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JESÚS "EL MAESTRO"

en la espiritualidad según el P. Alberione

Actas del Seminario internacional sobre
"Jesús, el Maestro"
(Ariccia, 14-24 de octubre de 1996)

por Guido Gandolfo ssp

 

6. El Paulino y su Maestro-Señor (cfr Flp 3,8):
todo "en él y con él y por él"

Al final del itinerario, recorrido tras las huellas de la experiencia personal y de la enseñanza del Fundador, se imponen algunas conclusiones y un resumen de las líneas operativas prácticas. (sumario)

6.1. Con el Donec formetur, la propuesta formativa de vida espiritual-apostólica para el Paulino está sustancialmente trazada. Posteriormente, como sabemos, el Fundador no se cansó de recordar y confirmar, a veces con los mismos términos, lo indicado —¡con mucha claridad!— en las páginas de nuestro volumen.(37)

Quisiera recordar sobre todo dos momentos de particular importancia.

1º. Con motivo de la "reunión de Ariccia" (mes de ejercicios espirituales, abril 1960), él reafirmó con vigor la "devoción" al Maestro Divino como vía para el "culto perfecto a Dios". Para el Paulino, vivir la espiritualidad de Jesús Maestro tiene como desenlace la conformación con el "Divino Ejemplar, Jesucristo":

Vino Jesucristo, enviado por el Padre, que restauró el hombre, haciendo una segunda edición del mismo muy mejorada. Así el hombre, pasando a través de Jesucristo Mediador, se presentará a Dios purificado y santo en su mente, voluntad y sentimientos. [...] La devoción a Jesús Maestro, Camino, Verdad y Vida lleva al culto perfecto a Dios. Cuanto más la vive el Paulino, tanto más semejante es al Divino Ejemplar, Jesucristo. [...] Todo el hombre va a Dios; Dios por medio de Jesucristo se une al hombre [UPS II, 159ss].

2º. El día 6 de agosto de 1967, fiesta de la Transfiguración, el P. Alberione escribió de su puño y letra el Testamento espiritual. En tal circunstancia volvió a dar por última vez a sus hijos, "de infinito valor como vida y devoción", la Persona de Jesucristo, Divino Maestro, para que "ilumine todo el perfeccionamiento religioso y el apostolado".

"Queridos miembros de la Familia Paulina: Al separarnos temporalmente, con la confianza de reunirnos eternamente todos. [...] De infinito valor como vida y devoción, Jesucristo, Divino Maestro, Camino y Verdad y Vida; que ilumine todo el perfeccionamiento religioso y el apostolado. [...] Seguir siempre a san Pablo Ap., maestro y padre; seguir, amar y predicar siempre a María, nuestra Madre, Maestra y Regina Apostolorum". (sumario)

6.2. El período de elaboración y composición del Donec formetur, años 1927-1932, parece marcar el momento en que los dos filones principales del pensamiento alberoniano —el título "Maestro" y el trinomio joaneo Camino-Verdad-Vida— convergen de manera más señalada. En el campo formativo-espiritual, tal vez más que en otras partes, ambas líneas aparecen inseparables.

Para el Fundador, pensar en el Maestro es entender a todo el Maestro, al Maestro completo, como él se autodefinió, el Camino y la Verdad y la Vida. La referencia espontánea es, por tanto, no sólo a Aquel que se sienta en la cátedra, sino a Aquel que ha venido para relacionarse con todo el hombre: indicar, recorrer, hacerse vehículo (= léase: Verdad, Camino y Vida) para el hombre (cfr DF 92).

Al mismo tiempo, la autorrevelación total de Cristo, Camino y Verdad y Vida, recuerda al P. Alberione de la manera más espontánea y "apodíctica" la expresión más lograda del Maestro... (sumario)

6.3. Jesús, el Maestro, es el centro de todo el movimiento de la vida consagrada: espiritual-apostólica.

El P. Alberione, para dar la máxima fuerza a su visión, no duda en tomar prestadas las palabras de la "doxología" de la santa misa, aunque varíe su orden: "en él y con él y por él". Más tarde(38) afirmará: "Vivir en él, por él, con él y de él".

Condición fundante para acercarse a este vértice es el dinamismo de la encarnación. Encarnación que no ha de reducirse al período natividad-Belén, sino que debe entenderse como el aspecto que resume toda la vida de Jesús, en la realización de la voluntad del Padre, según la economía de la salvación. Visión global que hunde sus raíces en la más antigua Tradición de los Padres de la Iglesia, desde los primeros siglos de la cristiandad.

