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JESÚS MAESTRO EN EL NUESTRO APOSTOLADO
SECUNDO DON ALBERIONE


Actas del Seminario internacional sobre
"Jesús, el Maestro"
(Ariccia, 14-24 de octubre de 1996)

por Teófilo Pérez ssp

 

Notas

1 «Con el Seminario internacional sobre "Jesús, el Maestro" se concluirá una fase importante para la constitución del corpus doctrinal del carisma paulino. Este patrimonio nació con la intuición original del Fundador, desarrollándose después con su predicación, sus escritos, sus obras. Se ha condensado, luego, en algunos códigos fundamentales, como son los Documentos Capitulares (1969-71), las Constituciones y Directorio (1984) y los documentos de los Capítulos generales. Otros códigos, menos solemnes pero de innegable importancia, son [las conclusiones del Encuentro de estudio "Al centro está Jesucristo Camino, Verdad y Vida" (1984), las conclusiones del] Seminario internacional de los Editores Paulinos [1990], la Ratio Formationis [1990], A propósito de la 3ª Prioridad [1992], Formación paulina para la misión [1994]. [...] Este segundo grupo de documentos ofrece una serie de pautas preciosas para las diversas actividades de la vida cotidiana. [...] Se trata siempre de documentos que desarrollan, en forma lineal y clara, la riqueza carismática paulina. Por tal motivo deberían ser motivo de consideración atenta y asumidos por todos» (Introducción del Superior general a la Asamblea Intercapitular, mayo 1995; cfr SP, n. 394, mayo 1995, 12). (regrese al texto)

2 «Escribía el P. Alberione en su Diario (p. 14), a los dieciocho años: "El hombre ha sido creado para actuar". A los ochenta y cinco cumplidos, se dirigía al doctor que le curaba desde hacía tiempo y le decía en tono suplicante, esperando que supiera hallar una vez más el secreto para restituirle las apagadas energías: "¡Pero yo tengo que trabajar!". Entre estas dos fechas sería empresa bastante ardua encontrar en la vida del P. Alberione una hora de ocio o de simple distensión. [...] Al contrario del canónigo Chiesa, su maestro, que era, como él, avarísimo de su tiempo, pero que habría podido tomar como lema nobiliario Hacer bien, el P. Alberione era llevado por temperamento a hacer mucho; más aún, a hacer todo, al menos en el campo en que se desenvolvía su actividad. Por eso usaba con natural seriedad ciertas frases enfáticas: "Mientras haya un alma que salvar, no podemos descansar"; y el adjetivo todo menudeaba en sus discursos lo mismo que en sus escritos, especialmente en la edad avanzada» (L. Rolfo, P. Alberione, apóstol de la comunicación social, ed. española, Madrid 21980, 365-366). Los mismos conceptos en G. Barbero, Il sacerdote G. Alberione, un uomo-un’idea, SSP Roma 21991, 312s). (regrese al texto)

3 S. Garófalo, Il volto di Gesù Maestro, SAS, 32 pp., Roma 1944. (regrese al texto)

4 Este aspecto me lo sugirió el P. Benito Spoletini, quien ha tratado brevemente el tema en La Cruz en el apostolado de la comunicación social, opúsculo de 24 págs., pro manuscrito, Santiago de Chile 1996. El autor cita una conferencia pronunciada por el P. Doménico Valente a los juniores de Roma en octubre de 1981: "El sufrimiento, principio y elemento esencial de la espiritualidad paulina, visto en San Pablo, en Don Alberione, en cada paulino". (regrese al texto)

5 Tomo estos breves apuntes sobre la narratología de las líneas expuestas por M. Navarro en Barro y aliento, EP Madrid 1993, 423-430. Cfr A. del Agua, La interpretación del "relato" (story) en la doble obra lucana, en Estudios Eclesiásticos, abril-junio 1996, 169-214. (regrese al texto)

6 El mismo "mensaje de salvación" (o historia salvífica) tiene una estructura narrativa: los cristianos somos personas que escuchamos, aceptamos y testimoniamos la gracia del amor realizado una vez por todas y para siempre en Cristo. No podemos definir ese mensaje en abstracto, con métodos de filosofía o de sabiduría (que 1Cor 1,17-30 presenta como secundaria). Somos lo que somos por historia, o sea en relación a un pasado y con un grupo social en el que estamos entroncados y en cuyo centro se encuentra Jesús (cfr X. Pikaza, Antropología bíblica, Sígueme, Salamanca 1993, 346-347). (regrese al texto)

