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JESÚS MAESTRO:
una espiritualidad para la misión


Orientaciones del P. Alberione a las Hijas de San Pablo

Actas del Seminario internacional sobre
"Jesús, el Maestro"
(Ariccia, 14-24 de octubre de 1996)

por Caterina Antonietta Martini fsp

 

IV. LA RESPUESTA A LA PROFECÍA ALBERONIANA:
Jesús Maestro en las obras y experiencias espirituales de las FSP

2. Algunas experiencias de itinerario espiritual siguiendo al Maestro

Lo más importante es constatar que las FSP, como por lo demás todos los miembros de la Familia Paulina, ven en la devoción al Divino Maestro la pista indicada por Dios para el proprio camino de santidad. La enseñanza del Fundador se transforma así en itinerario espiritual concreto, y esto es tanto más verdadero ahora cuando ha sido proclamada la heroicidad de las virtudes del P. Alberione, proponiéndole así la Iglesia como modelo de santidad. La primera gran experiencia espiritual que profundizar es precisamente la suya, y luego la de otros Paulinos, como el beato Giaccardo; de todos modos no me toca a mí hacerlo en esta sede. Me limitaré, por fidelidad al tema encargado, a mirar a algunas FSP crecidas en la escuela del Fundador. A modo de ejemplo, establezco un paralelo entre dos itinerarios espirituales, todavía por estudiar en profundidad: el de la Maestra Tecla Merlo y el de la Maestra Nazarena Morando.

A) La Primera Maestra Tecla: "Aprended de mí"

Después de los PP. Tito Armani y Desiderio Costa, la Maestra Tecla es la primera seguidora del P. Alberione, entregada totalmente a su proyecto fundacional. La encontramos entre las primeras nueve jóvenes que en 1922 emiten los votos y, junto a su nuevo nombre, toman el apelativo de "Maestra" en obsequio al Divino Maestro. A ella, como Superiora general, se le confía la comunidad y en 1929, con la aprobación diocesana, se la denomina "Primera Maestra". Sin duda, tras regresar de Susa (marzo de 1923), la Maestra Tecla respira a pleno pulmón cuanto el Fundador inculca en la Casa Madre. Se deja conquistar, como todos, del gran entusiasmo por la difusión del Evangelio, así como por la intensidad de la vida eucarística de la Casa y la pasión por la santidad que a todos invade: asimila profundamente las instrucciones alberonianas, que ella misma anota o hacer anotar con esmero, para hacerlas luego llegar, sencillamente ciclostiladas, a todas las hermanas y a veces a toda la Familia Paulina. En aquellos años difíciles del ventenio, la Maestra Tecla lleva adelante su cometido, como consta en sus notas personales, con profundo sentido de la propia inadecuación, completamente a oscuras de lo que Dios va tejiendo en el posible desarrollo de la Obra. En semejante contexto asume el valor de símbolo el apunte de la meditación del Fundador (anotado el 27 de noviembre de 1927): «Hemos terminado la primera parte de la orientación [...]. Ahora veamos el camino a seguir para llegar a la santidad. Hemos de tener un modelo que imitar, y es Jesús Camino, Verdad y Vida: el Divino Maestro. Él nos enseñará, nos trazará la senda, más aún, él mismo es nuestro Camino».(56)

Para Tecla Merlo el Maestro es verdaderamente el Camino, quien lo guía todo; es el Hijo obediente que hace siempre la voluntad del Padre; es el Camino para ir al Padre. Seguir al Maestro significa escucharle, imitarlo, llegar a ser hijos. «Nuestro Maestro habita en el Sagrario; desde allí predica a la inteligencia y al corazón con el Evangelio [...]. Es necesario vivir siempre unidos a Jesús. Quien está unido a Jesús es morada de la SS. Trinida.(57) En estos apuntes de 1927 está ya in nuce lo que será su camino espiritual. Simplificando un poco, podemos sustanciar algunos elementos que advierten el método paulino:

a) La escucha (verdad). Resalta en la meditación sencilla y vivencial de la Palabra de Dios. Para la Primera Maestra, el Evangelio es el alimento del Maestro. En aquellos años de pobreza extrema, ella dirá a las hermanas con gran confianza: «El Padre enviará cada día el alimento, el vestido [...]. Nos nutriremos de las carnes inmaculadas del Salvador, estaremos unidas a su Evangelio» (enero de 1932). Las cosas «escritas allí», en el Evangelio, le dan certidumbre absoluta porque las ha dicho el Maestro (cfr VPC 140).