La en-carnación del Maestro recuerda al P. Alberione el doble movimiento:

a) ser y vivir en Cristo: la incorporación al Maestro, la intimidad con él, la comunión con él, el habitar en él...

b) hacer todo por Cristo, con Cristo, en Cristo: la actividad cotidiana de apostolado, el entregar al Maestro nuestras energías para los hermanos, los consiguientes frutos "cristiformes".(39) - (sumario)

6.4. Todo "en él y con él y por él". Como se ha dicho, esta síntesis de experiencia espiritual orientada a expresar la centralidad de Jesús Maestro en la vida del Paulino está tomada de la plegaria eucarística y litúrgica, oración cristiana por antonomasia, modelo de todo diálogo con Dios, en Cristo Jesús, por el Espíritu Santo. El Maestro Divino, como el P. Alberione repitió hasta la saciedad, es el Divino Maestro eucarístico.(40)

En esta consideración pueden introducirse desarrollos tanto en orden a la forma de la oración en la Familia Paulina en general, y en el Paulino en particular, como respecto al método: liturgia de las Horas, celebración eucarística, adoración eucarística, etc...

En tal línea, una oportunidad muy válida para vivir en lo cotidiano la espiritualidad del Maestro Divino es indudablemente la que nos ofrece el Año litúrgico. El Fundador, ya lo sabemos, fue muy perspicaz para captar en plenitud el misterio de Cristo realizado en el tiempo litúrgico, y siempre recomendó a los Paulinos valorar la preciosa escuela de la Liturgia, al objeto de aprender, a través del ordinario desenvolvimiento del año litúrgico, a "conocer" (Maestro-Verdad) al Redentor, a "meditar" (Maestro-Camino) sus ejemplos, y a "vivir" (Maestro-Vida) los efectos de la redención efectuada por Cristo Jesús.(41) Parece, además, digno de notarse el hecho de que el P. Alberione conectara el fruto proveniente de la vida litúrgica con la tarea del crecimiento espiritual, y específicamente con el donec formetur Christus in vobis.(42)

Es muy clarificador lo que sugería el P. Alberione ya en 1940 sobre la utilidad de entrar vitalmente en contacto con Cristo Jesús, celebrado en el Año litúrgico:

El Año litúrgico con sus fiestas está ordenado a tres fines: conocer a Jesús, imitar a Jesús, vivir de Jesús. [...] Todo Año litúrgico debe aumentar la gracia, marcar un paso en la perfección y acrecentar los méritos. El Año litúrgico es como el camino que escala un monte de modo circular. El viandante que lo recorre, encuentra en cada recodo un punto paralelo al de partida, pero cada vez más alto, hasta que llega a la cima, donde termina la vida y se introduce en la visión eterna, posesión y gozo de Dios, en unión con María Sma. y con los Santos. El que vive la vida litúrgica se desliga cada vez más de la tierra, se eleva en el bien...(43)

Igualmente, en 1949, entre los "medios prácticos" para alimentar la espiritualidad del Maestro Divino, el Fundador reiteraba:

Medio excelente: seguir devotamente la Liturgia de la Iglesia en el curso del año sagrado. La Iglesia, a través de este libro suyo, la Liturgia, que se puede llamar el Libro del Espíritu Santo, sigue cumpliendo la misión que le asignó Jesucristo: "Id y haced discípulos de todas las naciones, bautizadlos para vincularlos al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo y enseñadles a guardar todo lo que os mandé".(44)

Es notable, en el P. Alberione, ese espontáneo conjugar la liturgia con expresiones que recuerdan más expresamente al Maestro y su magisterio: "haced discípulos de todas las naciones, bautizadlos..., enseñadles" [Mt 28,19-20]. Vivir la liturgia diaria es, por tanto, óptima introducción al inagotable misterio del Maestro Divino. (sumario)

6.5. Si nos propusiéramos resumir las líneas dominantes de la propuesta de vida espiritual contenida en el Donec formetur, resultaría el siguiente cuadro de conjunto:

* El hombre es llamado a la vida para un "viaje de prueba".

* Con la llamada a la vida, Dios lo ha "predestinado a ser conforme a la imagen de su Hijo" (cfr Rom 8,29).

* A tal fin, el Padre le ha dado al hombre, como compañero de viaje, nada menos que a su Hijo unigénito. Y lo ha enviado como Maestro: para indicar, recorrer y hacerse vehículo del hombre (cfr DF 92).

* La primera e irrenunciable tarea del hombre es la conformación con el Maestro: esto es, asumir la "forma" del Maestro. Tal tarea, para el religioso, es "obligatoria".

* Está previsto un crecimiento continuo, hasta que Cristo Maestro
"se forme" en el creyente-religioso: "donec formetur Christus in vobis".

* La modalidad a través de la cual "se forma en nosotros Cristo, Camino, Verdad y Vida" es la del "trabajo espiritual".

* La tarea de la conformación con el Maestro brota como respuesta de amor al amor preveniente del Padre.

* Tal conformación será contenido fundamental del juicio final, como punto de perspectiva decisivo, siempre.