7 El tema de "predicar con la vida" más que con las palabras, o al menos tanto, es clásico y está en la base de la "ejemplaridad". Cfr por ejemplo, San Gregorio Magno, en su Comentario al libro de Job: «Cuando Pablo dice a su discípulo: "De esto tienes que hablar, animando y reprendiendo con autoridad" (Tit 2,15), no es su intención inculcarle un dominio basado en el poder, sino una autoridad basada en la conducta. En efecto, la manera de enseñar algo con autoridad es practicarlo antes, ya que la enseñanza pierde toda garantía cuando la conciencia contradice las palabras» (en Liturgia de las Horas, Miércoles de la IX Semana del Tiempo Ordinario). (regrese al texto)

8 La involucración de todas las facultades de la persona (o integralidad) fue una de las constantes del P. Alberione, como tendremos ocasión de ver luego. Y bien, hoy casi todos los autores que tratan las relaciones entre la "razón teórica" y la "razón práctica" concuerdan en afirmar y subrayar las íntimas conexiones existentes entre reflexión y pulsión, entre el desear/querer y el pensar. Sólo el deseo puede incitar nuestro aparato anímico al trabajo, a la acción. El pensamiento (definido como "una desviación de la experiencia") no pierde nunca su carácter de "interesado" ni sus vinculaciones con el satisfacer necesidades profundas. El pensamiento se muestra débil bajo la presión de los deseos. No atinan quienes consideran la inteligencia como un poder independiente de la vida volitiva y sentimental. Nuestro intelecto frecuentemente se comporta como un instrumento en manos de la voluntad y produce el resultado que ésta le encarga. No es extraño, pues, constatar que muchas veces los argumentos lógicos muestran la propia impotencia frente a los "intereses" de la afectividad. El deseo triunfa y se impone al pensamiento, empujando de ese modo la dinámica del ideal que frecuentemente florece en los campos de la religión (cfr C. Domínguez Morano, en Razón y Fe, mayo ’96, 475s). (regrese al texto)

9 Algunos de estos conceptos han quedado ya apuntados en las ponencias precedentes, por ejemplo al hablar de Pablo y de su "lenguaje narrativo del recuerdo", o afirmando que Pablo "no toma la perspectiva de una especulación teórica, abstracta, sino la sustancia de una iniciativa divina históricamente realizada", etc. (regrese al texto)

10 Toda evolución válida procede de lo "instituido" (las formas concretas de vida o sistemas) hacia la utopía creadora, mediante cambios transformadores a la búsqueda de un nivel superior o ideal (cfr Pikaza, o.c., 175-176). (regrese al texto)

11 L. Dufour, Vocabulario de Teología bíblica, Herder, Barcelona 1965, voz "vocación". (regrese al texto)

12 Estos llamamientos-envío son la regla común en las vocaciones bíblicas. Así en el AT, Dios llama a: —Abrán: «Sal de tu tierra nativa, de la casa de tu padre, a la tierra que te mostraré» (Gén 12,1); —Moisés: «Viendo el Señor que Moisés se acercaba a mirar, le llamó desde la zarza: "Moisés, Moisés". Respondió él: "Aquí estoy". Dijo Dios: "No te acerques... Yo soy el Dios de tu padre... He visto la opresión de mi pueblo en Egipto... Y ahora, anda, que te envío al Faraón para que saques de Egipto a mi pueblo, a los israelitas"» (Ex 3,4-10; Dios no pide a Moisés su adhesión, no le pide mantenerse unido a él, sino que se le adelanta: "Yo estoy contigo, y ésta es la señal de que yo te envío: que cuando saques al pueblo de Egipto, daréis culto a Dios en esta montaña": Ex 3,12); —Amós: «Yo no era profeta ni de un gremio profético; era ganadero y cultivaba higueras. Pero el Señor me arrancó de mi ganado y me mandó ir a profetizar a su pueblo, Israel» (Am 7,14-15); —Isaías: «El año de la muerte del rey Ozías vi al Señor sentado sobre un trono alto y excelso... Y voló hacia mí uno de los serafines con un ascua en la mano... Entonces escuché la voz del Señor, que decía: "Vete y di a ese pueblo: Oíd con vuestros oídos...". Pregunté: "¿Hasta cuándo, Señor?". Y me contestó: "Hasta que se desmoronen las ciudades despobladas y las casas deshabitadas, y queden los campos desolados"» (Is 6,1-11). —Jeremías: «El Señor me dirigió la palabra: "Antes de formarte en el vientre te escogí, antes de salir del seno materno te consagré y te nombré profeta... No digas que eres un muchacho: que a donde yo te envíe, irás; lo que yo te mande, lo dirás"» (Jer 1,4-7); —Ezequiel: «Y el Señor me dijo: "Hijo de Adán, cómete este rollo y ve a hablar a la casa de Israel... y diles mis palabras"» (Ez 3,1-4). Y en el NT, Dios llama a: —Juan Bautista: «Y a ti, niño, te llamarán profeta del Altísimo, porque caminarás delante del Señor, preparándole el camino; anunciando a su pueblo la salvación por el perdón de los pecador» (Lc 1,76-77); —María: «No temas, María, que gozas del favor de Dios. Mira, concebirás y darás a luz un hijo, a quien llamarás Jesús» (Lc 1,30-31). —los Apóstoles: «Subió Jesús al monte, convocó a los que él quería y se acercaron a él. Entonces constituyó a doce, para que estuviesen con él y para enviarlos a predicar» (Mc 3,13-14). (regrese al texto)

