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JESÚS MAESTRO EN EL NUESTRO APOSTOLADO
SECUNDO DON ALBERIONE


Actas del Seminario internacional sobre
"Jesús, el Maestro"
(Ariccia, 14-24 de octubre de 1996)

por Teófilo Pérez ssp

 

Notas

93 Este sencillo eslogan descubre el valor que el P. Alberione daba al esfuerzo personal, aun partiendo del gran aprecio atribuido a la vida religiosa en sí misma. Una vez más, empeño de integración de valencias. Y de nuevo está de por medio la misión. «...La crisis de la vida religiosa puede formularse como la real y experimentada disociación entre lo que hay de "vida" en la vida religiosa y lo "religioso" de esa vida. Tal disociación planteó una crisis de identidad personal (la vida "religiosa" como amenaza de despersonalización y deshumanización) y de relevancia apostólica (distanciamiento de claras exigencias y valores evangélicos: ineficacia de dar a otros vida y vida cristiana). El Vaticano II captó esta doble crisis y enfocó su tratamiento como "renovación": vuelta a las fuentes, seguimiento de Jesús, carisma del fundador, adaptación a la realidad actual. [...] El religioso es ante todo un hombre o mujer cuya tarea fundamental es llegar a ser cristiano, sin "presuponer" que el cauce de la vida religiosa ya garantiza la realidad cristiana y está diseñado en directo para la santidad. El religioso, como todo cristiano, ha de colocarse en el "ex-centricismo" fundamental de Jesús: dar vida en plenitud a otros. Se supera así la supuesta autonomía de la vida religiosa y su teología (¡privilegios!), como también la concepción sacral (la vida religiosa no remite a Dios casi ex opere operato). Se supera también la concupiscencia de la vida religiosa a centrarse en sí misma, remitiéndola en cambio directa y radicalmente a la misión salvadora de Jesús; se supera cierto "esencialismo" de la vida religiosa, como si ésta ya estuviera constituida en sí misma con anterioridad a su historización. La radicalidad en el seguimiento de Jesús está en intentar reproducir más eficazmente la misión de Jesús o alguno de sus aspectos. El religioso es, por tanto, un cristiano dentro de un cauce de vida que tiene la capacidad de significar más radicalmente el seguimiento de Jesús y que históricamente permite realizarlo con radicalidad. Una vida religiosa lograda es aquella que hace realidad lo que significa» (cfr Jon Sobrino, Vida religiosa, en Conceptos..., 1462ss). (regrese al texto)

94 «El gran dinamismo que caracterizó siempre la vida del Fundador, debe caracterizar también nuestra vocación. Y por el hecho de que nuestra actividad apostólica específica [nuestra misión] precisa el fin general de la Congregación confiriéndole una concreta identidad, este dinamismo interior debe impregnar de sí y orientar: a) la práctica concreta de nuestra vida espiritual y de nuestra vida comunitaria [...]; b) el sector de la formación espiritual, intelectual y profesional, con todas las relativas distinciones [...] y reactualizaciones que en cada caso se creyeran imprescindibles; c) las estructuras del gobierno y de la administración de los bienes, que deben supeditarse a las exigencias del apostolado [...].Por tanto, las diversas coordinaciones de cada sector, con el relativo movimiento del personal, las operaciones financiarias y económicas, etc. deben superar las circunscripciones provinciales y regionales, cuando ello fuera necesario, a juicio del Gobierno general» (Doc. Cap. 1969-1971, n. 70). (regrese al texto)

95 Estas "actualizaciones" fueron progresivas; por ejemplo, el Beato T. Giaccardo, en su Diario (285, 1 sept. 1919), enumerando las devociones de la primera semana, no menciona el domingo, y por tanto no señala aún el culto específico al Divino Maestro. (regrese al texto)

96 La idea se precisa mejor en otras ocasiones: «En las prácticas de piedad paulinas, además de mirar a la formación integral de la persona, se tiene en cuenta nuestra impostación social en el apostolado, o sea en el magisterio. Se tiende a situarnos más y más "in consortio veri Magistri", para asumir claramente la forma y retransmitirla con mayor precisión a los hombres» (UPS II, 12). (regrese al texto)

97 Estamos en el contexto del capitulito titulado "Proyectos a realizar", donde se auspicia la tan deseada "unificación de las ciencias" en el Divino Maestro. Todo el esfuerzo formativo debe encaminarse a la misión: «Los estudios han de estar encaminados hacia este ministerio [de la redacción, del apostolado]... Es necesario que todos los estudiantes aprendan, además de la redacción, la técnica, propaganda, administración. [...] No contentarse con un trabajo fragmentario: hay que conocer el conjunto del progreso e la organización del apostolado» (SP dic. 1953; cfr CISP 1091). (regrese al texto)

