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JESÚS "EL MAESTRO"

en la espiritualidad según el P. Alberione

Actas del Seminario internacional sobre
"Jesús, el Maestro"
(Ariccia, 14-24 de octubre de 1996)

por Guido Gandolfo ssp

 

5.3. IIIª Etapa. "Como santificación"
(teología del Espíritu Santo — vía unitiva)

La tercera etapa, teología del Espíritu Santo, marca el lógico y teológico— coronamiento del proceso de la conformación. La obra del Espíritu Santo, recuerda el P. Alberione siguiendo la teología común, lleva a pleno desarrollo la vida de la gracia en el fiel, corrobora a quien se ha puesto en marcha y advierte la debilidad de las fuerzas, dando continuidad a las iniciativas de bien emprendidas.

Veamos, en el siguiente recuadro, la visión sintética de la obra que el Espíritu Santo desarrolla en el creyente-Paulino.

1. Quién es el Espíritu Santo. Es Dios realmente, no un mero atributo o cualidad. La tercera Persona de la Santísima Trinidad, que procede del Padre y del Hijo.

2. Qué obras se atribuyen al Espíritu Santo:

3. Cómo disponerse con relación al Espíritu Santo: con el odio al pecado; con el deseo de gracia y de santidad; con actos de fe, esperanza y caridad [DF 172].

El Espíritu Santo es "realmente" Dios, tercera Persona de la Santísima Trinidad.

Algunas obras que se le atribuyen:

Todo esto con un objetivo explícito: la "santificación". Llevar a las personas a la perfección de la caridad, a la santificación, para nosotros a la cristificación, es el interés primario del Espíritu Santo, que nos ha dado el Padre precisamente para este fin.

Por su parte, el fiel, el Paulino, está invitado a crear las mejores disposiciones para que el Espíritu Santo pueda actuar con plena eficacia:

Por obvias razones no nos será posible fijar nuestra atención en cada uno de los aspectos de la acción del Espíritu, como lo requeriría el argumento.

Nos limitaremos a recorrer, en rápida hojeada, los pasos más significativos a través de los cuales el P. Alberione esboza la admirable iniciativa de la tercera Persona de la Trinidad en vista de la conformación con el Maestro. No sin subrayar, con admiración, cuán sensible era nuestro Fundador, ya en los años 30, a las maravillas realizadas en el creyente y a través de él por el soplo vivificador del Espíritu.

a) Si la presencia santificante del Espíritu es necesaria para todo bautizado, tanto más lo es para el religioso, el cual tiene la "obligación" específica de aspirar a la santificación.

Deberes del religioso.— El religioso está obligado sub gravi a tender a la perfección. Todos están invitados a ella, pero el religioso tiene esta obligación: a) en virtud de la profesión; b) porque en ello consiste el estado religioso, y éste es el deber de estado (como para el padre la educación de los hijos); c) por todas las razones que deben impulsar al sacerdote y al seglar, y con mayor fuerza.

Peca gravemente el religioso que: a) descuida todos los medios; b) los superiores están obligados sub gravi a advertir, a proveer los ejercicios espirituales, a facilitar las confesiones, etc.; c) dichoso el que, abrazando el oficio o profesión de la perfección, no tiene más aspiración que ésta: "Quiero hacerme santo". Es como un escultor que quiere ser una cima en su arte[DF 240s].

El P. Alberione se extiende después ilustrando los "medios generales de santificación" del religioso: la observancia de los votos, la vida común, las reglas particulares. En cuanto a estas últimas, "la fidelidad habitual las hace dulces, meritorias, y eleva la vida a un grado superior" (DF 249).

b) Para comprender el rol que desempeña el Espíritu Santo conviene considerar la realidad de la "vida humano-divina". Ella es "creación" del Espíritu, realizada en el mismo Jesús, nuestro Maestro, y en nosotros, mediante los sacramentos. Nuestra tarea consiste en respetar tal vida, desarrollarla y rezar para obtener las ayudas divinas indispensables.