13 F. Ciardi, I fondatori, uomini dello Spirito, Città Nuova, Roma 1982, 225-226. Esto se aplica también a los seguidores de un fundador: «...La llamada de Dios, tanto en el AT como en el NT, así como en la historia personal de muchos fundadores, es para realizar una misión. Consagrarse a Dios no significa, pues, en primer lugar, buscar un puesto de mayor afinidad directa con lo divino, sino dedicarse en cuerpo y alma a realizar la voluntad de Dios: así se hace el religioso afín a Dios. En esa respuesta irá realizando la dimensión teologal de su vida, irá conociendo a Dios (que es "amor" y quiere la vida de los pobres). Considerados los votos teologalmente, la obediencia dice la disposición a escuchar siempre la palabra nueva de Dios; la castidad dice que Dios es mayor que todo, incluso que las estructuras buenas de la creación; la pobreza dice que existe un vaciamiento histórico de Dios, quien se hace absolutamente cercano a lo pequeño y lo perdido de este mundo. La oración y contemplación, que históricamente describen buena parte de la vida religiosa, es el modo de discernir la voluntad de Dios, de poner el mundo real ante los ojos de Dios y pedir ver a ese mundo con los ojos mismos de Dios ("contemplación en la acción"). Jesús llama a "estar con él" y a "ser enviados" (Mc 3,14). La persona de Jesús causa fascinación y apasionamiento: un amor que no debe reducirse a lo afectivo, sino que debe traducirse en el sensus Christi, en "tener los mismos sentimientos de Cristo" (Flp 2,5) y en la disposición a ser enviados a la misión, reproduciendo la estructura fundamental de la misión de Cristo. La misión precede, como finalidad, lógicamente a la propia perfección. Ésta debe incluirse en la finalidad de la vida religiosa, pero a través del servicio apostólico. Los tres votos han de ser entendidos como una forma de vida que, en su conjunto, asemejan a Jesús y posibilitan la radicalidad del servicio, pues generan libertad y eficacia para la misión» (cfr Jon Sobrino, Vida religiosa, en Conceptos fundamentales del cristianismo, Trotta, Madrid 1993, 1466ss). (regrese al texto)

14 Para el caso concreto de Moisés, cfr L. Alonso Schökel, Esperanza, meditaciones bíblicas, Sal Terræ, Santander 1991, 149; Id, La misión de Moisés, Sal Terræ, 1989, 33-46. «...Presupuesto fundamental de la espiritualidad cristiana es la honradez y fidelidad a la verdad de lo real (Jon Sobrino). El aprisionar la verdad en la injusticia (cfr Rom 1,18) es lo que dificulta la revelación y la comunicación de Dios y lo que se constituye en fuente de condenación. [...] La espiritualidad cristiana debe centrarse cristológicamente en torno a la misión. Con este principio se subraya el carácter misional de la espiritualidad cristiana: es algo que se recibe y se cultiva para ser transmitido; es algo que se actualiza en la praxis apostólica del anuncio y de la realización del reino de Dios. No se puede separar el momento espiritual del momento misional; no se puede separar el momento de la contemplación del momento de la acción, como si los primeros fueran el lugar de encuentro con Dios y los segundos el lugar de encuentro con los hombres. Esto no niega que puedan separarse metódicamente el momento de recogimiento/discernimiento y el momento de comunicación. Pero no por ello se privilegia el momento de apartamiento sobre el momento de compromiso. La contemplación misma debe ser activa, esto es, orientada a la conversión y a la transformación; y la acción debe ser contemplativa, esto es, iluminada, discernida, reflexiva. Las dos grandes fuentes de esta espiritualidad encarnada, cada una con sus respectivas ayudas, son la Palabra de Dios en la Escritura y en la Tradición y la Palabra de Dios en la realidad viva de la historia y en la vida de los hombres llenos de Espíritu» (cfr I. Ellacuría, Espiritualidad, en Conceptos..., 417-418) (regrese al texto)