98 El P. Alberione, con este planteamiento apostólico, supera prácticamente el concepto que del sacerdocio se tenía en su tiempo, y se acerca a cuanto será patrimonio adquirido con las aperturas desembocadas en el Vaticano II: «...El punto de partida de Trento y del Vaticano II difieren... en cuanto se refiere a la teología del ministerio ordenado en la Iglesia. Mientras que Trento parte de la celebración eucarística, el Vaticano II parte de la misión (PO c. 1). Se trata de la misión de Cristo, que se prolonga en los apóstoles y sus sucesores los obispos, y se continúa o se extiende mediante los presbíteros, colaboradores de los obispos. De esta manera, la visión y la teología del Vaticano II sobre el ministerio sacerdotal se ensancha y se amplía en un sentido profundamente evangélico: el sacerdote ya no es ni sólo ni principalmente el hombre del culto y del altar, sino que se ve configurado y determinado por la triple función en que se especifica la misión cristiana: la función profética (sobre la palabra), la función cultual (sobre la eucaristía) y la función pastoral (sobre el pueblo de Dios). Por otra parte, el sacerdote no es ya el centro de la Iglesia: lo es el pueblo de Dios en su totalidad; se devuelve así el protagonismo a los laicos, que recuperan su papel esencial en el funcionamiento de la Iglesia» (cfr José Mª Castillo, Orden sacerdotal, en Conceptos..., 922). (regrese al texto)

99 En otro pasaje se explicita más particularmente el mismo concepto: «Hablamos de un doble estudio, docendi y discendi, que empeña toda la vida. [...] Los estudios tienen su finalidad, más, una doble finalidad: perfeccionar el don de naturaleza, la inteligencia, y prepararse a cumplir la misión que Dios nos ha confiado. [...] Dos cometidos tiene, pues, el estudio: la parte intelectual y la parte técnica. La técnica, para los paulinos, es como la lengua para el orador o maestro» (UPS II, 168-169). (regrese al texto)

100 El Fundador era un organizador nato y convencido, e insistió siempre sobre este punto: «Hoy, más aún que en el pasado, se impone la organización, especialmente internacional, en todos los sectores, particularmente para el apostolado. Ser más católicos [...], unirse para los apostolados [como Familia Paulina]. Comprenderse y amarse [...]; ayudarse recíprocamente con la oración y la colaboración. Los egoísmos personales destruyen la vida de comunidad; los egoísmos sociales, políticos, familiares destruyen inclusive los Institutos, o por lo menos los condenan a la esterilidad. ¡Siempre la petición del Maestro divino: "Ut unum sint", aplicada no sólo a un instituto paulino, sino vivida en toda al inmensa parroquia paulina, que tiene como límites únicamente los confines del mundo, y por grey tanto a quien está en el aprisco como al que necesita ser conducido al mismo!» (UPS I, 382). (regrese al texto)

101 «Al centrar nuestra reflexión sobre el carisma específico de nuestro Fundador, ...debemos distinguir en él como dos momentos sucesivos, que tienen entre sí la relación de fin y medio o, con más precisión, de intuición abstracta y realización concreta. Nos fijaremos sobre todo en el fin [= finalidad de la obra, el apostolado o misión, el denominado "fin específico", que ha dado lugar al llamado "fin general", según la vieja terminología: cfr n. 36, nota 1] y, luego, en la estructura-vehículo [= la institución religiosa] de la obra fundada por el Primer Maestro» (Doc. Cap., n. 47). (regrese al texto)

102 Con la revalorización del laico, aportada al menos intencionalmente por el Vaticano II, el P. Alberione hubiera podido moverse con más libertad en el difícil campo del apostolado. En nuestro tiempo «...el laico es el cristiano sin más añadiduras; no tiene necesidad de ulteriores definiciones y matizaciones. Lo problemático hoy —en la actual eclesiología de comunión— es la definición de la vida religiosa y la de los ministros. El desfase entre las doctrinas de comunión (ampliamente divulgadas en las obras teológicas) y las instituciones (enraizadas en un modelo jerarcológico) es una de las causas del actual malestar eclesial y del malestar y las resistencias con las que tropieza la evolución de los laicos dentro de la Iglesia católica. El mismo Derecho Canónico revaloriza "nominalmente" a los laicos, pero contiene "resistencias" para asignarles cometidos acaparados aún por el clero: predicación —y se diría que muy particularmente la realizada con los m.c.s.—, enseñanza de teología, cargos jurídicos, finanzas, representación diplomática, etc.» (cfr Juan Antº Estrada, Clérigos-laicos, en Conceptos..., 173s). (regrese al texto)

