humildad del corazón: fruto general [DF 22].

Los Ejercicios espirituales —como toda la formación espiritual— tienen la finalidad de llevarnos a "vivir como hombres honrados". En efecto, base del camino de crecimiento para hacerse "cristianos, religiosos y sacerdotes" es una condición irrenunciable: "antes hay que ser hombres".

A tal fin, el "gran sol" al que la criatura humana, "como girasol", debe estar siempre vuelta es la voluntad de Dios: de este "gran sol" se recibe luz, calor y vida. Al contrario de cuanto se podría pensar razonablemente, o según la naturaleza, somos verdaderos hombres sólo en la medida en que sabemos percibir y obedecer cuanto Dios nos indica. En este contexto es donde entran en liza las virtudes "naturales", mejor conocidas como virtudes cardinales: "justicia, prudencia, templanza y fortaleza".

c) En tal contexto, ¿cuál es el papel de las criaturas? El P. Alberione tiene en la mente un triple orden de "criaturas": físicas (tierra, plantas, cuerpo, animales, elementos, etc.), que proporcionan el progreso físico; morales (inteligencia, corazón, familia, convivencia social, oficios diversos en la sociedad); espirituales (sacramentos, sacerdocio, vida religiosa, etc.).

Fin de las criaturas.— Las criaturas deben servir al hombre, el cual las usa para servir a Dios en la tierra y procurarse la bienaventuranza eterna en alabanza de Dios.

El abuso de ellas es la ruina eterna.

Por eso debemos proceder según el ejemplo de Jesucristo, que hizo un uso rectísimo de ellas, nos enseñó todo esto con la palabra y nos ganó la gracia [DF 25ss].

El fin último de las criaturas está, por tanto, claro: al ser don de Dios, puestas en nuestras manos por él, deben servir "al hombre para servir a Dios en la tierra". Todo está, pues, expresamente orientado a la "bienaventuranza eterna en alabanza de Dios". No ha de olvidarse nunca que el hombre está destinado al paraíso: "El paraíso es todo y solo nuestro destino: nuestro, porqué Dios nos ha creado para él y Nuestro Señor Jesucristo nos lo ha vuelto a abrir cuando lo teníamos perdido" (DF 31).

¿En qué ejemplo inspirarnos para esta tarea? El P. Alberione lleva inmediatamente nuestra atención sobre la Persona del Maestro Divino: Jesús nos ha enseñado "con la palabra", ha sido él mismo modelo de "uso rectísimo" de las criaturas, y con la entrega de su vida "nos ganó la gracia".

d) Si el fin último, como hemos dicho, es la gloria de Dios en la bienaventuranza y alabanza eterna del Padre, el hombre tiene, en este contexto, el deber grave de conocer, de adquirir la ciencia de Dios, de nutrir la mente con pensamientos y consideraciones eternas.

Fin de Dios.— 1. Fin último: la gloria de Dios. (...)

2. En la tierra se consigue tanto más cuanto más perfecto es el conocimiento y el amor de Dios. Conocimiento de Dios que va de la ignorancia y el error hasta pensar como Dios en Jesucristo... La instrucción religiosa, las buenas lecturas, además de la infusión de la fe, de la sabiduría y de la ciencia de Dios consuman este estado.

Perfeccionar el conocimiento de Dios [DF 34-35].

No sorprende que el P. Alberione recalque tan fuertemente la urgencia del conocer. Y, con el conocer, la urgencia de amar. Es la categoría misma del Maestro, Maestro integral, la que exige esta dimensión.(17)

El proceso de conocimiento es extremamente amplio: parte de la ignorancia, o si es caso del error, y a través de un duro aprendizaje de "instrucción religiosa" apunta decididamente a adquirir la "mente" del Maestro,(18) hasta llegar, en él, a "pensar como Dios".

Este puntual compromiso del hombre es enriquecido y premiado posteriormente con la "infusión de la fe, de la sabiduría y de la ciencia de Dios".

e) Si todo esto se convierte en convicción profunda en el hombre, llega a florecer el compromiso personal, decidido y concreto: "las primeras resoluciones".

Propósitos.— A la meditación sobre el fin del mundo le siguen las primeras resoluciones. En ellas se emplea el tiempo conveniente según la dificultad e importancia especial:

a) La primera es el abandono del pecado, la conversión, la confesión con disposiciones profundas.

b) La segunda se refiere a la elección de estado (si no se ha hecho aún) según los intereses de Dios y nuestras ventajas eternas.

c) La tercera es la determinación especial de cumplir bien la voluntad de Dios y proveer para la eternidad en el estado especial elegido o abrazado [DF 64].

