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JESÚS MAESTRO:
una espiritualidad para la misión


Orientaciones del P. Alberione a las Hijas de San Pablo

Actas del Seminario internacional sobre
"Jesús, el Maestro"
(Ariccia, 14-24 de octubre de 1996)

por Caterina Antonietta Martini fsp

 

I. Jesús Maestro en la enseñanza
oral y escrita del P. Alberione

 

3. El sentido de la globalidad con el método camino-verdad-vida

En los Ejercicios espirituales de los años 1935-36 el Fundador insiste en que la devoción a Jesús Maestro sea vivida según el método camino, verdad y vida (ER 52), método que involucra la totalidad de la persona humana en su ser y actuar, ayudando a acercarse a todo el misterio de Cristo para poder vivirlo y anunciarlo. El método deberá, pues, aplicarse a todas las facultades —mente, voluntad y corazón—, y a todas las dimensiones de la vida: la oración, que tiene «un carácter especial, lo que llamáis modo paulino, consistente en honrar con cada una de las prácticas a Jesús Maestro, que es Camino, Verdad y Vida» (ER 131); a la vida espiritual, modelando todo el ser a Cristo y disciplinando en tal sentido todo el trabajo espiritual (cfr CVV 61). Deberá aplicarse al estudio, al apostolado redaccional, o sea escribir en modo que se integren oración, teología, palabra de Dios: «En práctica, hay que dar siempre la Verdad que creer, los Mandamientos que practicar y las oraciones que rezar» (ER 109-110). De esta manera, el método pasa casi a delinear el rostro del Instituto: éste deberá ser una irradiación del Maestro en la medida en que las varias componentes del carisma a él se dirigen y en él se armonizan dosificadamente: «Sois un Instituto de enseñanza sobrenatural por medio del Apostolado de la Prensa. Vuestro Instituto sea completo, es decir represente a Jesús-Verdad por la enseñanza, a Jesús-Camino por el ejercicio de las virtudes religiosas, y a Jesús-Vida por la oración. Así representaréis a todo el Maestro».(21) «Si conserváis siempre vuestro carácter, representaréis al Divino Maestro completo y por tanto seréis completas. Decir a los hombres que crean no es difícil, pero dar juntamente ejemplo de fe y de toda virtud, obtenerles la vida con la oración, esto es ya un trabajo complejo y difícil; hay que hacerlo con la gracia del Señor. El Instituto se conserve como es; dividirlo en las varias partes de su programa es quitarle las fuerzas».(22)

Ciertamente esta insistencia en el método, además de ser una expresión de la cultura espiritual de comienzos del siglo, tiene un alto valor pedagógico. Así va educando el P. Alberione a las jóvenes hermanas, frecuentemente inexpertas en lo espiritual y en lo apostólico, como todos los demás miembros, a la oración al apostolado, al estudio, a la disciplina en los varios campos. Será necesaria una profundización ulterior para subrayar mejor la valencia formativa y pedagógica del método.(23) (regrese al somario)

4. El discipulado: adhesión al Maestro como itinerario espiritual

Hojeando algunas cartas del P. Alberione al P. Giaccardo, me impresionó mucho, en la carta del 18 de agosto de 1929, una directriz impartida a toda la Familia Paulina romana. En ella el título de Maestro se le da a Dios, y la relación de paulinos y paulinas con él se percibe como "escuela de discípulos": «Es Dios, no los hombres, quien debe ser el Maestro; en efecto es Maestro, no sólo Creador. Por ahí va nuestra vocación. Para san Ignacio [Dios] era considerado especialmente creador, y por tanto [los jesuitas] su milicia; nosotros, escuela de discípulos, dóciles en todo, verdad, camino, vid.(24)