Medita todo el Nuevo Testamento, pero en su camino de fe tienen plaza particular:

b) La imitación (camino). Su meditación, aun con el lenguaje tradicional, es una verdadera atención a la persona de Jesús, el Maestro. De la escucha, ella pasa a una mirada constantemente puesta en Jesús Maestro, atraída por la frase evangélica: «Aprended de mí que soy sencillo y humilde» (Mt 11,29). La imitación se extiende a toda la vida del Maestro con un intenso deseo de reproducirlo en todos sus misterios. Su propósito constante es: «Imitar a Jesús, el Divino Maestro. Decir siempre: ¿Cómo haría Jesús? Quiero imitar al Divino Maestro y hacerme santa» (enero de 1932). «Jesucristo como modelo; mirar siempre a Jesús: cómo oraba, hablaba, caminaba, trataba con las personas, cómo sufría gustosamente por nosotros, etc. El esfuerzo del alma religiosa ha de ser copiar el modelo Jesús, el Maestro Divino» (Ej. esp. 1934). «Los ejemplos del Divino Maestro» (mayo 1951); «Imitar a Jesús, Maestro por excelencia [...]» (enero 1955).

c) Vivir del Maestro (vida). A partir de la imitación, la Primera Maestra avanza a un nivel más profundo: el compartir la vida, el ensimismamiento, la conformación. Sabemos que esta etapa tiene como punto cimero la vivencia de la Pascua del Maestro, la unión a él en la oferta de la propia vida, hecha particularmente en favor de las FSP que le están confiadas, pero también por la Iglesia, el Concilio, el Fundador y toda la Familia Paulina.(58)

Ya vimos cómo la Maestra Tecla se siente guiada a descansar en el Maestro que actúa en su alma. Las notas espirituales de 1963 revelan una adhesión total al Maestro, con matices significativos: «Vivir la unión con Dios como san Pablo, "Mi vivir es Cristo". Hacerlo todo por él, con él, en él» (3 junio 1963). «Estar unida a Jesús. Pensamientos que sean los suyos, voluntad que sea la suya. Amar a Dios Padre sobre todas las cosas por él y con él. Sacrificio por las almas» (22 enero 1963). «Imitar a san Pablo en su unión con el Maestro Divino: "¿Quién me separará del amor de Cristo"» (24 enero 1963). «Hoy mayor intensidad de vida con Jesús Maestro. Todo con él: unidad» (27 enero 1963). «Estar unida al Maestro Divino. Aprender de la Sagrada Familia el silencio externo e interno» (30 enero 1963).

Además la Primera Maestra se va haciendo cada vez más sensible a las relaciones del Maestro Divino con el Padre. También para ella se trata de entrar en esas relaciones, sobre todo a través del misterio de su obediencia: «Jesús hizo siempre la voluntad del Padre; yo quiero hacer siempre la voluntad del Padre; quiero ver en todas las cosas su voluntad» (febrero 1963). «Quiero vivir tu obediencia, oh Jesús. Es Jesús quien vive en mí con el Padre y el Espíritu Santo [...]. Estar unida al Maestro Divino» (febrero 1963).

Esta intimidad con el Maestro forma a la Primera Maestra como mujer abierta a las necesidades de la humanidad, mujer entregada de lleno a la misión. Cuando fue la primera vez a India, frente a las muchedumbres que no conocen al Maestro siente «estremecérsele el corazón» (cfr VPC 104), lo que recuerda inmediatamente la compasión de Jesús por la gente. Contemplando al Maestro que pasa «haciendo el bien», sintetiza su sentido de la misión en tres expresiones: «hacer el bien» (cfr VPC 140), «ayudar a las almas» (cfr VPC 166), «contribuir a su salvación» (cfr VPC 124). Es su modo para realizar en sí la vida del Maestro.