La primera resolución, el propósito principal de la etapa "purgativa", es, pues, la conversión. Ésta consiste, como puede verse, en la determinación de abandonar el pecado, que encuentra expresión concreta en la confesión, hecha "con disposiciones profundas". Se aprecia en esta etapa la evocación de la consigna carismática del Divino Maestro "cor poenitens tenete" [vivid en continua conversión]; así como las sucesivas, "ab hinc illuminare volo" [desde aquí quiero iluminar], para la iluminativa, y "nolite timere. Ego vobiscum sum" [no temáis, yo estoy con vosotros] para la vía unitiva.(19)

Componentes estrechamente conexas: la elección del estado de vida, operada no ya a partir del instinto o del capricho, sino teniendo bien claros "los intereses de Dios y nuestras ventajas eternas"; la fuerte decisión —"determinación especial"— de vivir "bien" la voluntad de Dios, según el estado de vida abrazado.

f) El empeño de aprender y asumir las situaciones concretas en la óptica de Dios ("según la vista de Dios") quedará favorecido por la asidua meditación de los "Novísimos", a los que el Autor dedica varios números (cfr DF 44ss). Es sabido que la frecuente reflexión sobre las últimas realidades sigue siendo condición indispensable para poder disponer de puntos orientadores seguros y perennes. Conviene notar además que, en coherencia con la visión de la vida como viaje o prueba, también los Novísimos deben ser considerados a partir de la categoría de "prueba": la muerte es "el final de la prueba, de fidelidad" (DF 46); en cuanto al juicio, "dada la prueba, se corrige el ejercicio" (DF 55); el infierno es "la ruina eterna, consumación del desastre del pecado... fracaso de la vida" (DF 77), o sea de la prueba dada; en cambio, respecto al paraíso, el acento se pone en que nos atañe como herencia prometida: es la "verdadera propiedad del hombre... nuestro único y absoluto destino" (DF 31).

g) Pasaje cualificante de la primera etapa —teología del Padre— es por tanto la conversión. Ésta, ya lo sabemos, es vuelta a Dios, cambio de mentalidad, rechazo de horizontes sólo intramundanos, decisión seria de enfocar la propia vida, el hoy y el aquí, sólo sobre aquello que proporciona la gloria de Dios y podrá depararnos una eternidad bienaventurada. Todo esto dicho según el léxico del P. Alberione: pensar y obrar como Dios, en Jesucristo, nuestro Maestro.

Somos conscientes de que tal transformación radical no es fruto de la iniciativa humana, sino de una fuerte atracción del Padre. Con sobrada razón, Don Alberione, como si queriendo resumir en pocos trazos y a la vez explicar mejor el proceso de conversión, introduce el iluminador pasaje titulado misericordia: un párrafo de gran relieve, pues al leer el episodio del hijo pródigo (cfr Lc 15,11-32) con el ojo y sobre todo con el corazón de Dios Padre, Don Alberione funda bíblicamente su modo de razonar y aclara ulteriormente que la 1ª etapa es decididamente la teología del Padre:

Misericordia.— 1. Caído Adán, el Padre revela en lontananza al Reparador; caído el pecador, permanece la confesión, la misericordia. Traer la misericordia al hombre es la razón de la encarnación, figurada en la dracma perdida, en la oveja recobrada, en el hijo pródigo.

2. ¿Por qué se marchó de la casa paterna? ¡Era jovenzuelo, tenía deseo de libertad! ¿Cómo se zambulló en el mal? Lejos del padre, viviendo perdidamente, todo lo despilfarró. ¿Cómo vuelve al padre? Abandonado de los amigos, reducido al extremo, medita, se fía del padre. ¿Cómo es recibido? Se le previene todo, recibe cuanto tenía antes, incluso más.

3. En cualquier estado se encuentre el alma, ¡espere! Quien fue pecador, sobreabundando de gracia, puede remontarse con la penitencia muy alto. Grave responsabilidad la de quien no se aprovecha de la misericordia [DF 80s].

h) Y ¿cuál es el instrumento cotidiano de verificación y control de nuestra conversión?

El examen de conciencia.— El examen de conciencia es una indagación sobre el estado del alma: actitudes, gracias, peligros, deberes, pecados, lucha, méritos y victorias. Es el reloj del alma. Nos da a conocer el estado de salud y de enfermedad, además de las culpas particulares [DF 82].

Éste es el secreto para caminar recta y expeditamente por los caminos de Dios: la cotidiana "indagación sobre el estado del alma", que es el examen de conciencia, que ha de practicarse todos los días y varias veces al día, como precisa en el número sucesivo (DF 84). Y los ámbitos del examen de conciencia son: "actitudes, gracias, peligros, deberes, pecados, lucha, méritos y victorias".

El examen es como el reloj:(20) tiene el alma acompasada a la luz y a las invitaciones del Padre. Además, independientemente de las "culpas particulares", nos proporciona "el estado de salud y de enfermedad", o sea, un cuadro general, de lo más oportuno, de las condiciones de salud espiritual.

Recapitulando:

Conclusión (del primer período, o sea, meditación de la teología del Padre celestial):

La primera etapa —teología del Padre, vía purgativa— presenta los siguientes momentos:

Sigue: El itinerario de conformación con el Maestro - 2

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Jesús Maestro ayer, hoy y siempre   Excursus histórico-carismático

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