Todo el dinamismo espiritual paulino encuentra aquí su rumbo: llegar a ser discípulos del Maestro; por eso con el pasar de los años el método se separa cada vez menos de la persona del Maestro. La vida espiritual se delinea decididamente como un itinerario que enrumba la persona en su totalidad —mente, voluntad y corazón— a devenir discípula del Maestro, hasta realizar una plena configuración con él. Son importantes a este respecto los Ejercicios espirituales de 1941.(25) El lenguaje usado es el tradicional: se habla de incipientes, proficientes, perfectos: ello revela el esfuerzo del Fundador por hacer crecer los miembros en Cristo según un discipulado preciso. Recuerdo sólo dos textos al respecto:

a) «El Padre celestial, a quien el alma incipiente teme y de quien espera el premio, indica al alma quién es el verdadero Maestro... Y el alma se dirige a Jesús Verdad, Camino y Vida. Ama mucho la lectura del Evangelio, la vida de Jesús, y desea darle a conocer y hacerle amar» (Ib., 82).

b) «El alma proficiente ya no prueba gusto en los libros, si no encuentra el nombre de Jesús. No halla conversación que la atraiga, sino es donde se habla de Jesús. Y alma proficiente ha de ser toda alma religiosa. Habiéndoos dado el Evangelio, la Eucaristía, la Misa, deberíais haber entrado en la vía iluminativa o de los proficientes desde los primeros años de la profesión. Caminar por esta senda es ir detrás de Jesús y en su luz: In lúmine tuo vidébimus lumen; Unus est magister vester» (Ib.). «Las almas proficientes se concentran en Jesús. [...] Su mayor empeño es estar en Cristo. Y por eso se esfuerzan en pensar como Jesús, vivir como él, sentir como siente él... El alma quiere que Jesús tome total posesión de ella: de su mente, de su voluntad y de su corazón. Ya no se trata sólo de evitar el pecado, sino de vivir de Jesús: es un inmenso trabajo de transformación: Vivit vero in me Christus» (Ib., 142).

c) «Finalmente tenemos el grado más perfecto, que consiste en la unión [...]. Las almas que pueden superar el umbral de tal estado son las que han completado ya tres tareas: se han purificado de la propia voluntad y ya no quieren sino lo que Dios quiere; el mismo bien lo anhelan sólo moderadamente y exclusivamente en Dios: si a él le agrada. [...]. Dejemos que el Espíritu Santo obre en nosotros y forme un verdadero organismo espiritual» (Ib.).

El Fundador, gradualmente, va abriendo a las FSP horizontes de mayor interioridad, donde Jesús se presenta como Maestro interior que, mediante el Espíritu, sintoniza consigo mismo el alma apóstol: «La perfección o santidad está en la plena inhabitación de la SS. Trinidad en el alma, en la incorporación perfecta a Cristo, en la completa efusión del Espíritu Santo» (Ib., 65).

A la Maestra Giovannina que, por encargo del P. Alberione, está escribiendo un libro sobre Jesús Maestro, después de haber revisado y apreciado su trabajo, le pide añadir un "largo capítulo" acerca de "la devoción a Jesús viviente en el alma", inspirándose quizás en la obra de Beaudenom, Práctica progresiva de la confesión.(26) También en la dirección espiritual, el P. Alberione orienta a la Maestra Tecla en la línea de una interioridad pacificadora. Le escribe en 1948: «Vivir en Jesucristo. Jesús Maestro sea la luz para la mente; sea consuelo y gozo íntimo. Sea cada vez más sentida y continua en el alma su presencia, que habla, consuela, santifica» (LMT 75). El camino espiritual del (o de la) apóstol se caracteriza, pues, por el ensimismamiento en el Maestro: éste va siendo cada vez más el agente interior. Dando un salto cronológico, cito la página de una meditación del 15 de agosto de 1960, que me parece significativa al respecto: «Hay almas que sienten la invitación a subir. Es lo que yo más prefiero decir. Hay entre vosotras almas que sienten más invitaciones a subir hacia una unión más perfecta con Dios. A una casi fusión de corazones, de voluntades y de mentalidades con Jesús. Fusión de afectos. Los afectos de Jesús sean los míos; el querer de Jesús sea el mío; sus pensamientos sean los míos. Más aún, es Jesús quien vive en mi mente. Yo le presto mi cerebro para pensar, pero es él quien piensa en mí. Yo le presto el corazón para que él ame conmigo al Padre celestial y a las almas. Le presto la voluntad, pues quiero lo que él quiere en mí. Y, si soy dócil, no sólo le presto: es él quien vive en mí. Vive él en mí, ama en mí, quiere en mí, obra en mí, hace apostolado en mí. Estáis llamadas a esta íntima comunicación con Jesús. Sagrarios vivientes, religiosas que van de casa en casa llevando en su corazón-sagrario a Jesús. Es la realización de aquella oración al Divino Maestro: "que mi presencia sea siempre santificadora"».(27) (regrese al somario)