103 La vida comunitaria, pues, no tiene finalidad en sí misma, sino que está en función del apostolado: «El apostolado paulino exige un fuerte grupo de redactores, técnicos propagandistas. Todos deben concordarse como hacen los artistas que ejecutan una hermosa obra» (Ib., 288). (regrese al texto)

104 El P. Alberione usa a menudo estos conceptos sintéticos, que luego se bifurcan en varios aspectos analíticos; en efecto, la frase apenas citada concluye así: «Carro que camina apoyado en las cuatro ruedas: santidad, estudio, apostolado y pobreza». Resulta difícil establecer una precisa escala de valores entre los varios aspectos; más bien es necesario llegar a una síntesis vital que los abarque y amalgame todos. (regrese al texto)

105 SP enero 1955; cfr CISP 1086. (regrese al texto)

106 Los Doc. Cap. de 1969-1971 (nn. 66-70) explican esta fuerte focalización de la vida paulina como fidelidad a dos de las características del carisma fundacional: la gran sensibilidad en descubrir, leer e interpretar los "signos de los tiempos" y "el fuerte dinamismo" adoptado por el Fundador. (regrese al texto)

107 Todo apóstol, tras las huellas de Jesús, el Apóstol por antonomasia, es enviado por Dios para la salvación de los hombres; ello implica una doble relación: con Quien envía y con aquellos a los que se es enviado; o sea que el apóstol es enviado por Alguien a alguien: es un mediador activo (cfr C. Floristán, Evangelización, en Conceptos..., 643). (regrese al texto)

108 La encíclica de Juan Pablo II Redemptoris missio (7 dic. 1990) retoma con fuerza este punto: «Jesús es él mismo la "buena nueva", como afirma al comienzo de su misión en la sinagoga de su pueblo, aplicándose las palabras de Isaías acerca del Ungido del Señor (cfr Lc 4,14-21). Siendo la "buena nueva", en Cristo se da la identidad entre mensaje y mensajero, entre el decir, el hacer y el ser. Su fuerza, el secreto de la eficacia de su acción está en la total identificación con el mensaje que anuncia: él proclama la "buena nueva" no sólo con lo que dice o hace, sino con lo que él es» (n. 13). Tal es el paradigma de todo evangelizador. Consiguientemente la evangelización es anterior a la Iglesia, puesto que ella nace del Evangelio y está al servicio del mismo. De otro lado, no se puede evangelizar sin la Iglesia. Ésta es creíble no sólo cuando su forma de vida es evangélica, sino cuando evangeliza; no basta con la santidad de la doctrina o de los sacramentos: es absolutamente necesaria la predicación (cfr C. Floristán, o.c., 470). (regrese al texto)

109 En otras palabras, la naturaleza misionera de la Iglesia se funda en las "misiones" que se dan en la Trinidad. Y bien, ¡nadie osaría decir que estas "misiones" se oponen al ser íntimo de Dios! En efecto, pertenecen a su misma esencia constitutiva: la Trinidad inmanente (tal como es en sí, ontológica o "ad intra") es la misma Trinidad económica (tal como se da a conocer, histórica o "ad extra"). Cfr B. Forte, Trinità come storia, 51993, cap. I; J. Moltmann, Trinidad y Reino de Dios, 1983, 175-178. (regrese al texto)

110 El concilio Vaticano II trató de dar una respuesta a esta pregunta en las constituciones Lumen gentium (n. 1), Sacrosanctum Concilium (n. 1), Gaudium et spes (n. 40), e indirectamente en todos los demás documentos conciliares. (regrese al texto)

111 Dicho de otro modo, la Iglesia está en función del mundo: «...La distinción del cardenal Suenens entre Iglesia ad intra e Iglesia ad extra dio origen a la constitución Gaudium et Spes, que refleja una nueva actitud cristiana ante el mundo. Por ser sacramento, la Iglesia no existe para sí misma sino para el mundo, con el fin de transformarlo en reino de Dios. En definitiva, la Iglesia no puede entenderse por sí misma, ya que está al servicio de dos realidades que la trascienden: el reino, fin de la creación de Dios, liberada de todo pecado y muerte, penetrada de lo divino y realizada absolutamente; y el mundo, lugar de la realización histórica del reino, que necesita un proceso de liberación» (cfr C. Floristán, Iglesia, en Conceptos..., 587-601). (regrese al texto)

