Home page | Alberione | Familia Paulina | Sociedad San Pablo | Correo

JESÚS "EL MAESTRO"

en la espiritualidad según el P. Alberione

Actas del Seminario internacional sobre
"Jesús, el Maestro"
(Ariccia, 14-24 de octubre de 1996)

por Guido Gandolfo ssp

 

5.2.4. De Jesús Vida el don-tarea de "investirnos" de gracia

Jesucristo es vida para el corazón: por consiguiente necesitamos investirnos de gracia santificante y actual, especialmente con la S. Misa.

Tercer aspecto de la "encarnación" de Cristo Maestro en nosotros es el encuentro con Jesús Vida.

Jesús Vida alcanza el corazón.

Consecuencia: la necesidad de "investirnos" de la gracia.

Se intuye, por tanto, que en el pensamiento del Fundador el corazón es sin duda la sede de la "sentimentalidad", como le gusta llamarla, pero también el lugar donde se derrama la infusión de la gracia divina. La irrupción de Jesús Vida en el alma es el aspecto más consolador en el dinamismo de "encarnación", según la exhortación paulina de la consolación divina, don del Espíritu Paráclito que forma apóstoles consoladores (cfr 2Cor 1,3-7). El Cristo Vida, operando en el interior de nuestras personas (en nuestros "corazones"), realiza la conformidad con la voluntad del Señor y hace que cuanto él "indicó" y "recorrió" se convierta en actuación práctica en la vida cotidiana. Todo el movimiento está originado y desarrollado por el don de la gracia. Gracia que Jesús Vida no se cansa de derramar sobre el creyente-Paulino en vista de la conformación con él.

a) Jesús es presentado, ante todo, como la fuente de la vida sobrenatural (DF 144).

Jesús es la gracia, "plenitud de amor y lealtad" [Jn 1,14], y nos la comunica en el bautismo, nos la fortalece en la confirmación, nos la nutre en la eucaristía, nos la repara en la confesión, nos la purifica en la extremaunción... "He venido para que tengan vida" [Jn 10,10]. "Yo soy la vid y vosotros los sarmientos; el que permanece en mí y yo en él, da mucho fruto. Sin mí nada podéis hacer" [Jn 15,5].

La vida de Jesús se pierde con el pecado. Su respiración es la oración, su alimento la meditación. También tiene sus enfermedades, es decir, imperfecciones y defectos; su remedio es el fervor; sus alegrías, los consuelos; sus languideces, las desolaciones; tiene su desarrollo en los santos y perfecto en la santísima Virgen [DF 145-146].

Logradísimo bosquejo de la vida sobrenatural que el Maestro Divino nos da mediante los sacramentos. Tal vida divina en nosotros se presenta con características precisas. Como la vida sobrenatural, también la "vida de Jesús" en nosotros tiene: su respiración, que es la oración; su alimento, que es la meditación; sus enfermedades, o sea, las imperfecciones y defectos; los recursos, esto es, el fervor; sus alegrías, o los consuelos; sus languideces, a saber, las desolaciones; su desarrollo en los santos, y perfecto en la santísima Virgen.

b) El maravilloso don de la gracia —en sus distinciones: gracia santificante, actual, medicinal— tiene por autor al mismo Jesús:

Jesucristo es el autor de la gracia. La gracia santificante es la que embellece el alma al hacerla hija de Dios, amiga de Jesús, heredera del cielo. La gracia actual es la que da el valor y la fuerza para realizar actos virtuosos y huir del pecado. La gracia santificante puede crecer cada día, cada momento; la actual se obtiene con la oración. (...)

La gracia medicinal sana los defectos que el pecado original causó en el alma:

En cuanto a la inteligencia, sana la ignorancia, la irreflexión, el olvido, la dureza de la mente, el error, el prejuicio, la perversión.

En cuanto al sentimiento, sana la indiferencia, la desconfianza, las malas inclinaciones, las pasiones, los sentimientos, los afectos.

En cuanto a la voluntad, sana la abulia, la ligereza e inconstancia, la pereza, la obstinación, las malas costumbres.

La gracia actual ayuda a realizar los actos por encima de la naturaleza... [DF 159.162-163].