5. Profundización de la devoción

En 1948, tras la solicitud de la aprobación litúrgica,(28) el Fundador dicta a las FSP algunas meditaciones en las que se nota un esfuerzo notable de ahondar en la devoción.(29) Confluye en ellas también la rica experiencia espiritual del beato Giaccardo, todavía hoy por profundizar. Cito algunos elementos de esas meditaciones:

Importancia de la devoción. En la meditación de junio, el Fundador dice expresamente que la devoción al Maestro Divino «no es propiamente una devoción, sino la devoción» (p. 3). «No es accesoria sino esencial; teniéndola, se posee toda riqueza» (p. 11). «Resume y completa todas las devociones; en efecto, presenta a Jesús Verdad en quien creer, Camino a quien seguir, y Vida de la que hemos de participar. Es preciso considerar al Maestro Divino completo» (p. 4). «Al Maestro Divino se le da culto, sea en cuanto está en la Eucaristía, sea en cuanto está en el Evangelio, sea en cuanto está presente en la Iglesia; y como está en la Congregación, pues ésta tiene el cometido de enseñar: Docete omnes gentes» (p. 3). «Así las FSP viven en la Eucaristía, en la lectura del Evangelio, en la contemplación de los ejemplos de Jesús Maestro» (p. 5).

«Como miembros del Instituto tenemos también el deber de que en el mundo se propague la devoción al Divino Maestro. Aquí radica la salvación: Ut cognoscant Te et quem misisti, Jesum Christum. Si las Familias Paulinas están siempre a esta altura, vivirán una vida muy alta» (p. 4).

El Maestro, Camino hacia el Padre. Especialmente en la segunda meditación, "Jesús Camino", encontramos una notable apertura al misterio del Padre, de quien Jesús es la visibilidad misma: «La santidad del Padre la vemos en el Hijo; imitando al Hijo, imitamos al Padre: Qui videt me videt et Patrem meum» (p. 6). Contempla sobre todo a Jesús como mediador: «El Divino Maestro es nuestro Mediador, es decir nuestro Camino para ir al Padre»; subraya cuatro aspectos de esa mediación en la que el Maestro es Camino hacia el Padre: la adoración, la acción de gracias, la satisfacción, la intercesión; y dice: «Nosotros adoramos en Cristo y, haciéndolo en él, nuestras adoraciones son agradables al Padre celestial. En segundo lugar, damos gracias al Padre en Jesucristo y por Jesucristo, quien, como dice el Evangelio, agradecía frecuentemente al Padre todos los dones que le había dado como hombre: gratias agens. [...] En tercer lugar, Jesucristo es el Camino para satisfacer nuestras deudas ante el Padre. La humanidad obtiene el perdón de los pecados por Jesucristo. Cuantas veces se celebra la Misa, se le da al Padre una digna satisfacción. En cuarto lugar, por Jesucristo pedimos al Padre las gracias necesarias y las obtenemos por él, sólo por él. Es preciso que nos presentemos al Padre llevando el Crucifijo y le digamos: Réspice in faciem Christi tui. Cristo es el Camino, no hay otro. Quien no cree en Jesucristo no puede agradar al Padre» (pp. 5 y 6).