La vida dada por el Espíritu Santo.— a) La vida humano-divina de Jesucristo; b) Ésta es creada por el Espíritu Santo: en Jesucristo: "El Espíritu Santo bajará sobre ti [Lc 1,35]... conducido por el Espíritu [Mt 4,1]... bajó sobre él el Espíritu Santo" [Lc 3,22]; en nosotros: en el bautismo, segunda vida: "renacer de agua y de Espíritu..." [Jn 3,5]; en la confirmación; en la Eucaristía, etc.; c) Respetar esta vida humano-divina. Desarrollarla. Rezar [DF 173].

c) El Espíritu nos hace plenamente conscientes de que formamos parte de la única Iglesia de Jesucristo, su Cuerpo místico, unificado justamente por el único Espíritu. Argumento que creemos de lo más puntual en fuerza de nuestro carisma: "vivir de Jesucristo y servir a la Iglesia".

La Iglesia es la sociedad, instituida por Nuestro Señor Jesucristo, de cuantos profesan la fe y observan la ley y usan los santos sacramentos para llegar al paraíso bajo el gobierno y magisterio de los Pastores, y especialmente del Sumo Pontífice.

Nuestros deberes son: a) fe en sus doctrinas; b) obediencia a sus leyes; c) amor a cuanto ama y le interesa.

No puede tener a Dios por Padre quien no tiene a la Iglesia por madre [DF 174s].

d) Expresión calificada de la docilidad a la acción del Espíritu en nosotros es la habilitación para la vida teologal, a través de las virtudes de la fe, esperanza y caridad.

La Fe.— Es el fundamento de toda justificación, el fundamento positivo de toda virtud, el principio de la vida cristiana, la puerta de los sacramentos.

a) La fe se puede avivar con la oración y actos repetidos; b) es preciso salvarla de los peligros, como lecturas dudosas, conversaciones sospechosas, etc.; c) evitar los pecados opuestos, que son la credulidad y las infidelidades [DF 181s].

La Esperanza.— La esperanza es una virtud sobrenatural infundida por Dios en nuestra alma, por la que esperamos el Paraíso y los medios para conseguirlo... [...]

a) Debemos considerarla como el más suave consuelo y el apoyo más fuerte en la vida; b) pedirla con insistencia, porque es teologal y sobrenatural; c) evitar los pecados opuestos, que son la presunción y la desesperación [DF 183s].

La Caridad.— La caridad es la tercera virtud teologal infundida por Dios en nuestra alma. Forma dos llamas: una se dirige hacia Dios, amor a Dios; la otra se dirige hacia el prójimo, amor al prójimo. Es benevolencia, o sea, querer el bien. Por tanto es complacencia en el bien que ya poseen Dios y el prójimo, y deseo de lo que todavía no poseen.

Ahora hay tres virtudes: fe, esperanza y caridad; la mayor es la caridad. Sólo la caridad es eterna, y el cielo es el goce amoroso del objeto alcanzado. Es necesaria para que todas las obras tengan mérito; más aún, ella misma es la tendencia al último fin. Por otra parte, no puede amar a Dios quien no ama al prójimo, que es su imagen. En el juicio final Dios medirá con este metro los méritos o deméritos. Es también una vocación específica para quien ha sido llamado a una vocación especial.

a) La caridad se le pide al Señor; b) se ejercita en el fervor de la comunión, visita y misa y en las obras de misericordia tanto espirituales como corporales; c) se aviva con la fuga del pecado venial y la delicadeza de conciencia [DF 186ss].

No se puede dejar de subrayar el gran peso que el P. Alberione atribuye a las virtudes teologales. Ellas caracterizan al bautizado: será importante que el Paulino las asuma con toda la consciencia que comporta su responsabilidad de llamado a la conformación con el Maestro en la misión específica. Nótese, para este aspecto particular, la severa advertencia del Fundador cuando afirma la "necesidad" de la caridad en sentido apostólico: "Para quien está llamado a la vocación especial es una obligación incluso específica".

e) Si el Espíritu se propone aplicar al creyente la gracia "como santificación", se comprende el amplio espacio que el P. Alberione da precisamente a los medios de la gracia.