Entre estos efectos de la gracia es significativa la importancia que el P. Alberione da a la obra de la gracia medicinal. Remitiéndose a algunas páginas del canónigo Chiesa,(35) se detiene en las enfermedades de las tres facultades principales (intelecto, sentimentalidad-corazón, voluntad), que son curadas por la "gracia medicinal". Es sabido que estas reflexiones dieron vida después, en el Fundador, a atrevidísimas invocaciones dirigidas al Espíritu Santo por intercesión de la Reina de Pentecostés.(36)

c) Es preciso detenerse larga y amorosamente contemplando al Maestro Divino. Él permite que aprendamos de él y, al mismo tiempo, asociándonos a sí, nos habilita para cumplir cuanto él mismo ha cumplido: "Él ha adorado...; dado gracias...; satisfecho...; pedido gracias... Él ha hecho todo por nosotros y nosotros podemos hacerlo todo en Jesucristo, dando así honor digno a Dios, dar gracias de modo digno, pedir perdón de modo satisfactorio y pedir gracias en nombre de Jesucristo" (DF 148).

d) De aquí el secreto: todo y siempre "en Jesucristo":

a) Hacerlo todo en él, con él y por él; b) En Jesucristo somos poderosos al pedir, tenemos derecho al perdón, honramos dignamente al Señor; fuera de Jesucristo somos hombres ridículos e incapaces; c) En él todo adquiere poder sobrenatural, pero separados de él somos sarmientos separados de la vid [DF 149].

El Paulino está llamado, por tanto, a entregarse totalmente a Cristo Maestro, para ser y hacer todo "en él y con él y por él". En Cristo Jesús "todo adquiere poder sobrenatural"; por eso el trabajo se convierte en apostolado y los frutos son apostólicos y salvíficos.

e) De ello se deriva el gran deseo que debe distinguirnos: querer ser santos.

a) Querer ser santos, pronto, y grandes santos en Jesucristo; b) realizar muchas obras buenas, para que seamos como muchas criaturas, personas o plantas de trigo (un campo inmenso) en el que Jesucristo infunda alma-gracia; c) lo que no se puede realizar se abraza con el deseo: estar en el corazón de todos los santos, en los deseos de todos los ángeles, en el corazón mismo de Jesucristo que se inmola en los altares [DF 155].

La decisión de "ser santos, pronto, y grandes santos" se concreta, como es evidente, en "muchas obras buenas". Éstas son el resultado de la cooperación humana con la gracia, vida del alma, que Jesús Vida infunde en las personas. Y a donde no llegan las obras puede llegar el "deseo": el Paulino no debe vacilar en hacer propios ni siquiera los deseos de los santos y de los ángeles, ¡los del mismo Jesús!

f) El medio, necesario y ordinario, de la gracia: la oración, con las disposiciones requeridas:

1. La oración: "es levantar la mente a Dios", en general; en particular: "pedir cosas convenientes". (...)

2. Es necesaria en la economía de la Providencia, puesto que sin especial ayuda divina no podemos ejercitar ciertas virtudes y cumplir ciertos deberes, ni vencer ciertas pasiones, ni perseverar siempre en el bien; y, por otra parte, sólo se le concede ayuda a quien reza. (...)

3. La oración debe hacerse con fe, porque se nos escucha en la medida de nuestra fe; con perseverancia, porque "es necesario orar siempre"; con humildad, porque el publicano que se humilló fue santificado [DF 156-158].

La oración, presentada anteriormente como la "respiración" de la vida espiritual, se convierte en el clima habitual, en el ambiente vital y al mismo tiempo "necesario" en que se efectúa la "encarnación" del Maestro y florecen los frutos de la gracia, los frutos apostólicos. En la oración —hecha "con fe, esperanza y humildad"— crece y madura hasta el fin el itinerario de conformación con el Maestro.

g) Un modelo de oración a Jesucristo, nuestro Maestro:

Colocamos aquí esta oración al Maestro Divino que, en el texto del Donec formetur, se encuentra inmediatamente después del cuadro de conjunto del proceso de encarnación, al comienzo de la teología del Hijo (vía iluminativa). Es indicativa su posición original en el texto porque confirma cómo "la encarnación", meta del itinerario de conformación con el Maestro Divino, se enraíza en el ambiente vital de la oración y en él adquiere desarrollo y vigor.

Al Maestro Divino.— "Maestro: tu vida me traza el camino, tu doctrina confirma y alumbra mis pasos; tu gracia me sostiene y apoya en el camino hacia el cielo; tú eres perfecto Maestro: das ejemplo, enseñas y fortaleces al discípulo para que te siga. "Así demostró Dios su amor al mundo, llegando a dar a su Hijo único, para que todo el que le presta su adhesión tenga vida definitiva y ninguno perezca" [Jn 3,16]; "De parte de Dios viene el Maestro" [Jn 3,22-36].

1. Oh Maestro, tú tienes palabras de vida eterna. Sustituye mi mente, mis pensamientos por ti mismo, tú que iluminas a todos los hombres y eres la verdad misma. Yo no quiero razonar sino como tú enseñas, ni juzgar más que según tus juicios, ni pensar sino en ti, verdad sustancial, que me ha dado el Padre: "Vive en mi mente, oh Jesús verdad".

