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JESÚS MAESTRO EN EL NUESTRO APOSTOLADO
SECUNDO DON ALBERIONE


Actas del Seminario internacional sobre
"Jesús, el Maestro"
(Ariccia, 14-24 de octubre de 1996)

por Teófilo Pérez ssp

 

Notas

26 «En espera de que sonase la hora de pasar de los proyectos a la acción, el P. Alberione examinaba atentamente en los libros las diversas escuelas de espiritualidad; pero las estudiaba principalmente en la vida práctica, tratando a religiosos de distintas órdenes y congregaciones para obtener dilucidaciones o solicitando hacer los ejercicios espirituales en sus casas para verlos de cerca e interrogarlos más a su aire» (L. Rolfo, o.c., 75, ed. it.; 96-97, ed. esp.). Aun después de haber comenzado la Escuela Tipográfica, el P. Alberione siguió interesándose, en ese sentido, por la vida de los Institutos religiosos: «Durante las vacaciones veraniegas (de 1909 a 1918), hacía los ejercicios espirituales en algún Instituto religioso. En ratos libres procuraba acercarse a los superiores para conocer los métodos de captación y formación de las personas» (AD 36). (regrese al texto)

27 Para el P. Alberione «la dirección del semanario [Gazzetta d’Alba] era el primer paso de un viaje que le llevaría muy lejos; era la llave que le permitiría abrir una puerta a la que llamaba en vano desde hacía muchos años. Sus planes los conocía sólo él, pero se manifestarían bien pronto» (L. Rolfo, o.c., 82 ed. it.; 104, ed. esp.). (regrese al texto)

28 Cfr L. Rolfo, o.c., 83-84, ed. it; 104-107, ed. esp. (regrese al texto)

29 «Todos los Institutos, considerados en su conjunto, forman la Familia Paulina. Tienen común origen..., común espíritu..., fines convergentes» (UPS III, 185). (regrese al texto)

30 El P. Alberione se mantendrá fielmente en esta línea, «empezar siempre desde un pesebre» (AD 43), y con una actitud de grande humildad: «Si [el Señor] hubiera encontrado una persona más indigna e incapaz [que yo], la hubiera preferido. Pero esto es para mí y para todos una garantía de que el Señor ha querido y ha hecho obrar: así como el artista toma un pincel cualquiera, de poco valor y ciego respecto a la obra a realizar, aunque sea una hermosa imagen del Divino Maestro» (UPS I, 374). «Comenzar como Jesús desde un pesebre, continuando con el destierro y luego la casita de Nazaret, el ministerio público concluido con la ignominia de la cruz; pero todo ello con la gloria celeste: dedit ei nomen quod est super omne nomen» (SP sept.-oct. 1953; cfr CISP 1040). «Con prudencia, comenzando humildemente, pero a pequeños pasos diarios, todo procede con sano equilibrio y se merece ante Dios y ante los hombres» (UPS III, 37). A veces parecía necesario un comienzo más escondido aún: «Cuando se juntaron los primeros jovencitos... sucedió un caso curioso, se suscitó casi la alarma. [...] Habría que nacer, pues, todavía más pequeños, no hacer oír ni siquiera un vagido...» (CISP 148). (regrese al texto)

31 «Él [Don Alberione] tiene de la misión que el Señor le ha confiado un concepto estrictamente religioso. Está seguro de que el Señor le ha manifestado su voluntad, como está seguro de que Dios ha hablado a los hombres por medio de la Escritura. Y la voluntad de Dios es que él se dedique enteramente a la formación y a la guía de apóstoles de la prensa. Todas las demás formas de apostolado, incluidas las tradicionales de la predicación y de la enseñanza, son buenas para los demás, pero ocupan un secundo plano para él y para cuantos se asocien con él [...]. Se trata de una vocación verdaderamente grande, que quienes le escuchan no pueden comprender totalmente. Lo entenderán mejor con el pasar de los años, cuando constaten los efectos. [... Así les decía a sus muchachitos:] "¡Ah, si llegarais a comprender la altura de nuestra misión! A medida que crezcáis la sentiréis más, aunque nunca del todo... [cfr T. Giaccardo, Diario, o.c., 107]. La creación de una vocación, de esta vocación, es obra mayor que la creación de todo el mundo... [Ib., 200]. Si San Pablo viviera, él todo encendido y ardiente en hacer el bien, vendría a esa casa, ¡estoy seguro! Aquí está el centro para hacer el bien hoy... [Ib., 243]. Estáis al pie de una alta montaña, ¡subid!, mirad vuestro horizonte: es todo el mundo... Levantad los ojos, mirad arriba un gran árbol del que no ve la cima: esta es nuestra Casa, un verdadero alberón, vosotros no sois más que las raíces" [Ib., 255]» (L. Rolfo, o.c., 111, 117-118, 127 ed. it.; ed. esp., 128s, citando trozos del Diario del Beato T. Giaccardo). (regrese al texto)