15 «De las experiencias pasadas, considerando el camino recorrido, pueden sacarse muchas conclusiones útiles... La historia de la vida transcurrida es maestra para la vida que todavía se espera de Dios» (UPS I, 14). (regrese al texto)

16 Ver, por ejemplo, en UPS I, 86-87 el proyecto-sueño para doblar el número de vocaciones. (regrese al texto)

17 G. Alberione, Abundantes divitiæ [gratiæ suæ]. Historia carismática de la Familia Paulina. Edición crítica, EP 1985 [Sigla AD], n. 13. Ed. española, Las abundantes riquezas..., Madrid 1982, n. 13. (regrese al texto)

18 Este paso casi imperceptible, pero siempre real, de la interioridad a la acción, es una de las características alberonianas más relevantes: «Después de haber permanecido encerrado en la habitación, salía recuperado, con las ideas claras, y se ponía manos a la obra», recalca él mismo (AD 47). Y Pablo VI lo retrató así: «Miradlo: humilde, silencioso, incansable, siempre alerta, siempre ensimismado en sus pensamientos que van de la oración a la acción...» (Audiencia del 28 junio 1969). (regrese al texto)

19 La idea queda remachada en el n. 21 de AD: «Desde entonces estos pensamientos dominaron el estudio, la oración, toda la formación». Expresión análoga encontramos en el beato Timoteo Giaccardo, cuando en su Diario [ed. 1996 a cargo del CSP, Roma, pág. 44; cfr también págs. 46, 48, 53, 54, 76, 79, 81, 103-107, 200] escribía el 28 de febrero de 1917: «La Prensa católica es la idea-reina de mi vida, idea que se vuelve cada vez más compleja y concreta: señora de mi mente, de mi voluntad, de mi corazón; sol ante el cual se esfuman las demás ideas, resultante de cuanto estoy haciendo. Por la Prensa rezo, para formarme apóstol de la Prensa rezo con desacostumbrado fervor, lucho con pasión. Se desarrolla en mí, en todas sus partes, esta idea: la Prensa es la misión actual de Jesucristo, que debe impregnar con la fe la sociedad de la civilización cristiana; es misión de propagación y penetración del Evangelio». Y algo más adelante (p. 88, el 1 de noviembre de 1917): «He presentado a Dios por María Inmaculada y San Pablo el voto de pureza, obediencia, pobreza y de permanencia en la Casa para trabajar por la buena Prensa». En estas actitudes del P. Alberione y de su discípulo Timoteo Giaccardo se entrevé ya la profunda simbiosis entre contemplación (consagración) y acción que entrambos, "contemplativos activos", llevarán durante toda su vida. «No hay verdadera oración —dirá más tarde el P. Alberione— si la mano está en desacuerdo. Así pues, oración y trabajo; o sea acción que procede de la oración» (SP, sept.-oct. 1953; cfr CISP 1040; Pensamientos, ed. esp., Madrid 1986, n. 253). (regrese al texto)

20 Podemos divisar en la vocación del joven Alberione los tres momentos típicos de la Palabra de Dios en quien es interpelado por ella y siente las relativas consecuencias: 1) Palabra de llamada: yo soy porque Alguien me espabila, me abre el oído y me hace capaz de responder; la Palabra me crea, como proyecto humano, invitándome a vivir; 2) Palabra de autorealización: la persona asume como propia la Palabra y puede responder, autocreándose en cierto sentido; la Palabra deviene conciencia y pensamiento, o sea proyecto; podría decirse que el hombre es su palabra, lo que responde a Dios, abriendo así en la propia vida un puesto para la Palabra que le fundamenta; 3) Palabra de apertura al futuro: la llamada viene de fuera, de Dios (aunque él sea el "intimior íntimo meo"), y así nos hace avanzar más allá de nosotros mismos; somos en la medida en que nos proyectamos y crecemos hacia lo que nos supera: el futuro, o la utopía, el proyecto de vida (cfr X. Pikaza, o.c., 101-102). (regrese al texto)