* La suerte eterna que le espera al hombre se ve como continuidad consiguiente a la libre elección operada en la tierra.

El proceso de conformación con el Maestro Divino se desarrolla en tres etapas:

a) La primera etapa —teología del Padre, vía purgativa— tiene como objetivo la conversión total:

• Todo el mal estriba en cambiar el fin por los medios.

• Disposición fundamental de partida: la humildad del corazón.

• El gran sol de la vida del creyente es la voluntad de Dios.

• El Maestro Divino nos llevará, a través de la ciencia, la infusión de la fe y el amor de Dios, a "pensar como Dios".

• La resolución consiguiente: la conversión total, radical, con la vuelta al Padre.

• Paso obligado pero liberador: la confesión, hecha "con disposiciones profundas".

• Instrumento cotidiano de conversión: el examen de conciencia.

• Secreto de perseverancia en la conversión: un preciso "programa anual".

• Meta última: hasta que Cristo se forme en nosotros (donec formetur Christus in vobis).

b) La segunda etapa —teología del Hijo, vía iluminativa— tiene como objetivo la encarnación de Jesús Maestro en el Paulino. Podemos seguir su dinamismo en las palabras mismas del P. Alberione.

1. Jesús es verdad, por tanto: el estudio de la doctrina de Jesucristo, es decir, la santificación de la mente, amar al Señor con toda la mente (Evangelio, instrucción religiosa, pensamientos y juicios de Jesucristo), exclusión de todo elemento contrario, aunque sea como simple estudio.

2. Jesucristo es camino, por tanto: imitación de la vida de Jesucristo, santificando la voluntad, es decir, amar a Dios con toda la voluntad.

3. Jesucristo es vida, por tanto: estudio sumo de la gracia divina: Misa, Visita, Comunión, unión habitual con todo el corazón [DF 171].

c) La tercera etapa —teología del Espíritu Santo, vía unitiva— tiene como objetivo la santificación del Paulino:

* El Espíritu Santo desempeña la tarea de "conservar", "hacer comprender" y "usar" las verdades que ha propuesto Jesús Maestro.

* El Espíritu "aplica" y "comunica a cada uno", como santificación, la gracia que el Hijo nos ha "obtenido".

* A la acción el Espíritu hay que disponerse rechazando decididamente el pecado, alimentando deseos de "gracia y santidad", realizando actos de fe, esperanza y caridad.

* La presencia santificante del Espíritu es indispensable para el religioso, el cual "está obligado sub gravi a tender a la perfección".

* La docilidad a la acción del Espíritu nos habilita para la vida teologal, en las virtudes de la fe, esperanza y caridad.

* A fin de que el Espíritu pueda aplicar al creyente la gracia "como santificación", es necesario valorar por completo los medios de gracia.

* De este modo, el creyente-Paulino que permanece dócilmente abierto a la acción de la gracia, obtendrá en abundancia los frutos del Espíritu Santo. (sumario)

6.6. Esta perspectiva, estupenda y regeneradora, no se convertirá en vida sin un riguroso compromiso y la aplicación cotidiana de precisas modalidades prácticas:

a) Para la conversión total: el sacramento de la reconciliación, el examen de conciencia diario, un detallado proyecto espiritual.

b) Para la encarnación:

— santificación de la mente: instrucción religiosa, lectura meditada del Evangelio, aspirar a tener "pensamientos y juicios de Jesús";

— santificación de la voluntad: buscar siempre y sólo la voluntad de Dios, mortificación, reparación, espíritu de sacrificio, pureza de intención, aspirar a que todo "se haga bien";

— santificación del corazón: empeño pleno de la gracia, misa, comunión, visita eucarística, para una "unión habitual con todo el corazón".

c) Para la santificación: además del compromiso en la vida sacramental, el cuidado de la vida teologal (fe, esperanza y caridad) y el desarrollo de la gracia mediante la oración, la conquista de las virtudes y la valoración de las ayudas dadas por Dios, en primer lugar el acompañamiento del Director espiritual. (sumario)

6.7. Algunas interrogantes-propuestas para nosotros:

— ¿Cuál es la fuerza propositiva y pedagógica conservada hasta el día de hoy en el Donec formetur?

— En los proyectos formativos para el noviciado y en los proyectos de formación permanente, ¿no podrían encontrar espacio un puntual estudio y una honda "experiencia" de la propuesta espiritual-apostólica del Donec formetur?

— En el programa de los Ejercicios espirituales de la SSP y de la Familia Paulina, el Donec formetur ¿no podría ser un texto-bosquejo que descubrir, revalorar y reactualizar?

Son aspectos de un reto por el que el carisma del Fundador nos interpela perennemente, en vista de una transmisión cada vez más fiel y dinámica a las nuevas generaciones. * Nota

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           Jesús Maestro ayer, hoy y siempre   Excursus histórico-carismático

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