112 La exhortación apostólica Evangelii nuntiandi (8 dic. 1975) desarrolla este concepto en varios puntos: «La proclamación del Reino de Dios, Cristo la realiza mediante la predicación incansable de una palabra que no tiene igual en ninguna otra parte [...]. Sus palabras desvelan el secreto de Dios, su designio y su promesa, y cambian por tanto el corazón del hombre y su destino» (n. 11; cfr también nn. 42, 78). «El hombre contemporáneo escucha más a gusto a los que dan testimonio que a los que enseñan...; o si escucha a los que enseñan es porque dan testimonio» (n. 41, citado en Ratio Formationis, art. 107.1, nota 121). «La buena nueva ha de ser proclamada ante todo mediante el testimonio» (n. 21; cfr también n. 76). (regrese al texto)

113 «[La Iglesia] se siente impulsada por el Espíritu Santo a colaborar a que se lleve a cabo el plan de Dios, que constituyó a Cristo principio de salvación para todo el mundo» (LG 17; cfr SC 5). (regrese al texto)

114 «El ideal del Instituto —escribe el P. Alberione a propósito de las Hermanas Apostolinas, pero ello vale para todas las demás instituciones— está sintetizado en estas fórmulas: "Todos los católicos, con todas las fuerzas, para todas las vocaciones, para todos los apostolados. Todos los fieles por todos los infieles, todos los fervorosos por todos los indiferentes, todos los católicos por todos los acatólicos. Todos los llamados ‘fieles’ a su vocación; todos los sacerdotes y religiosos santos; todos los hombres ‘dóciles a la Iglesia’ para su eterna salvación"» (AD 328, ed. crítica). En estos amplísimos horizontes se han movido algunos proyectos ambiciosos del P. Alberione, por ejemplo el de la revista "Via Verità e Vita", «que quiere dirigirse a todos..., considerar todo el hombre..., tener todo en cuenta..., seguir todo el método divino del Maestro Jesús..., pedir toda la ayuda necesaria..., ser traducida en todas las lenguas...» (CISP 843), y otros programas, desafortunadamente nonatos, como el de la revista "Magisterium", centrada toda en Jesús Maestro (cfr Ib., 1238ss) o la Enciclopedia asimismo sobre Jesús Maestro (cfr Ib., 1225ss). (regrese al texto)

115 En el trasfondo de esta imagen se percibe un eco bíblico: «Para ti, Señor, mil años son un ayer que pasó, una vela nocturna Los arrastras; son un sueño al amanecer, re renuevan como la hierba: por la mañana se renueva y florece, por la tarde se seca y la siegan» (Sal 90,4-6; cfr Sal 103,15-16). Este rápido paso de la vida hace más dramática aún la urgencia de la salvación. También Pablo insiste sobre la fugacidad de la vida: «La representación de este mundo se está acabando» (1Cor 7,31). (regrese al texto)

116 SdC 232 [año 1961]; cfr Pensamientos, ed. esp. n. 304. (regrese al texto)

117 Los Documentos Capitulares de 1969-1971 (n. 61) sintetizan esta actitud de celo apostólico en cuatro proposiciones: «Si quisiéramos condensar la inspiración originaria de nuestra fundación, podríamos fijar estos cuatro puntos: a) A fin de que el mundo crea en su Señor y Maestro (cfr GS 10), y la plenitud del misterio de Cristo salve al hombre en su vocación integral (cfr GS 11); b) es necesario un nuevo impulso misionero para la predicación del mensaje de la salvación según el espíritu del apóstol Pablo; c) predicación que puede alcanzar a todos los hombres únicamente mediante los instrumentos de comunicación social; d) usados para la mayor gloria de Dios y la paz de los hombres, "cuya suerte depende cada día más del recto uso de esos medios" (IM 24)». (regrese al texto)

118 El texto merecería un análisis más pormenorizado; el concepto "apostolado" se presenta ya sea como parte ya como todo, condensado y especificado al mismo tiempo. (regrese al texto)