Los sacramentos: son "signos sensibles... que significan y confieren la gracia". "Nacen en el Calvario y actúan por el Espíritu Santo". "Ocupan el primer lugar entre los medios de santificación..." (DF 189ss).

La santa misa es "el centro y principal acto de culto"; es "el centro y principal práctica de piedad". "Muchos son los métodos para asistir a ella...": y aquí el P. Alberione sugiere el que "honra" a Jesús Verdad, desde el principio al evangelio; a Jesús Camino, desde el evangelio al padrenuestro; y a Jesús Vida, del padrenuestro al final (DF 198ss).

La comunión "realiza la adhesión a Jesucristo con la mente, el corazón y la voluntad". Será necesaria una preparación atenta, la cual "afecta a la mente, que... hace actos de fe y deseos de fe"; "afecta a la voluntad, que detesta todo mal, imperfección y malos hábitos, y hace actos y propósitos de virtud; "afecta al corazón, que quiere ser curado y santificado" (DF 195ss).

La confesión "es gran medio de perfección"; "es el canal de la gracia santificante especial"; es "la aprobación divina del trabajo cotidiano en la gran empresa de ascensión a Dios" (DF 192ss).

La visita al Smo. Sacramento "consiste en honrar a la Eucaristía como trono de gracia y como misa y comunión. Es la antesala del paraíso, el suspiro y la preparación para la visión celestial. Es gracia, luz y consuelo" (DF 201). Son muy importantes los números siguientes (204-206), en los cuales encontramos esbozadas, con términos que seguirán prácticamente inalterados hasta nuestros días, las indicaciones prácticas para vivir al Visita eucarística según el método "que honra a Jesús Maestro, Verdad, Camino y Vida".

La oración, en sus diversas formas (mental, vocal, vital, habitual) "es infalible en cuanto al efecto para las gracias espirituales...". "Requiere tres condiciones: humildad, perseverancia y confianza". "El estado habitual de oración es óptimo" (DF 207ss).

La virtud "es la perfección de la voluntad, que acaba por inclinar al bien por una larga repetición de actos". En efecto, "la perfección de la voluntad es tan importante como la perfección de la inteligencia" (DF 213ss).

En línea negativa nunca es suficientemente recomendada la fuga de las ocasiones, o sea, el rechazo de "aquello que supone un peligro de pecado: persona, cosa, acto, lectura, malos hábitos, etc." (DF 215ss).

El director espiritual es "el ángel visible que guía el alma por el camino de la perfección". Al director hay que "abrirle la conciencia", y con él se usará "docilidad como Pablo con Ananías, especialmente en los puntos más delicados de elección y orientación de la vida" (DF 210ss).

f) He aquí, por fin, en visión resumida, la detallada enumeración de los frutos que el Espíritu Santo derrama en la persona, en el Paulino que se abre dócilmente a su acción:

1) En nosotros:

2) Respecto al prójimo:

3) Nosotros en relación con el exterior:

Recapitulando

Están cargadas de significado las palabras que el Fundador nos deja, como "conclusión" al término del volumen, a propósito del rol del Espíritu Santo: "Todo se realiza en el Espíritu Santo, porque como la vida de Jesucristo, así la vida de la Iglesia y la vida sobrenatural de las almas se comunica, desarrolla, perfecciona y consuma en el Espíritu Santo. Por eso nuestro estudio es doble, para que se forme Jesucristo en nosotros. Cooperación con propósitos especiales y oración con la abundancia de las prácticas" (DF 267).

Sigue: El Paulino y su Maestro-Señor

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           Jesús Maestro ayer, hoy y siempre   Excursus histórico-carismático

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