21 La decisión de hacerse sacerdote la había tomado siendo muy niño, a los seis años, ante sus compañeros de escuela, cuando fue interrogado por la maestra Cardona. Se trató, como refiere él mismo, de «la primera luz clara: antes había sentido en el fondo del alma cierta tendencia, pero de forma oscura, sin consecuencias prácticas». En cambio, desde aquel día: «le trajo consecuencias: el estudio, la oración, los pensamientos, el comportamiento y hasta los recreos se orientaban en aquella dirección» (AD 9). La misma reacción positiva se repetirá cuando decida dedicarse a la específica misión, cuando «de la Hostia vino una luz especial» (AD 15), y finalmente cuando tomará la decisión de elegir la estructura más adecuada para actuar la misión: «Pronto, hacia 1910, con una mayor luz..., dio un paso definitivo: escritores, técnicos propagandistas, sí; pero religiosos y religiosas» (AD 23). Son característicos estos pasos de una menor a una mayor comprensión: «Tuvo momentos de mayor gracia que determinaron su vocación y misión especial. Primero, la vocación sacerdotal; segundo, la orientación específica de la vida; tercero, paso de la idea de organización de católicos a la idea de organización religiosa...» (AD 7, 2ª redacción). (regrese al texto)

22 También algunos años más tarde, cuando Don Alberione era ya sacerdote y director espiritual del seminario, «sentía [tal oficio] como un vestido demasiado estrecho que le impidiera moverse. Había demostrado que amaba y lograba éxitos en la cura de almas, pero no llegó a convencerse jamás de que aquélla fuera la ruta que el Señor le asignaba. Se lo confió a un amigo, entonces seminarista, monseñor Juan Gallo: [...] "El oficio de vicepárroco no me satisface", le decía el P. Alberione. "¿Te gustaría ser párroco?", le preguntó don Gallo. "¡Menos aún!". "Entonces, ¿qué querrías hacer?". "No sé. Me gustaría tener a muchos jóvenes a mi alrededor, algo así como Don Bosco, para dirigirlos hacia el apostolado". Soñaba, pues, con un escuadrón de jóvenes para ligarlos a sí y asociarlos en una obra grandiosa, que tendría como núcleo central la redacción y difusión de libros y periódicos, y como fin la cristianización de la sociedad en todos sus aspectos» (L. Rolfo, o.c., 73-74; ed. esp., 94-95). (regrese al texto)

23 Cfr G. Barbero, o.c., 3 y 177-191. (regrese al texto)

24 «Un día de aquel año [1908, relata el mismo P. Alberione, ya joven sacerdote, profesor y director espiritual del Seminario de Alba], dando clase de historia eclesiástica a los clérigos, había considerado la situación religiosa del mundo. El Salvador, Jesús, vino a traernos la gracia, la salvación [...]. Pero ¿cómo se encuentra el mundo tras 1900 años de la venida de Jesucristo? Viven unos dos mil millones de hombres, y de ellos mil doscientos millones no conocen aún a Jesucristo [...]. Y cuantos se llaman católicos, ¿lo son de veras? [...] Impresionados, los clérigos se pusieron en pie para preguntarme: "¿Qué hemos de hacer para obtener la salvación de las almas?"» (IA 2, 28-29, citado en L. Rolfo, o.c., 72 ed. italiana). (regrese al texto)

25 Siguiendo los consejos del canónigo F. Chiesa, el P. Alberione consiguió el doctorado en teología por el Colegio Teológico Santo Tomás de Génova, superando con relativa facilidad los exámenes. Tuvo también la oportunidad de hacer experiencia pastoral directa como vicepárroco en Narzole y de empezar el delicado cometido de director espiritual de los jóvenes y de los clérigos del seminario (cfr L. Rolfo, o.c., 68-69; ed. esp., 88-89). (regrese al texto)

 

 Jesús Maestro ayer, hoy y siempre   Excursus histórico-carismático

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