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JESÚS, EL MAESTRO AYER, HOY Y SIEMPRE
La espiritualidad del Paulino comunicador

Actas del Seminario internacional sobre "Jesús, el Maestro"
(Ariccia, 14-24 de octubre de 1996)

Documento del Gobierno General
a conclusión del Seminario Internacional
sobre "Jesús, el Maestro"

       

1. CRISTO MAESTRO
EN LA EXPERIENCIA ESPIRITUAL
DEL JOVEN ALBERIONE

"Para mí vivir es Cristo" (Flp 1,21)

1.1. Itinerario de fe del P. Alberione

Un hilo áureo hilvana de principio a fin la existencia terrena del P. Alberione: la íntima relación de fe con Cristo Maestro. La elección del título cristológico "Jesús Maestro Camino, Verdad y Vida" es fruto de un itinerario de fe recorrido por el P. Alberione antes de transformarse en el patrimonio de espiritualidad transmitido a las comunidades de la Familia Paulina, para dar alma a las personas y a los "apostolados".

La crisis afectiva e intelectual del joven Alberione, manifestada en la primavera de 1900, por una parte nos permite comprender algunos aspectos de su psicología de "convertido", por otra pone en evidencia cómo su insaciable curiosidad intelectual le hizo experimentar la desorientación espiritual, común a muchos jóvenes del tiempo. En sus apuntes íntimos, escritos entre 1901 y 1906, podemos rastrear el estado de ánimo de aquellos años "convulsos y fatales". En plena tempestad interior, el joven Alberione buscó e invocó un asidero, una salvación total que lo hurtase a una vida fragmentada e insignificante. De la experiencia de extravío, él salió con una decidida orientación de fe, y con la convicción de haber sido salvado: "La gracia de Dios y María me salvó" (SC n. 93).

La crisis personal de Alberione adolescente remite a una situación problemática mucho más vasta en la sociedad y en la Iglesia a finales de 1800 y comienzos de 1900. Reconstruyendo aquellos años, en 1954 el P. Alberione anotaba: "De 1895 a 1915 hubo muchas desviaciones en materia social, teológica y ascética, capaces de sacudir las bases de cualquier verdad y de la Iglesia; ¡y hasta de intentar destruirla!" (AD 89; cfr 48-56).

En este pulular de novedades en todos los campos, traducido a menudo en conflictos de corrientes opuestas, el P. Alberione logra alcanzar una valoración positiva: "Todo le sirvió de aprendizaje" (AD 90).

La noche del 31 de diciembre de 1900 al 1° de enero de 1901 se convierte en el acontecimiento determinante de su vida personal y de Fundador. "De la Hostia vino una luz especial: mayor comprensión de la invitación de Jesús: Venid a mí todos... (Mt 11,28). Le pareció comprender el corazón del gran Papa [León XIII], las invitaciones de la Iglesia, la verdadera misión del sacerdote. Le pareció claro cuanto decía Toniolo sobre el deber de ser apóstoles de hoy, usando los medios utilizados por los adversarios. Se sintió profundamente obligado a prepararse para hacer algo por el Señor y por los hombres del nuevo siglo, con quienes habría de vivir" (AD 15). La convicción de la "propia nulidad" encuentra la fuerza necesaria en la Eucaristía: "...en Jesús-Hostia se podía tener luz, alimento, consuelo, victoria sobre el mal" (AD 16).

En el punto focal de esta luz, el P. Alberione ve unidos el amor a Dios y el amor a los hombres de su tiempo, a quienes se debe evangelizar con los medios modernos; la elección personal se funde con el deseo de participar a los demás el propio proyecto de misión: "Vagando con la mente en el futuro, le parecía que en el nuevo siglo personas generosas sentirían cuanto él sentía; y que, asociadas en organización, se podría realizar lo que Toniolo tanto repetía: "Uníos; si el enemigo nos encuentra solos, nos vencerá uno por uno"" (AD 17). Esta percepción echa raíces en el joven Alberione y se hace luz orientadora: "Desde entonces estos pensamientos dominaron el estudio, la oración, toda la formación; y la idea, primero muy confusa, se iba aclarando, y con el pasar de los años llegó a concretarse" (AD 21).(Sumario)