32 De esta misión grandiosa el P. Alberione logra entusiasmar a sus primeros seguidores. El Beato Timoteo Giaccardo, desde 1916, escribe en su Diario (o.c., 23: 9 nov. 1916): «La conferencia de mons. Pasi sobre la Buena Prensa me ha impactado profundamente. El augusto prelado ha lanzado un grito de alarma; y la voz de un obispo no la oigo como la de un abogado; el obispo tiene el ite, docete omnes gentes. [...] La conferencia ha quitado cualquier neblina al campo de mis inclinaciones; ya no dudo, veo claro: seré un apóstol de la Buena Prensa». Esta declaración acerca de la misión específica (obviamente se percibe el influjo determinante del P. Alberione) se hace antes de que aparezcan las "devociones" (o la "espiritualidad") características de la Familia Paulina: en efecto, el joven Timoteo invoca a Jesús Seminarista, Jesús Sacerdote, Jesús Salvador/Redentor, el Sagrado Corazón, la Madre Inmaculada... San Pablo es nombrado e invocado ya en los primeros meses de 1917, y lo mismo María Reina de los Apóstoles (cfr o.c., 53-54; 78-79; 145). Jesús Maestro aparece por primera vez en 1923 (Ib., 304); en 1925 es ya una de las devociones "principales" (Ib., 308); se la da ya por supuesta en 1942 y en años sucesivos (Ib., 309, 327, 342-343, 348-357, etc.). El P. Giaccardo cita varios textos escriturísticos y hace esta consideración: «Docete eos servare omnia... Ecce ego vobiscum sum, prædicate evangelium...; quærite primum regnum Dei et hæc omnia...; non vos... sed ego elegi vos ut eatis. Y todos estos textos están en relación a la Buena Prensa. Se ha despertado en mí un espíritu más fuerte de oración, una fe más viva y de confianza en Jesús eucarístico... He visto más clara, me ha impresionado mi misión al Apostolado de la Prensa y me he sentido más encendido. [...] Me veo entregado del todo a la Buena Prensa» (Ib., 43: 22 feb. 1917). (regrese al texto)

33 Como hemos visto, el arco de la fundación de instituciones religiosas abraza, puede decirse, toda la vida del P. Alberione: desde 1914 (Sociedad de San Pablo) hasta 1960 (los Institutos Agregados): casi cuarenta largos años de fecundidad fundacional. Las iniciativas en el campo específicamente apostólico son de veras incontables (cfr, por ejemplo, lo referido por L. Rolfo, o.c., 213-232; 302, y otras, ed. it; ed. esp., 201-218; 274-278, etc.). (regrese al texto)

34 El Beato Timoteo Giaccardo recuerda en su Diario algunas instrucciones del P. Alberione: «Dios ama y quiere la Buena Prensa, quiere concedernos gracias, las tiene ya preparadas, espera sólo que con la oración le desatemos las manos. Es importantísima la Buena Prensa, la intensidad y la extensión de su misión puede medirse por las palabras de León XIII... Se trata de algo nuevo, el camino no está aún trazado, enormes dificultades obstaculizan la singladura de esta nave en el bosque...» (Ib., 235). «La promesa en favor de la Buena Prensa es la promesa de consagrarme a la obra, a la misión más bella, más santa, más digna que existe hoy en la tierra. Estoy seguro de que si Dios diera permiso a un Ángel para hacerse un mérito y le mandara a la tierra, él vendría aquí. Si San Pablo viviera, él, tan encendido y ardiente en hacer el bien, vendría enseguida a esta Casa, estoy seguro. Aquí está el centro para hacer el bien hoy» (Ib., 243). «En la tipografía [el 30 de mayo de 1920, Don Alberione obliga a Giaccardo a dejar las clases y hacerse cargo de la dirección de Gazzetta d’Alba; y Timoteo comenta: Me parece más noble cultivar directamente las vocaciones, pero con gusto me oriento hacia la voluntad de Dios] no tengo suficiente fe práctica, tengo poca unión con Dios; y esto conturba mi corazón [...], noto la incapacidad de recogerme para estudiar y hacer algo [...]. Otro efecto está en que las facultades quedan demasiado absorbidas en el trabajo material y se resiente la recta intención... Demasiadas ganas de zambullirme en el periódico... Antes yo era casi contemplativo... Pero al lado de esto nace más puro y generoso el deseo del bien de las almas y se fomenta el amor de Dios. Estimo más la oración y cuando puedo ir a la iglesia a pedir perdón y orientarme un poco a Jesús, lo hago con arrobo. Gazzetta: en nombre de Dios me hago cargo de ella. El Señor Teólogo [P. Alberione] nos dice que cuando parece que Dios no nos escucha es cuando las cosas se encaminan» (Ib., 294-295: 15 junio 1920). (regrese al texto)