B) Maestra Nazarena: «Vive en mí Cristo»

Otra persona que creyó de modo extraordinario y acogió "las riquezas del Maestro Divino" indicadas por el Fundador, fue Maestra Nazarena Morando. Entró en Susa el año 1919, murió en Alba el 5 de junio de 1984. Primera redactora de Familia Cristiana, maestra de novicias por más de treinta años, traductora de las obras de santa Teresa de Ávila, consejera general durante varios mandatos, vicaria general, en los últimos años volvemos a encontrarla en Alba ocupándose del apostolado técnico como al principio de su vida paulina.

Leyendo algunas notas espirituales de sus últimos años de existencia, se percibe que M. Nazarena hizo de las indicaciones del Fundador la orientación definitiva para su rumbo personal. Para ella Jesús es «mi Divino Maestro» y desea que todo converja en él: «Mi conversión sea una total convergencia en Cristo; que todo mi ser, mente, voluntad, corazón, sentidos, cuerpo converja en Cristo, mi Maestro, Rabbuní».

Su camino interior está constantemente iluminado por el Evangelio de la transfiguración, donde capta para sí la invitación del Espíritu a ser "hija amada" del Padre, como el Hijo. Escribe en febrero de 1983: «Revísteme de ti, de modo que el Padre celestial, mirándome, pueda decir: "Esta es mi hija amada, en la que me complazco". Para ello cultivaré en mi corazón los sentimientos de amor filial de Jesús al Padre. Vida de identificación con el Maestro Divino. Jesús, mi guía, mi todo». «Pero yo soy mísera e incapaz de cumplir esta transformación: tienes que hacerlo todo tú; tú que me das este ardiente deseo, tú debes realizarlo». La gran confianza la lleva a osar y exigir.

Su experiencia espiritual está sobre todo plasmada por el texto de Gál 2,20 percibido como una llamada personal. Escribe en 1973: «¿Para qué me ha llamado el Señor? Para su gloria, para mi santificación haciendo vivir en mí a Cristo [...]. Señor, te agradezco que desde hace muchos años has hecho sentir a mi alma esta invitación: vivir en Cristo, vida de identificación con Cristo». «"Para mí vivir es Cristo - Ya no vivo yo sino que Cristo vive en mí". Este es el núcleo esencial de la espiritualidad paulina. Esta es mi gran aspiración. Esta es la meta que deseo alcanzar [...]. Soy consciente de mi pequeñez y pobreza, pero siento siempre vivo el deseo de corresponder a tu invitación: vivir en Cristo» (1981). «Quiero seguirte, no sólo caminando detrás de ti, sino viviendo como tú; más aún, quiero que tú vivas en mí; que vivas en mi mente, en mi corazón, en mi voluntad. Quiero llegar al "Ya no vivo yo, Cristo vive en mí"».

La llamada íntima al "vive en mí Cristo" se realiza profundamente en un período congregacional e histórico de los más difíciles, el del cambio cultural (1965-1984). M. Nazarena no elude los golpes ni se retira aparte; al contrario, asume este tiempo como tiempo de gracia y con el espíritu de María: pocas explicaciones y abandono total; así responde al Maestro que «la conduce al desierto».

Llega un momento en que ella, como la Primera Maestra, vive el aspecto más pascual de la vida del Maestro: se preocupa del fatigoso camino de la Congregación y de la Iglesia; se une al Maestro en la oblación de sí misma y ofrece la propia vida al Padre, como víctima: «Señor, amo mi Congregación más que mi vida, deseo que todas las hermanas vivan en plena coherencia los compromisos de nuestra consagración, me atormenta y apena ver tantas cosas que afean el rostro de las almas que tú has llamado y amado con amor de predilección, temo que se ofenda a tu Corazón divino y que esta Familia querida, suscitada y guiada por ti no corresponda a tus designios de amor. Por eso, Señor, guiada y solicitada por tu Espíritu, me ofrezco enteramente como pequeña víctima. Me ofrezco para mayor gloria tuya, por toda la Iglesia, por el Papa, por los sacerdotes, por los religiosos y las religiosas, por toda la Familia Paulina y de modo especialísimo por las Hijas de San Pablo. Me ofrezco en reparación de todas las defecciones, deficiencias, contestaciones, murmuraciones [...]. Señor, estoy dispuesta a aceptar de tus manos paternas cuanto quieras disponer para hacer efectiva esta mi oferta».

