Home page | Alberione | Familia Paulina | Sociedad San Pablo | Correo


JESÚS MAESTRO EN EL NUESTRO APOSTOLADO
SECUNDO DON ALBERIONE


Actas del Seminario internacional sobre
"Jesús, el Maestro"
(Ariccia, 14-24 de octubre de 1996)

por Teófilo Pérez ssp

 

II. El libro "Apostolado de la Prensa"
Manual directivo de formación y de apostolado

4. El ámbito de nuestro Apostolado

Hemos visto que evangelizar es llevar la buena noticia de Jesús Maestro para transformar la vida de quienes la acepten y le den su adhesión. Más exactamente, es necesario llevar la persona misma de Jesús, pues «Él es el evangelio de Dios» (EN 7).

La buena noticia viene de Dios Padre y dice relación con todo lo creado (que es cosa buena: Gén 1,31) y con la historia (que tiene sentido: Heb 13,8). Evangelizar es afirmar que hay esperanza, no obstante los fracasos y la misma muerte; en efecto, es proclamar a Jesús de Nazaret muerto y resucitado, que anuncia la venida del Reino con palabras y hechos (cfr He 1,1). Los evangelios presentan a Jesús como Maestro de sabiduría y de vida y describen a menudo tres gestos suyos: un caminar ("recorría, iba, cruzaba, se acercó"); una mirada ("dándose cuenta, levantando los ojos, viendo, mirándole", y una donación ("les dio, le tocó, les repartió"). La evangelización, como la economía de la revelación «se realiza por obras y palabras íntimamente ligadas; las obras que Dios realiza en la historia de la salvación manifiestan y confirman la doctrina y las realidades que las palabras significan» (DV 2).(112) La evangelización no se sitúa fuera de la historia sino en su interior, permanentemente conflictivo; tiene lugar en la realidad social, tal como está estructurada.

Todos estos parámetros, profundamente actuales, los encontramos en la intuición inicial del P. Alberione y en los sucesivos desarrollos que logró concretar. Él fue un apasionado de historia, dentro de la que se actúa el plan salvífico de Dios en favor de todos los hombres (de todas las personas), según la expresión paulina: «Dios quiere que todos los hombres se salven y lleguen a conocer la verdad» (1Tim 2,4). Este anhelo o apremio de salvación universal fue una de las constantes del P. Alberione. Él sintió y sufrió el deseo de Cristo: Venid todos a mí (cfr AD 15); en tal perspectiva eligió al apóstol Pablo (o, mejor, se dejó conquistar y elegir por él); con tal fin comprendió la necesidad de usar todos los medios, sobre todo los más modernos, más potentes, más eficaces.

Convencido de que Jesucristo es el principio de salvación para todo el mundo,(113) siguiendo las huellas de San Pablo, "el santo de la universalidad" (AD 64), Alberione sintió la urgencia de hacer todo lo posible para que todos se dediquen con todos los medios a llevar el nombre y la obra de Cristo al conocimiento de todos, sin excepción,(114) y hacia eso empujó siempre a los suyos: «¿Cuántas veces os planteáis el gran problema: dónde camina, cómo camina, hacia dónde camina esta humanidad que se renueva continuamente sobre la faz de la tierra?(115) La humanidad es como un gran río que va a desembocar en la eternidad: ¿se salvará o se perderá para siempre(116) La conciencia de la misión fue vivísima en Don Alberione: «Se sintió profundamente obligado a prepararse para hacer algo por el Señor y por los hombres del nuevo siglo, con quienes habría de vivir» (AD 15).(117)

Las características de la universalidad e integralidad las subraya incansablemente nuestro Fundador, volviendo una y mil veces sobre el adjetivo todo y todos: «La Familia Paulina tiene una amplia apertura hacia todo el mundo, en todo el apostolado: estudios, apostolado, oración, acción, ediciones. Las ediciones para todas las categorías de personas; todas las cuestiones y acontecimientos juzgados a la luz del Evangelio; las aspiraciones [son] las [mismas] del Corazón de Jesús en la Eucaristía: en el único apostolado "dar a conocer a Jesucristo", iluminar y sostener todo apostolado y toda obra de bien; llevar en el corazón a todos los pueblos; hacer sentir la presencia de la Iglesia en todos y cada uno de los problemas; espíritu de adaptación y comprensión frente a todas las necesidades públicas y privadas; todo el culto, el derecho, la unión entre la justicia y la caridad» (AD 65).(118)