35 «No faltaron peligros de diversa índole: personales, económicos; acusaciones en referencias escritas y verbales: se vivía en peligro día tras día» (AD 164). Las dificultades llegaron de todas partes: de los adversarios externos («los socialistas de Alba amenazaron varias veces con quemar tipografía, casa y revistas»: AD 172), de la falta de medios económicos («a veces las necesidades eran urgentes y graves, y todos los recursos y esperanzas humanas se habían cerrado»: AD 166), de la salud precaria del proprio P. Alberione («no lo salvaréis; la tuberculosis lo está minando»: AD 112), de los límites e ineptitudes de los suyos («sufrirás a causa de extravíos e infidelidades»: AD 26), de algunos "percances" (por ejemplo, la probabilidad de tener que ir de militar, o el incendio de la tipografía en Navidad de 1918, o las incomprensiones de las autoridades eclesiásticas a la hora de aprobar las nuevas instituciones religiosas: cfr L. Rolfo, o.c., 131, 141, 166 ed. it.; ed. esp., 140, 146, 188ss). Todos estos estorbos y muchos otros los minimiza el P. Alberione con gran sentido de realismo y sobre todo de fe: «¿Dificultades externas? El Señor no permitió que se encontrasen muchas; no éramos dignos ni capaces de sostenerlas [...]. Las verdaderas dificultades son siempre las internas... Entre los hombres siempre hay errores» (AD 206). De todos modos, se trataba siempre de «pasos dispuestos por la paterna y amorosa Providencia, que a pesar de nuestra miseria y falta de correspondencia, se extiende poderosa de uno a otro extremo, y todo lo gobierna convenientemente» (AD 78), y en cualquier caso «San Pablo fue siempre la salvación» (AD 164). Más tarde, el P. Alberione (tras haber trazado la inalterable norma de conducta: «...los Superiores provinciales, observantes de las Constituciones, docilísimos al Superior general..»), subrayará uno de los peligros más serios: «Las divisiones internas en un Instituto conducen a las más graves consecuencias: divisiones de pensamiento, de orientación, de carácter, de doctrina, de obras, etc. Destruyen en la base y en la vida el espíritu del Instituto. La unión es un bien tal que por él hay que sacrificar bienes y puntos de vista particulares. Pésima es la división entre los Superiores mayores, Consejo general, Superiores provinciales...» (UPS I, 291). Y tampoco deja de reconocer la dificultad inscrita en nuestro apostolado específico: «Tengamos la convicción de que en estos apostolados [con los m.c.s.] se requiere mayor espíritu de sacrificio y una oración más profunda. Tentativas en vano, sacrificios de sueño y de horarios, dinero que no basta nunca, incomprensiones de muchos, peligros espirituales de todas clases [cfr 2Cor 11,23-29], perspicacia en la elección de los medios... Hacen falta santos que nos precedan en estos caminos aún sin hollar y, en parte, ni siquiera trazados» (SP nov. 1950; cfr CISP 807; en Pensamientos, n. 342). (regrese al texto)