Son pequeños detalles, pero manifiestan que estas FSP, como muchas otras, han entregado su existencia al proyecto espiritual del P. Alberione y en él han realizado la propia vida de fe en beneficio de la Iglesia, no sólo con su actuar y ser, sino, como el Divino Maestro, dando la vida (que es el ápice del amor).

Muchas otras cosas podrían decirse, además de estas breves notas enunciadas sólo para suscitar el deseo de profundizar en ellas. (regrese al sumario)

Conclusión

He intentado hilvanar no una teoría sino una experiencia que presenta muchos repliegues. La devoción a Jesús Maestro, para las FSP y para la Familia Paulina, no es un hecho devocional o intelectual sino que involucra toda la vida, orienta el apostolado, se hace proyecto espiritual para el pleno desarrollo de la fe. Cuanto más se la considera, tanto más se advierte que es el centro donde se unifican vida, vocación y misión. Es de veras el punto neurálgico del proyecto paulino. Yo veo en ella:

a) una interpelación urgente para nosotros/as: Jesús Maestro es la fuente del apostolado, de la comunidad, de la consagración. Hay que considerarlo todo a partir de él y asentar en él el proyecto de vida de la Congregación y de cada miembro;

b) una misión que vivir y anunciar en la Iglesia; el carisma paulino tiene aquí su profundidad y fecundidad: manifestar e irradiar al Maestro Divino, viviente en nosotros, anunciarlo a todo el mundo con todos los medios. No se trata tanto de hacer cosas, sino ante todo de enrolarnos nosotros mismos en la escuela de Jesús Maestro con un serio trabajo espiritual y de evangelización, que para el Fundador tenía su entraña en la redacción: «No sustraer lo que es importante, o sea el trabajo espiritual y el trabajo de redacción, pues entonces no seríamos Paulinos. ¡Y hay que serlo! [...] Primero paulinos, primero religiosos, después haremos esto y lo otro» (2 dic. 1954). Pero el anuncio resulta vacío si nuestra vida no está escondida, como la de Pablo, en Cristo;

c) una instancia formativa traducida en la elaboración de una pedagogía paulina que motive, estimule, acompañe y sostenga el camino de crecimiento en Jesús Maestro en todos los ámbitos.

Desde un punto de vista histórico, una simple compulsación de fechas puede hacernos percibir la actualidad de la devoción a Jesús Maestro. La orientación para el naciente siglo XX era seguir a Cristo en cuanto Camino, Verdad y Vida (cfr TF). La orientación para el mismo siglo, cuando está cerrándose y abriéndose a un nuevo milenio, sigue siendo aún Cristo ayer, hoy y siempre (cfr TMA 2-8). La Iglesia «cree encontrar en su Señor la clave, el centro y el fin del hombre, así como de toda la historia humana» (GS 10, en TMA 59).

En el tercer milenio, la Iglesia quiere, y nos lo pide también a nosotros, que seamos más expertos/as en lo constitutivo del núcleo del carisma: Cristo Maestro Camino, Verdad y Vida. En el mundo de la comunicación, mundo de noticias fragmentadas, mundo de la apariencia, estamos llamados a vivir la experiencia misma de Pablo: «Decidí ignorarlo todo excepto a Jesucristo, y a éste, crucificado» (1Cor 2,2). Como al principio el corazón del apostolado de la prensa era el Maestro, también hoy, comunicación y comunicadores no pueden recibir toda la luz más que de él, el Maestro. (regrese al sumario)

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 Jesús Maestro ayer, hoy y siempre   Excursus histórico-carismático

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