A lo largo de toda su vida, el P. Alberione volvió sobre este planteamiento, reafirmando el fundamento de nuestro apostolado y su universalidad: «Apostolado es dar a la humanidad la salvación: Jesucristo Camino, Verdad y Vida. El apostolado paulino es universal para todos los lugares y tiempos. [...] Predicar con los medios modernos. [...] La Pía Sociedad de San Pablo tiene algo que decir al mundo;(119) nos hemos puesto en camino no para ir al tuntún, sino con una meta establecida hacia medios estudiados y perfeccionado.(120)

A veces recalca este aspecto con más vigor aún: «Todo el mundo (euntes in mundum universum) puede compararse a una inmensa parroquia, la parroquia del Papa. Ella es vuestro campo, donde los obreros evangélicos siguen sembrando buen grano a la luz del día; y el príncipe del error y del mal en las tinieblas siembra abundantemente zizaña...(121) La Familia Paulina, insertada en la Iglesia, habiendo sido aprobada definitivamente, tiene la tarea de estar y prestar servicio humildísimo y devotísimo al Papa en su inmensa parroquia, uniéndose a los sembradores evangélicos, participando en la misión apostólica y cumpliendo el divino mandato: "Docete omnes gentes". [...]

»La misión paulina es universal, respecto a los hombres. No es una misión para un grupo o sector de hombres [...]. Al contrario, de alguna manera se dirige, usando los medios técnicos, a todos: a cualquier clase social, estado, edad, condición, nación, continente; con razonable preferencia a las masas; para poder llevar a todos el mensaje de la salvación contenido en la Biblia, la Tradición, la enseñanza de la Iglesia.

»Universal en cuanto a los medios técnicos. [...] Todo lo que por disposición de Dios, el progreso logrará inventar... úsese y sirva de veras para la gloria de Dios y la salvación de las almas, es decir para la difusión de la doctrina católica...

»Universal en cuanto a los tiempos; porque las Constituciones mandan usar los medios exigidos por las condiciones de los tiempos [...].(122)

»Universal en cuanto al objeto; porque se trata de cristianizarlo todo: filosofía y arte, literatura y música, sociología y moral, historia y derecho, gobiernos y leyes, escuela y trabajo, etc. Escribe San Pablo (Flp 4,7-8): "La paz de Dios, que supera todo razonar, custodiará vuestra mente y vuestros pensamientos mediante Cristo Jesús. Por lo demás, hermanos, todo lo que sea verdadero, todo lo respetable, todo lo justo, todo lo limpio, todo lo estimable, todo lo de buena fama, cualquier virtud o mérito que haya, eso tenedlo por vuestro"» (UPS I, 371-374).(123) (regrese al sumario)

5. Punto neurálgico del apostolado paulino: relación con Jesús Maestro

Todas estas dimensiones de nuestro apostolado tienen como quicio, eje o fulcro la Persona de Jesús Maestro. Don Alberione expresa este punto central en el capítulo XXI de la obra que estamos analizando (págs. 98-101), titulado emblemáticamente "Omnia vestra sunt: Todo es vuestro" (1Cor 3,22), como para hacernos tomar conciencia de las innumerables riquezas y potencialidades de que disponemos, y pasando enseguida a la segunda parte de la frase paulina: «Pero vosotros sois de Cristo y Cristo de Dios» (Ib., 2,23). De hecho, el P. Alberione desarrolla este concepto de pertenencia radical al Maestro Divino en tres subtítulos muy comprometedores: «Sometámonos a Jesús, como Jesús se sometió al Padre, de todo corazón» (cfr 1Cor 15,28). Esta actitud de sumisión equivale a una profesión de fe, que abraza todo el ser, en línea con la expresión de San Pedro, puesta como epígrafe al capítulo: «Señor, ¿a quién vamos a acudir? Tú dices palabras de vida eterna» (Jn 6,68).