La dimensión litúrgica. En la meditación de noviembre, el Fundador propone el año litúrgico como ámbito privilegiado donde vivir la devoción al Maestro, pues «en el año litúrgico pasan ante nosotros, por así decirlo, todas las virtudes de Jesús. La Iglesia, mediante la liturgia, que puede llamarse también "el libro del Espíritu Santo", continúa cumpliendo la misión asignada por Jesús: Euntes, docete omnes gentes [...] docentes servare omnia quæcumque mandavi vobis» (p. 9). En la Iglesia, el discípulo se nutre de la vida del Maestro, que se le comunica por la gracia de los sacramentos; éstos tienen una importancia fundamental en el discipulado paulino, no sólo en sí sino como pedagogía de crecimiento en el Maestro.

La dimensión apostólica. En la posguerra se produce el desarrollo de los medios de comunicación. El P. Alberione los mira con discernimiento, pero los acoge también como un don de lo alto, para imprimir a la Palabra, como él quisiera, "la velocidad de la luz" (cfr CVV 156). De un apostolado monomedial (prensa) se pasa a la multimedialidad (cine, radio, minimedios, discos, etc.). Un paso que lleva consigo una exigencia de profesionalidad más compleja, sobre todo en la técnica. Leyendo las meditaciones y las circulares de aquellos años, se nota el fuerte nexo que él establece entre medios, contenidos y Cristo Maestro. Aquí sería necesario un profundo análisis. Nos contentaremos de momento con algunas citas: «La providencia, en la Familia Paulina, es abundantísima, incluso para cuanto concierne al apostolado. Vemos que éste dispone de medios eficaces, de medios amplísimos, modernos, porque tiende a utilizar los resultados de la ciencia y ponerlos al servicio del Evangelio, del Maestro Divin.(30) Se trata de un nexo no teórico sino que involucra a toda la persona del apóstol en sus opciones y en su estilo de vida. Significativa al respecto es la meditación de 1961: «¿Cuántas veces os planteáis el gran problema: dónde camina, cómo camina, hacia dónde camina esta humanidad que se renueva continuamente sobre la faz de la tierra? La humanidad es como un gran río que va a desembocar en la eternidad: ¿se salvará o se perderá para siempre? Dedit eis potestatem filios Dei fieri. [...] ¡Cuántas palabras vacías, incluso en alguna revista (nuestra)! Si no llevamos las almas a Dios, no las salvamos. [...] ¡Y eso que tenemos en nuestras manos medios tan potentes, brindados por el progreso y que demasiado a menudo se emplean para el mal! ¡Qué gran responsabilidad ante el tribunal de Dios, si no usamos estos medios para procurarle hijos! Hemos de incorporarnos a Jesucristo Maestro; ¿y qué vino a hacer el Maestro Divino? Vino a evangelizar: "Vine al mundo a predicar la verdad". También vosotros/as habéis venido al mundo para predicar la verdad, y no las verdades que atañen a la vida presente (aunque lo humano sirve para preparar y recibir lo concerniente a la vida futura), sino las que incumben a la vida eterna. Jesús ha dicho, ¡pensadlo bien!, yo he sido luz para el mundo, pero ahora sois vosotros la luz del mundo. Hemos de pensar en Cristo Jesús, injertarnos en él, meditar lo que él hizo y cómo vivió. Honrar, pues, a Jesús Maestro, ahondar siempre más en esta devoción e incorporarnos en Jesucristo [...]. Incorporar en Jesucristo la cabeza, el corazón, la mente, las actividades, las obras, todo el apostolado. Sentir a las almas, sentir la misión, la vocación...» (SdC 232-233). (regrese al somario)

Sigue: La devoción a Jesús Maestro en la Regla de vida

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 Jesús Maestro ayer, hoy y siempre   Excursus histórico-carismático

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