2. Tu vida es precepto, camino, seguridad única, verdadera, infalible. Desde el pesebre, desde Nazaret y desde el Calvario todo es un trazar el camino divino de amor al Padre, de pureza infinita, de amor a las almas, al sacrificio... Haz que yo la conozca, haz que siga siempre tus huellas de pobreza, castidad y obediencia. Cualquier otro camino es amplio... no es tuyo. Jesús, yo ignoro y detesto todo camino no señalado por ti. Quiero lo que tú quieres; establece tu voluntad en lugar de la mía.

3. Cambia mi corazón por el tuyo, que mi amor a Dios, al prójimo y a mí mismo sea sustituido por el tuyo. Que mi vida pecadora, humana, sea cambiada por la tuya, divina, purísima, sobre toda la naturaleza. "Yo soy el Camino". Por eso, para ponerte a ti en mí, cuidaré con esmero la comunión, la santa misa, la visita al Santísimo, la devoción a la Pasión. Y que esta vida llegue a manifestarse en las obras "para que también la vida de Jesús se transparente en nuestro cuerpo", tal como le ocurrió a san Pablo. "Vivit in me Christus". Vive en mí, oh Jesús, vida eterna, vida sustancial [DF 101-103].

Detengámonos, en un verdadero clima de oración, a contemplar las gemas de esta plegaria:

Maestro: tu vida me traza el camino; tu doctrina confirma y alumbra mis pasos; tu gracia me sostiene y apoya en el camino hacia el cielo.

Tú eres perfecto Maestro: das ejemplo, enseñas y fortaleces al discípulo para que te siga.

Oh Maestro, tú tienes palabras de vida eterna. Sustituye mi mente y mis pensamientos por ti mismo, tú que iluminas a todos los hombres y eres la verdad. Yo no quiero razonar sino como tú enseñas...

Tu vida es precepto, camino, seguridad única, verdadera, infalible... Haz que siga siempre tus huellas de pobreza, castidad y obediencia.

Que mi amor sea sustituido por el tuyo... Por eso, para ponerte a ti en mí, cuidaré con esmero la comunión, la santa misa, la visita al Santísimo, la devoción a la Pasión. Y que esta vida llegue a manifestarse en las obras...

Conclusiones prácticas

Al término del dinamismo de "encarnación", es el mismo P. Alberione el que resume, para el Paulino, las "conclusiones prácticas" objeto de un decidido compromiso:

1. Jesús es verdad; por tanto: el estudio de la doctrina de Jesucristo, a saber, la santificación de la mente, amar al Señor con toda la mente (Evangelio, instrucción religiosa, pensamientos y juicios de Jesucristo), exclusión de todo elemento contrario, aunque sea como simple estudio...

2. Jesucristo es camino, por tanto: imitación de la vida de Jesucristo, santificando la voluntad, es decir, amar a Dios con toda la voluntad.

3. Jesucristo es vida, por tanto: estudio sumo de la gracia divina: misa, visita, comunión, unión habitual con todo el corazón [DF 171].

a) La escucha asidua y amorosa de Jesús Verdad comporta el "estudio de la doctrina de Jesucristo". El objetivo es la "santificación de la mente", obtenida sobre todo con la lectura meditada del Evangelio y las horas de "instrucción religiosa", a fin de asumir los "pensamientos y juicios" del Maestro Divino. En línea negativa, el rechazo de toda actitud contraria, "aunque sea como simple estudio" (= algo que se "aprende", adquisición de conocimientos).

b) La mirada contemplativa sobre el Maestro Camino genera la imitación de todos los aspectos de la "vida" de Jesús. También aquí el objetivo es la santificación de la voluntad, meta a la que se llega permitiendo que Jesucristo permanezca en nosotros y quiera en lugar nuestro.

c) El permitir a Jesús Vida que nos "abarque" con su presencia transformante comporta la acogida y el desarrollo máximo —"estudio sumo" (DF 171)— de la gracia divina. Se reitera ulteriormente la urgencia de vivir con intensidad los momentos cotidianos de encuentro con el Maestro Vida: "misa, visita, comunión". Objetivo: la "unión" habitual con Cristo Maestro, implicando en ello todo el ser, en su interioridad.

No se nos pase por alto, en esta síntesis, otra perla. El hilo rojo que liga todas las "conclusiones prácticas" es el amor: "amar al Señor con toda la mente...; amor de Dios con toda la voluntad...; unión habitual con todo el corazón". El P. Alberione lo había anticipado: "esta conformidad consistirá en el amor" (DF 92).

Sigue: El itinerario de conformación con el Maestro - 5

Regrese al Sumario

           Jesús Maestro ayer, hoy y siempre   Excursus histórico-carismático

Home page | Alberione | Familia Paulina | Sociedad San Pablo | Correo