El Fundador vuelve a exponer el fin último de nuestro apostolado: «El AP tiene como finalidad atraer a la escuela del Divino Maestro a todos los hombres, para que le rindan homenaje de la mente, de la voluntad, del corazón» (pág. 98). Tal es el designio del Padre, el cual «ha superexaltado [a Jesús] dándole el Nombre superior a todo otro nombre, de modo que ante Él toda rodilla se doble en el cielo, en la tierra, en el abismo (cfr Flp 2,10)». Y bien, «a esta clase se viene por amor», y por tanto «quien no se somete al yugo del amor, quedará sometido al yugo de la justici.(124)

«Pero ¿quién podrá rendir las inteligencias humanas a este Maestro —se pregunta el P. Alberione— sino quien somete la propia a Jesús [...], quien somete su voluntad a la de Dios [...], quien somete el proprio corazón al Corazón vital de Dios?» (págs. 98-99). Tal es el secreto de todo apostolado, injertado así plenamente en el Maestro divino, plegándosele como Él mismo, después que «el universo le quede sometido, también se someterá al que se lo sometió, y Dios lo será todo en todos» (1Cor 15,28). El apostolado lleva, pues, a una unidad absoluta, que empieza con la unión radical del apóstol con su Maestro, o sea "la comunión del enviado con Quien le envía".

Esto entraña que todo paulino/na se deje involucrar existencialmente por el apostolado que le ha sido confiado: «Tener los mismos sentimientos de Cristo» (Flp 2,5), sus mismas actitudes: obediencia al Padre, abandono a su voluntad (a través de las varias mediaciones concretas), considerarse miembros de Cristo y actuar de consecuencia, no buscarse nunca a sí mismos, portarse con humildad, estar convencidos de que la fuerza de Dios se realiza en nuestra debilidad (cfr 2Cor 12,10) aun debiendo esforzarnos como si todo dependiera de nosotros, para que el instrumento sea apto y dócil lo más posible en las manos de Dios. En fin, el paulino, para ejercer el apostolado, se entrega a su Maestro y Señor con todo el ser: mente, voluntad, corazón (págs. 101-102).

La relación íntima con el Maestro se da en toda la vida paulina, en todas sus componentes, obviamente con las características peculiares de cada "momento" o de cada "rueda", sin crear dicotomías, pues se entrega toda la vida en su múltiple tejido. No cabe contradicción en el Cristo que nos llama a sí y que nos envía a los hermanos (cfr Mc 3,14).

En este sentido, el P. Alberione, a partir de su profunda experiencia, escribe: «La gran ayuda para nuestra santificación es el ejercicio del apostolad.(125) Y enlaza enseguida esta afirmación basilar con otro "momento" privilegiado de la cercanía a Jesús: «¿Y quién hará mejor el apostolado y recabará mayor fruto? Las almas eucarísticas. Jesús en la Eucaristía es el Maestro que enseña. Jesús en la Eucaristía es la Verdad, y el alma eucarística tendrá mayor amor a la Verdad, mayor celo en el apostolado. Más aún, el fruto de la devoción a la Eucaristía debe ser el amor al apostolado» (HM II, 1, 80).(126) Y luego —buscando siempre la integralidad—, el Fundador insiste en otras actitudes que atañen al esfuerzo personal: la recta intención y la paciencia, para concluir: «La buena voluntad equivale al fervor. Algunas almas [personas] se mantienen en fervor con la acción externa; otras con la atracción de la vida interior; otras con el sentimiento de reparación y de conquista. [...] Coordinando bien la vida contemplativa con la vida activa ciertamente se progresa, pues uno pasa todo el día robusteciendo la unión con Dios y difundiendo el bien. ¡Esto es amor!».(127)

Volviendo a nuestro libro Apostolado de la Prensa, hay que notar el nexo estricto entre el citado capítulo XXI y los dedicados a la "Misa en honor de Jesús Maestro" (cap. XI), a la "Comunión" (cap. XIII) y particularmente a la "Visita" (cap. XII) entendida como «ir a la escuela de Jesús», o sea cuando «el discípulo va a entretenerse con su Maestro» para escucharle, aprender de Él, confrontar con Él la propia vida y reforzar los vínculos de unión personal con Él. En este encuentro tenemos como el crisol o focalización de toda la vida, «pues se resumen, se aclaran y se unifican al servicio de Dios todos los conocimientos adquiridos en la formación espiritual, intelectual, natural y de apostolado; [...] se uniforma nuestra voluntad y todos sus actos a Dios, sobre el ejemplo de Cristo que siempre agradó al Padre; [...] y se constata que el apostolado supone vida cristiana y vida santa, a la que se añade el complemento heroico del celo por la gloria de Dios y por las almas».(128) (regrese al sumario)

Regrese al Sumario

 

 Jesús Maestro ayer, hoy y siempre   Excursus histórico-carismático

Home page | Alberione | Familia Paulina | Sociedad San Pablo | Correo