36 Tras la apertura de la casa de Roma (enero de 1926) y sucesivamente las otras en territorio italiano, la Sociedad de San Pablo (y, pisándole los talones, las Hijas de San Pablo y las Pías Discípulas del Divino Maestro) conoció su primera onda expansiva, entre 1931 y 1936, en Argentina, Brasil, Estados Unidos, Francia, España, Polonia, China, Japón, Filipinas e India. Algunos años más tarde, en 1943, se fundó en Portugal. Una segunda onda vendrá al final de la guerra mundial, entre 1946 y 1953, en Canadá, Irlanda, México, Chile, Inglaterra, Venezuela, Australia y Cuba; algo más tarde se abrirán las casas de Alemania, Zaire y Corea del Sur. Por cuanto concierne a la SSP, las fundaciones en Ecuador, Perú, Macao, Nigeria y Panamá (además del retorno a Polonia) son posteriores a la muerte del P. Alberione. (regrese al texto)

37 El título de "Primer Maestro" le fue dado al P. Alberione por el obispo de Alba, cuando éste firmó, en mayo de 1927, el decreto de erección de la Sociedad de San Pablo como Congregación de derecho diocesano. El P. Angélico de Alessandria, Visitador apostólico por los años 1940-1941, dijo una vez al P. Alberione en tono de broma: «Mientras, usted se hace llamar no sólo Maestro, sino Primer Maestro», a lo que Don Alberione respondió sonriendo, pero al mismo tiempo con gran seriedad: «Habría que entender bien qué significa "primer maestro": quiere decir ser el primero en enseñar con el ejemplo a soportar pacientemente las dificultades, las contrariedades, las mortificaciones, las humillaciones de la vida; por eso yo me siento humillado, porque sé que soy el último de los maestros» (L. Rolfo, o.c., 213, 2ª ed. it.). «En nuestro Instituto al Superior general se le llama Primer Maestro [en realidad este título se reservaría en exclusiva para el Fundador, no ha pasado a sus sucesores] para recordarle a él y a los miembros que representa a Jesús Maestro, y que en representación y dependencia de Éste debe ser para todos Camino, Verdad y Vida; guiar, dar buen ejemplo, instruir, santificar» (UPS III, 241-242). (regrese al texto)

38 Cfr L. Rolfo, o.c., 344.; ed. esp., 347ss. (regrese al texto)

39 SP sept.-nov. 1968; cfr CISP 245. (regrese al texto)

40 ECM, marzo-abril 1941. La idea del apostolado como cauce de vida es recalcada en otros pasajes: «¡Confianza en el Señor y en el apostolado!... En el Señor: "...Los mandó por delante, de dos en dos, a todos los pueblos y lugares adonde pensaba ir él" (Lc 10,1). [...] Confianza en el apostolado: en cada nación nuestro apostolado puede procurarnos lo necesario para vivir y desarrollar las vocaciones» (SP mayo-junio 1938; cfr CISP 1038). (regrese al texto)

41 SP mayo-junio 1952; cfr CISP 1032. (regrese al texto)

42 Ib.; cfr también AD 87. (regrese al texto)

43 SP mayo-junio 1953; cfr CISP 1037s. (regrese al texto)

44 SP sept. 1954; cfr CISP 1124s. El P. Alberione insistió mucho en que nuestra posición ante el Maestro es obviamente la de "discípulos". Esta categoría evangélica va unida, una vez más, a la vividura de intimidad con Jesús y a la misión (cfr Mc 3,14). «...Dato incuestionable desde el punto de vista histórico es que Jesús escogió discípulos. Muchos son los pasajes en que él mismo es llamado Maestro, y esto no puede entenderse como una retroproyección del puesto ocupado por el Señor en la comunidad primitiva. Una doble dimensión presenta el hecho de que Jesús se rodeara de discípulos. Por un lado, la necesidad sentida por Jesús de asociar a su misión a otros que multiplicaran su anuncio. Pero, sobre todo, es importante la elección entre sus discípulos de un grupo más íntimo de doce, en recuerdo de las doce tribus, como signo del nuevo Israel que comenzaba con la llegada del reino. Dado que esta llegada implicaba una nueva forma de relaciones con Dios, eso suponía también un nuevo pueblo de Israel, con una nueva alianza y una nueva forma de relaciones entre los miembros de ese pueblo. La elección de los doce es también una parábola viva de ese nuevo pueblo» (cfr J. R. Busto Saiz, Jesucristo, en Conceptos..., 648). (regrese al texto)

45 El mismo concepto está reafirmado con fuerza en el "Manifiesto de la catequesis integral", cuando el P. Alberione presenta el tejido de Catecismo, Evangelio y Liturgia: «Tarea fundamental del paulino es dar la doctrina cristiana dogmática, moral y litúrgica. Entre estas tres partes hay estrecha unidad. La enseñanza debe ser completa. Jesucristo es el Maestro que el paulino debe repetir; y bien, Él es a la vez Camino, Verdad y Vida. "Uno es vuestro Maestro: Cristo"» (SP nov.-dic., 1954; cfr CISP 847s). (regrese al texto)

