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JESÚS MAESTRO:
una espiritualidad para la misión


Orientaciones del P. Alberione a las Hijas de San Pablo

Actas del Seminario internacional sobre
"Jesús, el Maestro"
(Ariccia, 14-24 de octubre de 1996)

por Caterina Antonietta Martini fsp

 

III. Jesús Maestro,
fuente de una específica espiritualidad apostólica

Repasando la enseñanza del Fundador, emerge claramente que el Maestro es el fundamento de la espiritualidad apostólica de la Familia Paulina, construida sobre los dos movimientos evangélicos que son el corazón de la experiencia alberoniana: «Venid todos a mí», «Id y haced discípulos de todas las naciones». Los dos movimientos se funden como una única atracción del Maestro, que atrae hacia sí al [a la] apóstol y a todos los hombres; hace sentir en lo íntimo la exigencia de la misión y a ella envía, como él fue enviado por el Padre, para que todos los hombres sean llevados a él. Distingamos ambos movimientos, de suyo indivisibles, sólo por motivos didácticos. (rergrese al sumario)

1. «Venite ad me omnes»: atracción personal

Las meditaciones de, los años treinta se adaptan al nivel cultural y a la edad de las FSP. Encontramos, pues, un lenguaje sencillo, a veces proprio del padre que habla a los pequeños; pero es importante notar cómo el Fundador polariza ya la atención de la comunidad en Jesús, que atrae,(37) primero hace y luego enseña, y después instruye con la palabra y el ejemplo: «Nosotros hemos de escucharle, pues tal es el mandato del Padre: Escuchadl(38), e imitarle,(39) «tratando de amarlo, seguirle y hacernos poco a poco semejantes al Maestr,(40) hasta «el ensimismamiento con Crist.(41) Se trata de ir a recibir lección en sus dos escuelas principales: el Evangelio y la Eucaristía.

La escuela del Evangelio. Son continuas las referencias a palabras, gestos y virtudes de Jesús que aprender y aplicar en la propia vida, para llegar a ser como él. Y asimismo son abundantes las invitaciones a ponerse personalmente a lección del Evangelio, considerado como texto de estudio (cfr CVV 108) y de oración: «El Evangelio es el libro de Dios, el libro que Dios hizo escribir para nosotros; leer el Evangelio es comunicar con Jesús Divino Maestro. El alma que se nutre del Evangelio, se nutre de Jesucristo, verdadera vida del alma; recaba directamente de la fuente la verdad divina; se plasma sobre los ejemplos admirables de Jesús [...]. Para entender el Evangelio hay que leerlo, releerlo y leerlo de nuevo, sin cansarse nunca de meditarlo. A la primera lectura se entenderá un poquito, a la segunda se entenderá mejor y así se irá progresando en la inteligencia de las verdades divinas» (cfr CVV 176). Las aulas de esta escuela son: la meditación, la hora de adoración y el estudio de las disciplinas sagradas; pero también el examen de conciencia, definido como una «contemplación de la vida de Jesús». La profundización no es, empero, sólo obra de la mente, sino de toda la persona, que ha de transfigurarse en Cristo recorriendo el itinerario gradual hasta el "ensimismamiento conformante", hasta la sustitución.

La escuela eucarística. «Jesús abrió una escuela durante su vida terrena, y ahora la continúa desde el Sagrario, en su vida eucarística [...]. El Sagrario no es sólo un trono de gracia, sino también cátedra de enseñanza».(42) «En la Eucaristía está el Niño nacido de María, el que gemía en el pesebre, vivía con ella en Nazaret; está el muchacho que trabajaba de carpintero con san José; está el Maestro Divino de la vida pública, que predicaba y acogía a la Magdalena; está el Crucificado, a quien María asistió en la cruz; está el Jesús glorioso que ahora se encuentra en el Paraís.(43) (rergrese al sumario)

2. «Id por todo el mundo y amaestrad a las naciones»: atracción apostólica

Como vimos ya, el Venite ad me omnes experimentado en el corazón del Fundador, tiene el complemento de otra atracción interior: «Sentía cada vez con mayor intensidad: Id, predicad, enseñad...» (AD 82). El apostolado paulino, dice insistentemente el P. Alberione desde 1922 cuando el Instituto se había apenas constituido, es el «euntes, docete omnes gentes del Divino Salvador; es siempre el mandato del Divino Maestro de predicar a todas las gentes... con los nuevos medio.(44) Es «el gran apostolado de la prensa, del que no puede quedar excluida la mujer»,(45) más expresamente las FSP. El Fundador les dice en 1935: «Vosotras habéis sido ennoblecidas, elevadas junto a la misión sacerdotal, más aún participando de ella. También a vosotras os manda el Divino Maestro: "Id y predicad". Repetid lo que sabéis hasta los confines del mundo; predicad sobre las terrazas cuanto se os ha dicho en secreto» (ER 107). La FSP va, pues, tras las huellas del Maestro, con las mismas intenciones que él tenía al proclamar sobre el monte las bienaventuranzas y cuando por los caminos de Palestina revelaba a los pequeños el rostro del Padre, anunciando una doctrina nueva, que no es suya sino recibida del proprio Padre. La FSP, casi físicamente, se sentía y se siente junto al Maestro en esta su itinerancia: cuando llama a todas las puertas en la propaganda domiciliaria; cuando en el silencio de la "Sala San Pablo" piensa, estudia, elabora el pensamiento cristiano y lo transforma en edición o en otras formas parecidas para «hacerlo llegar a los hombres, especialmente a los más pobres y niños en la fe o incluso a quienes no tienen la fe» (CVV 70).

La FSP ha sido formada por el Fundador a sentir la misión como continuación de la de Jesús, ejercida en nombre de la Iglesia: «Doy siempre gracias al Divino Maestro porque vuestro apostolado tiene el mismo carácter distintivo del suyo: a los pobres se les anuncia el Evangelio» (CVV 11). «Vuestro apostolado ha de ser continuación de la vida de Jesucristo, que ha sido el primer misionero del Padre. El Divino Maestro, a su vez, envió a los apóstoles. Ahora la Iglesia os manda a vosotras» (CVV 108). El P. Alberione veía a las propagandistas como mensajeras de su Maestro, y escribía: «Felices las repartidoras de Dios, que llevan su Evangelio de amor a las familias, Benditas las auxiliares del sacerdote apóstol, que predican en silencio a Jesucristo Camino, Verdad y Vida» (CVV 118). El uso de todos los inventos de la ciencia es «para comunicar a los hombres la doctrina de Jesús» como «colaboradoras de la Iglesia entre los hombres, para que éstos sepan lo que deben creer, lo que deben hacer, qué medios han de usar para salvarse [...]. Quien tiene solicitud por las almas desea y usa los medios más rápidos y eficaces. ¡Que el Evangelio corra, se dilate, lleve salvación! [...] El apóstol prudente tiene siempre un gran amor a las almas y se vale de los medios que son más rápidos y eficaces».(46) (rergrese al sumario)

Sigue: La respuesta a la profecía alberoniana: Jesús Maestro en las obras de las FSP y en las experiencias espirituales

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 Jesús Maestro ayer, hoy y siempre   Excursus histórico-carismático

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