119 En la línea de 2Cor 4,1-7, verdadera paradoja entre debilidad humana y potencia de Dios, somos mediadores necesarios, aunque limitados: no hay ninguna escapatoria a la urgencia de la misión. El Señor puede llegar a los hombres por otros caminos y con otros medios, pero de hecho ha elegido a cada uno de nosotros cargándonos con la responsabilidad de llevar su nombre "delante de los paganos y de sus reyes, así como de los israelitas" (He 9,15). Al principio de la intuición apostólica del P. Alberione encontramos expresamente el sentido del proprio límite y a la vez la conciencia del llamamiento: «Tuvo una sensación bastante clara de su propia nulidad, y al mismo tiempo oyó: "Yo estoy con vosotros... hasta el fin del mundo" en la Eucaristía; y que en Jesús-Hostia se podía tener luz, alimento, consuelo y victoria sobre el mal» (AD 16). (regrese al texto)

120 SP mayo 1957; cfr CISP 165. (regrese al texto)

121 No puede olvidarse el tono batallador del ambiente en que vivió el P. Alberione: «[Se hablaba] de las necesidades de la Iglesia, de los nuevos medios del mal, del deber de oponer prensa a prensa, organización a organización...» (AD 14; cfr Doc. Cap. nn. 49-51 comentando aquella situación). (regrese al texto)

122 Respecto a la extensión temporal del AP, el P. Alberione introduce la figura de "María Reina de la historia", que domina el tiempo. En efecto, ella «presidió a la idea creadora de Dios..., en aquel Consejo de la Santísima Trinidad del que salió el decreto de potencia y de amor para la creación; [...] María preside el desarrollo de la ejecución del plan de Dios [desde el paraíso terrestre, luego sosteniendo a Jesús, centro de la historia, y recibiendo el Espíritu Santo]; finalmente, María presidirá la consumación del Consejo de Dios, pues reinará eternamente como Reina» (AP 44-47). (regrese al texto)

123 Este concepto del universalismo está ampliamente presente también en los Doc. Cap. de 1969-1971 (cfr por ejemplo, nn. 59, 71-102, 237) y en las Constituciones-Directorio (cfr artt. 8, 9, 12, 67, 69, 72.1-4, etc.). (regrese al texto)

124 AP 98. Acerca de la superación de la oposición entre "juicio" (o ley del talión) y "vida generosa" (o ley del amor), como expresión de la transcendencia de Dios y superación evangélica de la frontera entre el bien y el mal ("Cristo, el Maestro verdadero, no juzga sino que ofrece salvación"), cfr X. Pikaza, o.c., 284-288. (regrese al texto)

125 HM II, 1, 79. Y Don Alberione explica: «El Señor podía destinaros a muchos oficios; pero pienso que destinándoos al apostolado de la edición, no podía confiaros mejor oficio. Éste [...] os acerca mucho a la misión realizada por Jesús, [...] participáis del ministerio mismo de Jesús». Semejante acercamiento sirve para la progresiva identificación del paulino con Cristo Maestro: «Hagámonos pluma y boca de Dios por Jesucristo, nuestro único Maestro» (SP 16 feb. 1936; cfr CISP 53), como parte del itinerario hacia el "Mihi vívere Christus est". El apostolado constituye, pues, el banco de prueba de nuestra respuesta al Señor y, por tanto, de nuestra realización: «Para los paulinos, el amor al apostolado es un signo positivo [de vocación], y a la vez garantía de perseverancia» (UPS I, 118). (regrese al texto)

126 «Todo brota, como de fuente viva, del Maestro eucarístico. Así nació del Tabernáculo la Familia Paulina, así se alimenta, así obra, así se santifica» (UPS III, 10). (regrese al texto)

127 HM I, 5, 115. El P. Alberione se mueve con gran libertad entre las motivaciones de este amor; pero afirma todavía una vez: «Hay personas que ejercitan más el apostolado de la acción, están absorbidas del todo por el apostolado. Esto es para vosotros no sólo algo bueno, sino deber de estado» (Ib., 118). (regrese al texto)

128 AP 54-56. Para una visión de conjunto sobre los varios elementos de la vida paulina focalizados fuertemente en la misión, cfr R. Perino, Las "Novissima verba" [Últimas palabras] del P. Santiago Alberione sobre la misión de la Familia Paulina, en San Paolo, enero 1982: Texto de tres homilías pronunciadas los días 26, 27 y 28 de noviembre de 1981, con motivo del X Aniversario de la muerte del Fundador. Ed. esp. "San Pablo vivo hoy", Cuadernos paulinos, Santiago de Chile 1996. (regrese al texto)

 

 Jesús Maestro ayer, hoy y siempre   Excursus histórico-carismático

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