46 Retiro a la Comunidad de Roma, 1948. (regrese al texto)

47 HM IV, 1948, retiro de junio. Y al presentar una pista para una revista de actualidad, en 1957, resumía así el contenido que él quería: «Todo el mundo, toda la nación, toda la obra de la Iglesia: siempre en la luz del Divino Maestro» (CISP 882). (regrese al texto)

48 PrPM, Es., Grottaferrata-Albano, 1954, 303. En general, para las relaciones entre Cristología y Misión, cfr A. Álvarez Bolado, en Estudios Eclesiásticos, enero-marzo 1996, 3-29 (a propósito de la 34ª Congregación General de la Compañía de Jesús). (regrese al texto)

49 SP dic. 1957; cfr CISP 862. Es significativa la repetición del verbo "dar", que equivale a "proponer" en actitud de servicio, nunca a "imponer", pues el mensaje cristiano apela siempre a la libertad de la persona. Debería superarse así una errada concepción del magisterio, que a menudo ha dividido la Iglesia en dos estamentos casi contrapuestos: los que enseñan (sustanciados habitualmente en la jerarquía de cualquier nivel) y los que aprenden (alguien llegó a decir que "los gobernados no tienen otro derecho que el de dejarse conducir"). Consecuencia de este planteamiento, llevando las cosas al más alto nivel, es haber entendido a veces la infalibilidad in docendo como causa de la infalibilidad in credendo (que en cambio debería resultar por asentimiento o sensus fidei); esta infalibilidad in credendo se reduce prácticamente a la infalibilidad in discendo (o sea a la imposibilidad de errar por parte de quien asiente a lo que dice otro, que es el que propiamente no puede equivocarse). Pero en buena teología todo creyente, por tanto toda la Iglesia, es discente y docente a la vez, desde el plano de la experiencia de la fe que se manifiesta en la praxis de todo el pueblo cristiano (cfr R. Velasco, Magisterio, en Conceptos..., 748-752). (regrese al texto)

50 Lo mismo repite en un texto de 1968, cuando ya el Vaticano II había "sancionado" solemnemente nuestro apostolado de la c.s.: «El Señor ha querido nuestra Congregación para dar a conocer a Jesucristo en su doctrina, en su moral, en los medios de salvación y de gracia a los hombres de nuestro tiempo. Así tiene que ser hoy, y así deberá ser en el futuro, durante todo el tiempo que el Señor quiera bendecir nuestro servicio» (SP marzo 1968; cfr CISP 342). (regrese al texto)

51 «...Amor es una categoría fundante del cristianismo y de su novedad; puede considerarse también la categoría central de la renovación conciliar. [...] Jesús asocia estrechamente los aspectos de amor a Dios y amor al prójimo; pero muy a menudo, cuando quiere designar su mandamiento, Jesús se refiere únicamente al amor humano (cfr Jn 15,12-14); y Pablo dirá que toda la ley alcanza su plenitud en el amor al prójimo (cfr Gál 5,14); el juicio final es la expresión más clara y dramática de la centralidad del amor a los hermanos. Por otra parte, Jesús no separa nunca el amor de su propia práctica: el amor es el momento más profundo de la unidad entre la vida y el mensaje de Jesús. La nueva cultura no tiene como quicio sólo un mandamiento, sino una Persona consagrada totalmente a sus hermanos» (cfr G. Girardi, Amor, en Conceptos..., 20s). «Los dos grandes objetivos con alcance universal que Juan Pablo II propone para la nueva evangelización [evocada por primera vez en Polonia en 1979, proclamada solemnemente en Haití en 1983 y extendida a Europa en 1985] son: 1) la realización de la "civilización del amor" (idea original de Pablo VI) en base a una "solidaridad" con los pobres, la dignidad de la persona, la vida humana y la apertura a la transcendencia en un mundo interdependiente; 2) la renovación de la propia Iglesia para realizar ese servicio, lo cual exige una cierta autoevangelización» (C. Floristán, Evangelización, en Ib., 472). (regrese al texto)

 

 Jesús Maestro ayer, hoy y siempre   Excursus histórico-carismático

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