1.2. Ayudar en la obra de la salvación

La decisión de "hacer algo por el Señor y por los hombres del nuevo siglo" halla en la encíclica de León XIII Tametsi futura (1º nov. 1900) un programa de espiritualidad y de evangelización. El proprio P. Alberione describe la importancia de tal mensaje: "En los albores del nuevo siglo, León XIII con la encíclica Tametsi futura daba a la cristiandad, más aún, a la humanidad, el rumbo religioso-cristiano a seguir. [Su enseñanza] se colocaba como clave entre dos siglos. [...] El pueblo escuchó conmovido la encíclica saludable para los individuos y para el mundo, llamada ya entonces la encíclica de Cristo Camino, Verdad y Vida. [...] Este espíritu ha entrado en la vida paulina..." (San Paolo, enero 1958). Al siglo que se abría hacia tantos errores, vicios e idolatrías, León XIII le ofrecía la alternativa: sólo en Cristo Camino, Verdad y Vida hay salvación.

La encíclica de León XIII fue estudiada en el seminario de Alba en el contexto de una catequesis más amplia sobre la "devoción" a Cristo: "Desde Navidad de 1900 hasta finales de enero de 1901, el Rector del seminario predicó por primera vez esta devoción". Recordando tal predicación, el P. Alberione describe la sensación espiritual probada por él: "Al final sintió como una revelación. Entendió que esta práctica abrazaba toda la vida, [...] y sintió el deseo de que todos conozcan, practiquen y vivan esta devoción" (PrP 1965; PA I,12).

La guía del canónigo Francesco Chiesa, las experiencias de catequesis en el oratorio de San Secondo en Alba (desde 1905), el cargo de director espiritual en el seminario (desde 1908), el magisterio del Papa, la publicación de Apuntes de teología pastoral y La mujer asociada al celo sacerdotal (libros comenzados en 1911 y publicados entre 1913 y 1915) orientan cada vez más al P. Alberione hacia Cristo Maestro: "Jesucristo es nuestro único verdadero Maestro" (DA 125): parece ser la primera vez que el P. Alberione usa esta definición en los escritos y documentos llegados hasta nosotros. La enseñanza y el ministerio pastoral ponen seguidamente al P. Alberione en contacto con los conflictos, los desórdenes y las opuestas tendencias en la sociedad y en la Iglesia del tiempo: "Acción y oración orientaron hacia un trabajo social cristiano que tiende a sanear gobiernos, escuela, leyes, la familia y las relaciones entre las clases y entre las naciones. Para que Cristo, Camino Verdad y Vida, reine en el mundo" (AD 63). El P. Alberione vive su experiencia de fe y su primer ministerio sacerdotal en el contexto de una lucha entre "las tinieblas" y "la luz", entre el Magisterio de la Iglesia y las ideologías adversas, entre la "cátedra de Cristo" y la "cátedra de Satanás". La meditación sobre Cristo Maestro es luz para su vida espiritual y estímulo eficaz de evangelización.

En el 40 aniversario de fundación de la Familia Paulina, el P. Alberione expresaba su más vivo reconocimiento "a Jesús, Maestro Divino, en su Sacramento de luz y de amor". Efectivamente "en la devoción a Jesús Maestro está todo: dogma, moral, culto; en esta devoción tenemos al Jesucristo integral; por esta devoción el hombre queda totalmente injertado en Jesucristo" (20 agosto 1954). Con motivo de su 80 cumpleaños reafirmaba: "Señor, te doy gracias [...] por haber practicado y predicado, desde 1900, la devoción a Jesús Maestro Camino y Verdad y Vida" (4 abril 1964).

La figura de Cristo "Maestro" le permitió, pues, al P. Alberione superar la crisis de la adolescencia, asumir comprometidamente la propia misión, inspirar su ministerio de director espiritual, de docente y de pastor. (Sumario)

Sigue en la parte 2°

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